Mujeres al mando de la cultura
Mujeres al mando de la cultura

Mujeres al mando de la cultura

Mujeres en la cultura
Entrevistamos a cinco directoras de Museos Nacionales, que llegaron al cargo a través de un concurso público, para hablar de la disparidad de género, el machismo y las dificultades que afrontan
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Desde abril de 2017, varios de los Museos Nacionales comenzaron a ser coordinados por mujeres profesionales, que a través de un concurso público realizado por el Ministerio de Cultura de la Nación, obtuvieron el cargo de directora. Entre ellas se destacan Victoria Salías, en el Museo Nacional de la Historia del Traje, Leonor Acuña, en el INAPL, María Laura Mendoza, en la Casa de Ricardo Rojas, Carolina Carman, en el Museo Roca, y Mariana Marchesi, directora artística del Museo Nacional de Bellas Artes. En el mes que se celebra el Día Internacional de la Mujer, les consultamos por su labor, por la lucha diaria por la igualdad de género y las distintas historias de vida que las traspasan.

Victoria Salías, directora del Museo Nacional de la Historia del Traje

  • Cultura y género

No creo que haya una forma de cultura femenina, creo que hay manifestaciones o temáticas que se vinculan más con lo femenino, independientemente de quien las produzca. Mi trabajo es en equipo, y más allá de los géneros, me gusta inspirarlo, hacerlo partícipe de las decisiones que se toman y que presenten proyectos e ideas. Siendo gente del staff del museo, en su mayoría de varios años, siempre tienen ideas o ven posibilidades que a veces a nosotros, los directivos que estamos con muchas cosas en mente, se nos pasan”.

  • La inspiración

Me inspiran las personas que generan nuevas ideas y nuevas miradas. Tanto hombres como mujeres. Me gusta el que no está conforme y entonces propone situaciones nuevas, miradas nuevas, proyectos diferentes.

  • Sobre el machismo

El machismo y el abuso de poder son dos temas que coinciden bastante en la gestión pública. Hace unos años me perjudicó bastante, pero por suerte supe correrme a tiempo y no dar lugar a esa situación. Creo que fue más abuso de poder que de género, pero a veces es difícil distinguir.

  •  Disparidad de género

Suele haber disparidad de cartel, figuración y oportunidades en algunos rubros de la cultura. Parecería, por ejemplo, que hay más hombres que mujeres artistas exhibidos en las salas de los museos y centros culturales y artísticos de nuestro país. Pero no creo igual en los cupos sino en la genuina valoración de las producciones, en forma equitativa.

Leonor Acuña, directora del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano

  •  Cultura y género

El INAPL está dedicado, en gran medida, al estudio de las culturas de las distintas comunidades / pueblos que integran nuestra sociedad: pueblos indígenas, barrios inmigrantes. Obviamente, en las excavaciones arqueológicas se busca información cultural. El concepto de cultura con que nosotros nos manejamos presupone que las distintas comunidades se relacionan con su medio y con los otros de maneras diferentes. En esos casos es bastante evidente que hombres y mujeres tienen distintos lugares, actividades y roles. Acercarse a otra cultura permite muchas veces aprender mucho de la propia (como dice un antropólogo inglés: es como encontrar la otra mitad de una medalla) y permitirse ciertas conclusiones que dicen que sí dentro de la misma cultura hay formas de cultura femeninas.

  • La inspiración

A lo largo de mi vida laboral admiré a muchas mujeres. Elijo mencionar a dos de ellas: Berta Vidal de Battini (docente y lingüista, que dejó un legado impresionante para la educación y la valoración y conservación de la lengua y la literatura argentinas). Llegó a ser Supervisora técnica en el Ministerio de Educación, jefa de la sección Folklore en FFyL de la UBA con todas las responsabilidades que tienen esos cargos. Ana María Lorandi (antropóloga que abrió las investigaciones en etnohistoria de nuestro país), fue directora del Instituto de Ciencias Antropológicas y también ella asumió todas las responsabilidades que esto implica. Excelentes investigadoras. Personas muy distintas y con ideologías muy diferentes. De ambas aprendí que los cargos están en función de las instituciones, qué son las instituciones y por qué las necesitamos para construir nuestras disciplinas y, por lo tanto, con mucha responsabilidad, a nuestro país. Ambas, como jefas, se instalaron en un lugar en que la ética de la función consistía además de en la honestidad, en la construcción de equipos, la conciencia de que debían escuchar, un cuidado enorme en su rol de evaluadoras para no perseguir a los jóvenes investigadores de los equipos de sus enemigos (y todos sabemos la red de enemistades que nutren nuestros ámbitos de trabajo) y ambas, cuando les tocó separarse del cargo de jefatura, se quedaron en la institución aportando, formando y colaborando desde su rol de viejas sabias de la tribu.

  •  Sobre el machismo

Yo no sufrí machismo ni en el INAPL ni en la FFyL de la UBA. Salvo mi propio machismo interno, con el que debo luchar algunas veces.

  • Disparidad de género

Creo que mujeres y hombres tendemos a gestionar de manera diferente. Se relaciona con el lugar que se le da al otro en la planificación de la tarea. Helena Leet-Pellegrini dice que las expertas femeninas usan su condición como un recurso para incluir al no informado. Lo sintetiza diferenciando entre lo que describe como una actitud masculina que parece ser “¿Gané?”,  mientras que la femenina es “¿Fui lo suficientemente útil?”. Pero como dije antes, nosotros trabajamos mucho en contacto con las comunidades. Gestionamos proyectos en todas las regiones del país. Nuestras intervenciones tienen consecuencias en la vida de la gente como cuando trabajamos en la promoción de artesanías, en la formación de docentes, en propuestas de revalorización de bienes culturales como la lengua. En todos los casos, podemos también producir algún desequilibrio en la comunidad entre hombres y mujeres. Forma parte de nuestra responsabilidad estar atento a eso para que los destinatarios de nuestras acciones puedan tomar sus decisiones en ese intercambio entre especialistas y dueños de la cultura.

María Laura Mendoza, directora de la Casa de Ricardo Rojas

  • Cultura y género

Si nos referimos a las manifestaciones culturales, considero que las obras no tienen género: los artistas pueden crear tantos significados como su imaginación se lo permita, lo mismo sucede en los receptores. Sí podríamos puntualizar ciertos temas que les interesan a las mujeres artistas o también clasificar ciertas formas, o narrativas en el caso de las letras, de lo femenino, pero nunca como definición cerrada o total.

  • La inspiración

En lo personal no me ubicaría como fuente de inspiración, ¡qué rubor! Sí como trabajadora comprometida con el cambio cultural necesario para alcanzar la igualdad de género. Como decía Victoria Ocampo: “Las mujeres no queremos ocupar el puesto de los hombres, sino por entero el nuestro”. Y creo que la libertad se construye desde adentro de uno mismo y una misma hacia fuera. Si tus acciones inspiran a otras, hermoso, sin embargo insisto, me parece más importante concentrarnos en las acciones para cambiar la mirada.

  • Mujeres que inspiran

Me inspiran muchas mujeres, me da vértigo elegir. Son tantas. Las que ampliaron derechos, las que se hartaron de los límites, las pequeñas, e inmensa minoría, que sostienen amorosamente familias y comunidades, las que luchan por romper el techo de cristal. Por su valentía, sus trayectorias; cuando las pienso, solo surge gratitud y emoción. La lista sería larguísima, así que decido compartir dos de mis artistas preferidas, Hannah Wilke, pionera en los años setenta de la aproximación feminista al arte y de la lucha por acabar con la inexistencia de la mujer en el ámbito artístico, y Mónica Millán, artista misionera, otra genia que gobierna el tiempo, lento, amable, irrompible.

  • Sobre el machismo

Me gustaría puntualizar sobre el tema del tiempo. Para la gestión cultural es importante que existan dinámicas de trabajo fluidas, trabajo en equipo, fundamentalmente, y observo que la matriz patriarcal se cuela en muchas situaciones haciendo perder fundamentalmente tiempo. Un ejemplo para ser más clara, el machismo nos hace perder tiempo cuando en reuniones no hay escucha real, no incorporan tus ideas o experiencias y la voz autorizada siempre parece ser la masculina. Otro ejemplo es la desigualdad en la distribución de las tareas de cuidado, el ámbito doméstico. El tiempo mental que te lleva organizarlo todo resta tiempo a nuestra formación y tiempo de trabajo. Esto es central y todavía falta mucho para que cómo sociedad organicemos las responsabilidades de una manera más equitativa.

  • Disparidad de género

Me ha pasado de tener que afrontar con humor propuestas insistentes y chistes dudosos. Lo peor es el pensamiento recurrente: “¿por qué soy graciosa o diplomática cuando debería decir usted es un desubicado?”. También he acompañado a compañeras que transitaron injusticias muy graves y fue muy duro. He trabajado con dolor, con rabia contenida. En situaciones de acoso, es increíble como aflora la falta de solidaridad. Lo normal es no creer lo que sucede y luego se puntualiza todo lo que hizo mal la víctima. Es muy difícil probar las conductas de un acosador, por suerte hay un cambio en marcha. A pesar de los excesos, en lo personal me alegra y lo veo súper necesario.

El ámbito cultural está mucho más habituado a la diversidad y tiene cupos de integración alto, pero igualdad sería afirmar que hombres y mujeres podemos hacer, pensar y sentir lo mismo. Cito al colectivo Alabadas: “La medida del desarrollo profesional es la capacidad y el talento. La remuneración no distingue género. Los seres humanos tenemos oportunidades, sin distinción de ningún tipo”. Estamos lejos de vivir en estas afirmaciones. Muy lejos. Me tomé el trabajo de mirar el organigrama actual del Ministerio: somos muchos más mujeres trabajando que varones, pero los puestos más altos, donde se terminan de tomar las decisiones, están ocupado por hombres 4 a 1.

Carolina Carman, directora del Museo Roca

  • Cultura y género

Creo que si bien el feminismo es un movimiento que se remonta a muchas décadas antes del presente, en los últimos tiempos han surgido diversas manifestaciones culturales, artísticas, literarias, etc., que ponen el foco en la identidad femenina, que abren la discusión acerca de las diversas posibilidades de pensar y sentir lo femenino, en las formas de lucha y resistencia ante la cultura machista. En cualquier caso creo que la cultura no debe circunscribirse a compartimientos de género, ni a valorizar determinadas identidades por sobre otras dentro del género femenino. Y a su vez, entiendo que no debe perder de vista su doble carácter, a la vez singular y universal. En lo personal prefiero pensar al feminismo, en tanto movimiento de transformación política y cultural, como una etapa necesaria en el camino hacia una sociedad con plena igualdad de géneros, como un camino más que como una meta.

  • La inspiración

Creo que la mejor fuente de inspiración es lo que se puede vislumbrar en la dinámica cotidiana del trabajo. La confianza en las ideas que defendemos, la sensibilidad y la creatividad para desarrollar y concretar los proyectos que nos proponemos, la fortaleza y la ductilidad para afrontar las dificultades y la buena comunicación en los equipos. Trato de seguir estas premisas todos los días en mi trabajo.

Aunque pueda admirar a muchas mujeres públicas que se han destacado y se destacan por diversas razones, las que me inspiran realmente son todas las mujeres que trabajan cada día con compromiso y poniendo por encima el bien común por sobre el bien particular, las que luchan contra las formas más diversas del machismo aún si tienen que enfrentarse a las convenciones sociales aceptadas, las trabajadoras y madres que aceptan ambos desafíos con intensidad, las que se animan a ejercer oficios y profesiones que han estado históricamente reservados a los varones. Ellas son para mí el mayor ejemplo.

  • Sobre el machismo

Aunque el progresismo ha logrado positivamente instalar al machismo como algo que debe ser combatido, y hoy somos cada vez más las mujeres que nos animamos a luchar más abiertamente, existe un machismo tácito muy presente, que actúa como una fuerza telúrica impregnada en las capas más profundas de la cultura, del mismo modo que existe un racismo tácito en nuestra cultura. Me refiero por ejemplo a la subestimación, el supuesto derecho al piropo, etc. Esas marcas de la cultura son las que más cuesta transformar. Ejemplos hay muchos y cotidianos en los espacios de trabajo, donde el ser mujeres a menudo cuesta más, y no solamente en las relaciones jerárquicas sino también donde los vínculos son horizontales. Y más aún cuesta a las mujeres trabajadoras que además son pobres, porque el machismo en los lugares de trabajo se cruza también con cuestiones sociales. Me parece que es una lucha que las mujeres debemos dar cada día, desde lo personal y desde lo colectivo, ayudando a concienciar a otras mujeres para seguir luchando por una cultura igualitaria.

Creo que si hay disparidades sociales de género, también los hay en la cultura. La cultura es expresión de nuestra sociedad, sus valores, conflictos e ideales.

Mariana Marchesi, directora artística del Museo Nacional de Bellas Artes

  •  Cultura y género

En realidad, la cultura está marcada por una mirada dominante, que es la masculina. Desde esta perspectiva, la cultura sí tiene género, y este escenario impone y carga con un valor simbólico muy fuerte que, a la vez, se traduce en la reproducción de mecanismos de poder que inciden en lo real. En ese sentido, también puede pensarse que existe una contracara, que deberá adquirir sus propios rasgos. ¿Cómo la imagino? Más colaborativa e inclusiva.

  • La inspiración

En lo personal, siento la obligación de impedir que nuestra voz se silencie, estar atenta a que a mí alrededor no se generen situaciones de inequidad, no permitir que existan mecanismos de exclusión y propiciar espacios de inclusión y participación igualitaria.

Me inspiran todas las mujeres que luchan por revertir situaciones de injusticia, se trate o no se trate de cuestiones de género. Algunas lo hacen de manera abierta y militante, pero hay una gran cantidad de mujeres que lo hacen desde sus contextos cotidianos yendo contra la corriente para intentar salir adelante en situaciones profundamente desiguales. Esa fortaleza merece todo mi respeto y admiración.

  •  Sobre el machismo

No he tenido experiencias directamente traumáticas, pero las prácticas patriarcales están naturalizadas y atraviesan todos los estratos del ámbito laboral. Como mujeres, entonces, es inevitable que nos veamos afectadas por estos mecanismos establecidos y extendidos.

  • Disparidad de género

Definitivamente existe la desigualdad en el campo de la cultura. En el caso de los museos, hay una cuestión que se está abordando en estos días: se trata de la exclusión de las mujeres de los ámbitos del arte. Esto se materializa, por ejemplo, en la absoluta desproporción entre la representación de artistas hombres y de artistas mujeres en las colecciones (que, en algunos casos, no llega ni al 5 %). En relación con este punto, en el Museo Nacional de Bellas Artes se lleva a cabo una acción, entre el 2 y el 18 de marzo (de 18 a 18.30), que consiste en dejar iluminadas solo las obras de artistas mujeres, como un modo de visibilizar esta disparidad, que obedece a un sistema establecido de manera unilateral.