5 mujeres que construyeron la patria
5 mujeres que construyeron la patria

5 mujeres que construyeron la patria

Invisibilizadas por el relato histórico oficial y patriarcal, las mujeres también lucharon por sus ideas y propuestas, bregando por una patria más justa e igualitaria; conocé a algunas de ellas
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Desde 1816 en adelante, todos los 9 de julio celebramos en Argentina el Día de la Independencia. El hito perpetuó distintos nombres, que pasaron a formar parte del panteón histórico nacional como los grandes libertadores de los sueños de la patria. Sin embargo, no son pocos los cuestionamientos que recayeron sobre esta etapa de la construcción del país. No solo por la verdadera intención independentista –librarse de la Corona española, para hacer negocios con Inglaterra y Francia, y depender así de quienes llevarían al nuevo Estado hacia el progreso–, sino también, entre otras cuestiones, por el rol invisibilizado de las mujeres.

Aristocráticas, campesinas, indígenas, artistas, periodistas, entre tantas otras, dejaron una huella imborrable en la historia argentina, con ideas y hechos, pero que de forma deliberada no aparecieron en los relatos de la historiografía oficial. Más tarde que temprano, sabemos que estas mujeres fueron un pilar en la configuración de la Argentina naciente, no detrás de los grandes hombres de la época, sino como protagonistas con propia voz.

 

Aquellas mujeres participaron en el día a día de la construcción histórica del país; muchas, desde el lugar privado al que estaban relegadas: el doméstico. Llevaban adelante, con los pocos recursos que contaban, en un contexto que la región atravesaba guerras continuas, las tareas del hogar y el cuidado de los hijos. En muchos casos, fueron las madres de los futuros dirigentes de la nación. Otras lograron ocupar un espacio en el ámbito público, aquel que solo estaba reservado para los hombres. María Guadalupe Cuenca, Encarnación Ezcurra, Rosa Guerra, Mariquita Sánchez, Remedios de Escalada, Petrona Rosende de Sierra, entre muchas otras, dejaron diferentes documentos, cartas y otros textos que hoy proponen una perspectiva distinta de la historiografía oficial.

Con el tiempo, el abordaje de estos documentos echaron por tierra los prejuicios contra ellas. Eran mujeres que pensaban y reflexionaba sobre el presente y futuro de su tierra, de la historia, de la política y el poder. Fueron ellas precisamente quienes apoyaron y lucharon por la educación femenina, su representación y visibilización en la agenda de la época.

Petrona Rosende de Sierra

Uruguaya nacionalizada argentina, Petrona Rosende de Sierra se convirtió en la primera mujer de esta región en crear un diario para difundir las cuestiones que les tocaban de cerca a toda la comunidad femenina (Así era la primera publicación feminista de la Argentina). Se llamaba La Aljaba, y su lema rezaba: “Nos libraremos de la injusticia de los demás hombres, solamente cuando no existamos entre ellos”.

El nombre, en alusión al estuche en el que las guerreras guardaban las flechas, se publicó desde 12 de noviembre de 1830 hasta el 14 de enero de 1831, durante el primer gobierno de Juan Manuel de Rosas. El periódico de cuatro hojas, se publicaba los martes y jueves y sus entregas eran por suscripción, para garantizar el dinero necesario para su impresión. Petrona llamaba a sus lectoras “porción hermosa de la sociedad”, aunque en sus editoriales también interpelaba a los hombres, que la ayudaban a sostener económicamente el proyecto. “Es preciso que ellos persuadan a las señoras que deben presentarse a proteger un periódico que por primera vez se les ha dedicado”.

Apenas publicaron 18 ejemplares. Sin embargo, fue el comienzo para difundir las ideas propuestas por aquellas mujeres que supieron evitar el silencio y conseguir un lugar por derecho propio. Por su trabajo y dedicación, Rosende de Sierra fue considerada la primera periodista argentina. Terminó sus días al mando de una escuela para señoritas.

"El hombre civilizado (...) no se cree él solo capaz de progresar en las ciencias, o en las artes; no duda del talento de las mujeres, sabe que ese talento asociado al continuo estudio hace los mismos efectos, y tiene los mismos resultados, porque no hay superioridad en uno ni inferioridad en otro, como creen los que se oponen a la instrucción del sexo". (La Aljaba, 1830).

María Guadalupe Cuenca

La esposa de Mariano Moreno, María Guadalupe Cuenca, fue otro ejemplo de mujer con una clara posición y preocupación política. Así lo demuestran sus cartas, las mismas que continuó escribiendo y enviando a su marido, aún cuando Mariano Moreno había fallecido en alta mar, sin que ella lo supiera, camino a Gran Bretaña el 3 de marzo de 1811. Sin saber que era viuda, María Guadalupe quiso mantener informado al difunto sobre los acontecimiento políticos.

(María Guadalupe Cuenca)

Esto escribía: Todos los días nos asustan con Elio (el virrey Francisco Javier de Elio), dicen que viene a bombear; en la otra banda se han levantado contra los de Montevideo, salió ahora días José Moldes con seiscientos hombres a la otra banda, Vieytes ha salido a comisión no se sabe dónde. Bustamante estuvo a verme y todos tus amigos a ofrecérseme. (...) Dios te dé muchos años de vida y salud para el consuelo, amparo y bien de esta, tu desconsolada esposa”.

Encarnación Ezcurra

Una de las mujeres que también escribió sobre la situación política de forma epistolar fue Encarnación Ezcurra, la esposa de Juan Manuel de Rosas. Tras dejar su cargo de Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, a fin de 1832 –el cual volvería a ocupar en 1835–, Rosas comenzó a ejercer tareas militares en relación con el territorio provincial y la población indígena. Se trató de una campaña para aprovechar la expansión de la agricultura y ganadería, la principal fuente económica del país.

En aquellos dos años, antes de volver a la Gobernación, Rosas se había alejado de la ciudad, pero con la intención de renovar su poder. Por supuesto, la grieta no se haría esperar: los apostólicos lo apoyaría sin dudar, pero no así los cismáticos, los Federales no rosistas. Sin embargo, en la ciudad, Ezcurra fue sus ojos. Tuvo una gran influencia y participación en la “Revolución de los Restauradores”, de 1833 –con la idea de derrocar al gobernador de turno, Juan Ramón Balcarce–, y la llegada de su marido por segunda vez al poder.

(Encarnación Ezcurra)

Estamos en campañas para las Elecciones, no me parece que las hemos de perder, pues en caso que por debilidad de los nuestros en alguna parroquia se empiece a perder, se armará bochinche y se los llevará el diablo a los cismáticos. (...) Las masas están cada día más bien dispuestas, y lo estarían mejor si tu círculo no fuera tan cagado pues hay quien tiene más miedo que vergüenza, pero yo les hago frente a todos y lo mismo me peleo con los cismáticos que con los apostólicos débiles, pues los que me gustan son los de hacha y chusa”, le narraba Encarnación a Rosas, el 14 de septiembre de 1833.

Mariquita Sánchez

Alguien que conocía muy bien a Juan Manuel de Rosas era también Mariquita Sánchez. Ambos forjaron una relación cercana desde niños, por medio de conocidos y amigos en común, pero Sánchez también profundizó otra con los representantes de la Generación del 37, el movimiento intelectual que fundó el Salón Literario en Buenos Aires, al que adhirieron distintas personalidades como Domingo F. Sarmiento, Esteban Echeverría, Bartolomé Mitre, Vicente F. López, José Mármol y Miguel Cané, entre otros. Todos ellos opositores a Rosas. Muchos, queriendo evitar la persecución, emigraron a Montevideo, Chile o Bolivia, mientras que otros se alojaron en distintos lugares alejados del puerto, como Echeverría en Los Talas. Mariquita Sánchez, quien llevaba a cabo las tertulias de aquel Salón en su casa, se estableció en la capital uruguaya en 1837.

Muchos historiadores todavía no dan respuesta certera del porqué de su exilio. Desde allí, y como testigo de la invasión que llevaría adelante el general Juan Lavalle hacia Buenos Aires, Mariquita Sánchez escribió un diario dirigido al autor de El matadero, con lo que ella consideraba lo más relevante de los acontecimientos, y distintas reflexiones sobre la revolución y la ilusión de un mundo mejor.


(Mariquita Sánchez)

Así se expresaba: “Mi corazón, mi pensamiento están en mi patria, desgraciada, oprimida. ¡Quién sabe a estas horas cuántas víctimas habrá! (...) Mis hijos tienen que empezar a conquistar de nuevo la libertad después de veintinueve años. A esta hora se decidía la suerte de un nuevo mundo por unos pocos hombres arrojados que se lanzaban a un océano de peligros y dificultades. No desconocían, como se piensa por algunos, la grande obra que emprendía. El más intrépido conocía que era temerario el proyecto, pero lo adoptaron, lo emprendieron y no dieron vuelta la cara. Es preciso seguir su ejemplo”.

Además de su compromiso con la patria naciente y pensamiento crítico, Mariquita será también recordada por ser la anfitriona y la pianista de la primera vez que sonó el actual Himno Nacional Argentino. Aquella Marcha Patriótica, como se la llamaba en ese entonces, se eschuchó por primera vez en su casa, el 14 de mayo de 1813.

Rosa Guerra

Otra de las mujeres que tomó la pluma como recurso para alzar la voz fue Rosa Guerra. Escritora y periodista, fue la primera dramaturga publicada, con su obra “Clemencia”. Fiel a sus convicciones feministas y lucha por los derechos de la mujer, no dudó en escribir una novela que desafiaba todos los estándares de la época: Lucía Miranda, editada en 1860, que cuenta la historia de amor entre una dama española y un cacique indígena. Nunca contrajo matrimonio y murió a los 34 años.

Antes de eso profesó la enseñanza y dirigió el colegio privado que regenteaba Ana Bevans, en el barrio de Belgrano. Su militancia también se hizo pública con la impresión de su propio periódico: La Camelia, nacido el 11 de abril de 1852, hasta el 20 de junio del mismo año, con la salida de 31 números. Fue un bisemanario, publicado por la imprenta Republicana luego de la caída de Juan Manuel de Rosas. Además de sus escritos, contaba con la colaboración anónima de varias mujeres, bajo el eslogan “Libertad! No licencia; igualdad entre ambos sexos”. Sus propuestas bregaban por la igualdad social y emancipación femenina, con un tono discursivo combativo, destinado a resistir las doctrinas de secularización social vigentes.

(Rosa Guerra)

Libertad para nuestro sexo, libertad únicamente limitada por la razón por la equidad. Los hombres pretenden enajenar para sí solos la libertad; es decir, quieren ser exclusivamente libres y empiezan por no saber ser justos” (La Camelia, 1852).

María Remedios del Valle

"La madre de la patria", así la llamaron a María Remedios del Valle, una argentina de origen africano que nació en 1766 en la capital del Virreinato del Río de la Plata. Ella no fue ama de casa, ni periodista, ni esposa de un político. Su vocación de servicio la llevó a realizar trabajos de enfermería para auxiliar a quienes defendieron la ciudad porteña durante la segunda invasión inglesa, en 1807. Sin embargo, su espíritu patriótico la hizo ir más allá, incluso, para tomar las armas. Así lo hizo. Estuvo enlistada en distintas batallas como la de Tucumán, Salta y Ayohúma. Su marido y dos hijos no sobrevivieron a las guerras, mientras que ella continuó atendiendo a los heridos y arriesgando la vida por su tierra.

Fue Manuel Belgrano quien, deslumbrado por su compromiso, disciplina y lealtad, la nombró capitana de su ejército. Entre sus hazañas, se destacó por su gran fortaleza. Se sabe que fue herida de bala, hecha prisionera por los españoles y sometida como escarmiento a nueve días de azotes públicos que le dejaron cicatrices para el resto de su vida. Pero pudo escapar e incorporarse a las fuerzas de Güemes y Juan Antonio Álvarez de Arenales, para otra vez cumplir una doble función, la de combatiente y enfermera. Cuando cumplió 60 años, ya terminada la guerra, María Remedios del Valle volvió a Buenos Aires para convertirse en mendiga. Y así murió nuestra madre de la patria, vendiendo pasteles, tortas fritas y recogiendo sobras en los conventos.

Pero su suerte cambiaría de nuevo, a mediados de la década de 1820, cuando el general Juan José Viamonte la reconoció pidiendo limosna en las calles de la Ciudad de Buenos Aires, ya hundida en una extrema pobreza. Una vez elegido diputado, solicitó ante la Sala de Representantes que se le otorgase una pensión por los servicios prestados a la patria. Así se le reconoció un sueldo correspondiente al grado de Capitán de Infantería, de 30 pesos, que se le abonaría recién el 15 de marzo de 1827, tras 7 años de insistencia legislativa.

Sin embargo, pasaron casi doscientos años hasta que en octubre de 2010, durante la sesión de homenaje al Bicentenario, las diputadas Paula Merchan y Victoria Donda presentaron un proyecto en el Congreso Nacional para levantar un monumento en su honor.


(Lee más sobre María Remedios del Valle en esta nota: Por qué el 8 de noviembre es el Día Nacional de los afroargentinos).
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Todavía hay muchos textos y testimonios por descubrir, a través de los cuales se podrá conocer no solo la historia de las mujeres y su participación en la construcción de la Argentina, sino también la de toda una sociedad que aún continúa luchando por la ampliación de derechos, la inclusión y la igualdad.