Cómo era la escuela que funcionaba en el Cabildo
Cómo era la escuela que funcionaba en el Cabildo

Cómo era la escuela que funcionaba en el Cabildo

Museos
En su edificio -que hoy es estudiado y dibujado por estudiantes de todo el país- funcionó una de las primeras escuelas de la ciudad de Buenos Aires

Además de haber sido escenario de la Revolución de Mayo, cárcel, palacio de tribunales, ayuntamiento, en el Cabildo también funcionó una de las primeras escuelas de la ciudad de Buenos Aires.

Claro que la idea de qué era una escuela en 1800 es muy distinta a la de hoy. “En realidad, era un maestro que estaba en un aula, que ni siquiera sabemos si estaba bien formado ni cuánto tiempo trabajaba, pero que enseñaba las habilidades básicas como leer, escribir y contar”, comenta Pablo Pineau, Director del Departamento de Ciencias de la Educación de la Universidad de Buenos Aires.

Las escuelas no contaban con un edificio propio sino que funcionaban en la oficina de alguna iglesia, en una casa particular, en algún rincón de un organismo público, y duraba el tiempo en que uno aprendiera esas tres habilidades básicas. Para fines del siglo XIX, los chicos comienzan a aprender ciencia, geometría, educación física, música e historia y eso marcó -señala Pineau- el gran pasaje al siglo XIX, que fue la creación del sistema educativo.

La escuela y la idea de Patria

Si bien no hubo más escuelas en su edificio, el Cabildo se convirtió en un contenido escolar. En 1889, se comenzó a celebrar la “semana de mayo" y los alumnos de todo el país comenzaron a aprender temas vinculados a la revolución.

Para 1910, y en consonancia con lo que estaba pasando en el resto del mundo, apareció la idea de formar un sentimiento patriótico. “En las leyes fundantes del siglo XIX, la palabra 'patria' no existía”, explica Pineau.

Cuando José María Ramos Mejía, fascinado por la técnica, llegó a la presidencia del Consejo Nacional de Educación 1883, creó una oficina de reproducciones y envió a las escuelas una gran cantidad de impresiones con imágenes del Cabildo, basadas en los cuadros que el arte oficial había elaborado.

 

Los mitos y las nuevas narraciones

El 25 de mayo de 1810, no había nadie pintando lo que estaba ocurriendo, por lo que la plaza llena paraguas, los hombres con galera, el Cabildo de color amarillo y French y Beruti repartiendo escarapelas son representaciones se hicieron casi cien años después de la Revolución.

Las investigaciones históricas demuestran que en Buenos Aires no existían los paraguas para la lluvia, y menos de colores. Para Pablo Pineau, los paraguas operan como un código que establece el pintor con lo que vemos. “Estaba lloviendo pero si pinto la lluvia no te puedo mostrar lo que estaba pasando. Sucede que uno a veces mira los cuadros buscando un grado de realismo desde una mirada muy actual”.

Con el paso del tiempo, cada teoría pedagógica y cada momento histórico se fue apropiando de la imagen del Cabildo y produciendo así cambios lentos y complejos en sus narraciones. Hay un significativo pasaje en la enseñanza de la historia que muestra cómo de un 25 de Mayo pensado como un hecho político, y llevado a cabo por elite de hombres blancos y cultos, se pasó a pensar un 25 de Mayo protagonizado también por grupos sociales como comerciantes, vendedores ambulantes, niños y mujeres. Eso mismo se ve representado en las diferentes imágenes que la escuela utilizó para enseñar la Revolución de Mayo.

En la muestra temporaria “Imaginando el 25 de Mayo. La construcción de un mito” se puede encontrar imágenes difundidas durante la década del '60, en donde se muestran a French y Beruti repartiendo escarapelas vestidos de militares, cuando ellos en realidad no lo eran. Sin embargo, en el contexto histórico donde fueron producidas se asociaba la idea de que la historia la hacían los militares, por lo tanto, para la escuela pensar en hombres importantes era pensar en ellos.

“En esa época los estudiantes sabían de memoria los nombres de los integrantes de la Primera Junta, hoy ya no. No porque se aprenda menos, sino porque se pasó de aprender una historia protagonizada por próceres a una historia protagonizada por grupos sociales” señala Pineau.