Las Abuelas de Plaza de Mayo y su revolución en la ciencia
Las Abuelas de Plaza de Mayo y su revolución en la ciencia

Las Abuelas de Plaza de Mayo y su revolución en la ciencia

Innovación
La presidenta del Banco Nacional de Datos Genéticos, la biolóloga Mariana Herrera, cuenta sobre el aporte fundamental de Las Abuelas en el mundo de la ciencia, y explica cómo el cruce entre lo biológico y lo social es imprescindible para entender de qué se trata la identidad
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Día Nacional del Derecho a la Identidad
El 22 de octubre se conmemora la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo. La nieta recuperada y psicóloga Tatiana Ruarte Britos y la bióloga Mariana Herrera, directora del Banco Nacional de Datos Genéticos cuentan qué es la identidad, cómo se construye y su relación con la verdad y la justicia

Mariana Herrera es biolóloga y encabeza el grupo de más de cuarenta personas que forman parte del Banco Nacional de Datos Genéticos. Ellos se encargan, entre otras cosas, de comparar y confirmar genéticamente si ese abrazo tan postergado entre una abuela y un nieto será posible.

"La identidad no son solo los genes y la sangre tampoco es agua", dice uno de los nietos recuperados de la dictadura civico militar que se llevó a cabo en Argentina. En ese sentido, el cruce entre lo biológico y lo social es imprescindible para entender de qué se trata la identidad. "Desde la biología -explica la especialista Mariana Herrera- se entiende que no somos genética pura sino que el resultado de una interacción entre la expresión de nuestros genes sumado al medio ambiente, y eso se puede ver reflejado en características como el color de ojos o el desarrollo corporal de un individuo hasta la inteligencia emocional de cada uno". Y agrega:

“La identidad de una persona se construye desde lo que recibimos de nuestros padres más toda nuestra actividad social: el colegio donde fuimos, nuestra alimentación, nuestra militancia, si nos trataron con cariño o maltrato y es algo que permanentemente se va recreando en la vida de una persona. Cuando alguien recupera su identidad, recupera sus vínculos, recupera una parte de sí mismo que le fue negada. A un niño apropiado se le robó su historia, sus afectos y eso es lo que se recupera”.


(Foto: Secretaría de Ciencia y Tecnología -Lucas Vallorani).

La entrevista

-¿Cuántas consultas recibe el Banco por año?

-Alrededor 80 y 100 jóvenes se acercan por mes al Banco, o sea, se reciben entre 1000 y 1200 consultas por año. La identificación es una aguja en un pajar. Estamos más acostumbrados a los resultados negativos que a los positivos. Es una tarea un poco desmoralizante pero un positivo vale por todo lo anterior. Sin embargo, un resultado positivo es un momento de mucha emoción porque redimensiona nuestra tarea, nuestro compromiso.

"Cada nieto restituido nos hace dar cuenta de que esto no es un herida del pasado, que hay algo que no podemos ocultar y que tenemos que recuperar en el armando de nuestra propia identidad como sociedad. La ciencia aplicada a una reparación contribuye a conocer qué pasó con esa persona desaparecida, que las familias puedan hacer su duelo o abrazarse con ese nieto, y devuelve a la ciencia a su rol social".

-¿Cuál es el rol de un científico?

-El científico se tiene que cuestionar cuál es su rol en la construcción de un país, cuáles son sus aportes a la sociedad. A veces en la vorágine se pierden estos horizontes por cómo se evalúa a los investigadores en función de su producción o por cuántos papers publican por año, pero nuestro rol es redimensionar a la ciencia y ponerla al servicio de la justicia y de la sociedad.


(Foto: Secretaría de Ciencia y Tecnología -Lucas Vallorani).

-Desde los primeros "estudios de abuelidad" hasta hoy, ¿cuáles fueron los avances en el campo de la genética más importantes?

-En el año 1984 se hizo el primer análisis de abuelidad, algo que inventaron ellas, no existía estadística forense para ese tipo de análisis porque nadie se había cuestionado demostrar una relación abuelo-nieto. Las Abuelas empezaron a pensar genética forense aplicada a la búsqueda de sus nietos. Crearon un índice de abuelidad, en ese momento se utilizaron unos marcadores genéticos para detectar las proteínas de la sangre, se analizaba la sangre no los genes, ni se hablaba de ADN hasta entonces. En 1987 hubo un vuelco importante. Las Abuelas plantearon 'armemos una base de datos genéticos'. Eso no estaba planteado en ninguna parte del mundo y ellas la inventaron.

"Las Abuelas son revolucionarias a nivel científico porque se pudieron hacer la pregunta correcta y encontraron a los científicos indicados para que les respondan ¿podemos con nuestra sangre identificar a nuestros nietos?"


(Foto: El último nieto recuperado, Javier Matías Darroux Mijalchuk junto a su tío Ricardo Mijalchuk).

La piedra filosofal de la genética forense

El Banco Nacional de Datos Genéticos fue el primer banco de datos genéticos que se creó en el mundo. Hasta ese momento no había discusión sobre la relación entre la ciencia y los derechos humanos, y en esta materia la experiencia que generaron las Abuelas se puede tomar como la piedra filosofal de la genérica forense.

“Hoy, después de 30 años, el avance a nivel tecnológico es abismal. Las bases de ADN existen, se resuelven crímenes, se identifican personas desaparecidas hasta incluso se puede hacer un perfil genético de una momia de miles de años. Pero la creación de ese universo de la genética forense está directamente ligada a Abuelas”, comenta Mariana Herrera.

Para la bióloga, el aporte del Banco vinculado a las restituciones es ilimitado, y asegura que “el día de mañana el Banco va a tener un rol importante en la identificación de personas desaparecidas que no tengan que ver con dictadura cívico-militar. Hoy hay 6000 personas desaparecidas, en su mayoría por trata de mujeres o robo de bebés que están siendo buscadas y el Banco, con toda su experiencia acumulada, puede aportar su mirada y tener un rol activo”.