Cómo será la ciudad del mañana y qué rol jugará la tecnología en su diseño
Cómo será la ciudad del mañana y qué rol jugará la tecnología en su diseño

Cómo será la ciudad del mañana y qué rol jugará la tecnología en su diseño

Innovación
Los arquitectos Carlo Ratti, uno de los oradores de IDEAS, y Emiliano Espasandín dan algunas claves sobre hacia dónde está yendo el urbanismo en el siglo XXI

¿Cuánto podemos conocer de una cultura determinada a partir de sus espacios públicos? ¿Cómo serán las ciudades del futuro? ¿Cuáles son las claves para su diseño? ¿En qué consiste una “ciudad inteligente”? ¿Cuál es el aporte de la tecnología en su diseño? ¿Cuáles son los principales retos que enfrentan hoy las grandes urbes?

Carlo Ratti es un arquitecto e ingeniero italiano. Es el fundador de la agencia de diseño Carlo Ratti Associati, y se desempeña como Director del Senseable City Lab del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, Estados Unidos), donde explora cómo las nuevas tecnologías cambian la forma en que entendemos, diseñamos y vivimos en las ciudades. Su trabajo es exhibido en lugares como la Bienal de Venecia, el Museo de la Ciencia en Londres y el MoMA. Fue también uno de los oradores que participó de IDEAS, el encuentro organizado por el Ministerio de Cultura de la Nación en el que 13 invitados internacionales dieron charlas magistrales y participaron de diálogos con intelectuales, periodistas y jóvenes argentinos de todas las provincias.

Emiliano Espasandín es arquitecto y urbanista argentino. Es director y fundador de PALO Arquitectura, estudio de arquitectura, diseño y planeamiento urbano.

Trabajan en distintas ciudades, pero los motiva e impulsa un interés común: el diseño de ciudades. Reconocidos en su campo, y referentes a la hora de evaluar los cambios que viven los grandes conglomerados, nos cuentan cómo vislumbran las urbes del mañana y cuál es el rol de la tecnología en su construcción.

Ciudades inteligentes

Doctor en Arquitectura por la Universidad de Cambridge, Reino Unido, Carlo Ratti prefiere hablar de ciudades “sensitivas” que de ciudades “inteligentes”. La diferencia es conceptual, y alude a considerar el lado más humano de las cosas en lugar de limitar el universo de las cosas a su aspecto tecnológico. ¿Cuál es el aporte de la tecnología en la construcción de ciudades inteligentes o sensitivas? “Las ciudades están volviéndose rápidamente no sólo motores de innovación, sino también terrenos de ensayo para las nuevas tecnologías”, explica Ratti. Para él, la tecnología “es el telón de fondo de nuestra vida y de las ciudades que habitamos”.

Emiliano Espasandín coincide con Ratti sobre el rol fundamental de la tecnología en el planeamiento de las ciudades. De ahí que considere que “información en tiempo real y tecnología móvil van a ser piezas indispensables para mejorar los sistemas que existen en la ciudad”. Pero, ¿qué debe tener una ciudad inteligente? ¿Cómo se mide su inteligencia? “Una ciudad inteligente es una ciudad donde el espacio público es protagonista y es de calidad, donde el significado de la calle se reformula y pasa a ser un lugar no sólo de paso y circulación sino de uso y estadía”, sostiene Espasandín.

Con respecto a qué debe tener y cómo deber ser una smart o senseable city, Ratti es rotundo: “¡Ciudadanos inteligentes!”. La idea de ciudad inteligente “es simplemente la manifestación de una tendencia tecnológica más amplia: Internet está penetrando en los espacios en los que vivimos, y se está transformando en lo que se denomina Internet de las Cosas (IoT, por sus siglas en inglés)”. Nuestras ciudades, agrega, “están siendo inundadas de sensores y redes digitales. Las aplicaciones son diversas: de energía a gestión de residuos, de movilidad a distribución de agua, de planeamiento urbanístico a compromiso ciudadano”. ¿Qué se debe tener en cuenta a la hora de diseñar una ciudad inteligente? ¿Qué aspectos habría que tener en cuenta? Claro y conciso, Ratti asegura que “la participación es clave; debemos involucrar a los ciudadanos en las discusiones sobre hacer que una ciudad inteligente sea posible”.

¿Cómo será la ciudad del mañana? Emiliano Espasandín imagina “ciudades envueltas en procesos urbanos complejos con grandes movimientos demográficos, asimilando el cambio del paradigma global que muta de lo rural a lo urbano”. ¿La clave? Espasandín pone el acento en la importancia de que una política urbanística se piense desde el aspecto social. “El diseño debe ser el resultado de la combinación de una política urbana que desarrolle oportunidades para todos los estratos sociales, poniendo el foco en el espacio público”, considera.

En este punto, Ratti propone separar el lado visible del lado invisible que subyace a cualquier ciudad. Y lo explica: “Si limitamos nuestra imaginación a la mirada externa, desde un punto de vista arquitectónico, creo que la ciudad del mañana no será muy diferente de la ciudad actual, del mismo modo que la “urbs” romana no era tan diferente de la ciudad que conocemos hoy. Siempre necesitaremos pisos horizontales para vivir, paredes verticales para separar espacios y recintos exteriores para protegernos del exterior”. Ahora, “si vamos más allá del aspecto, lo que sí cambiará dramáticamente será nuestro modo de vivir y experimentar la ciudad es la convergencia del mundo digital y físico. Las tecnologías digitales tendrán un impacto sobre la experiencia de la ciudad, más que sobre su forma física - el modo que nos movemos, nos comunicamos, o las tiendas serán radicalmente diferente de cómo son hoy”, puntualiza.

Las grandes urbes y los retos a futuro

Para Carlo Ratti señalar una única problemática es tarea difícil. Sin embargo, sostiene que “si reducimos nuestro foco al papel de tecnología en nuestra sociedad, una cuestión primordial tiene que ver con el acceso a datos”. Este punto, en su análisis, se vincula con la necesidad de hacer de las ciudades espacios inclusivos y democráticos: “Debemos hacer que los datos estén cada vez más disponibles para la ciudadanía. Vivimos en una asimetría en la que solamente unas pocas empresas e instituciones públicas saben mucho sobre nosotros, mientras que nosotros sabemos tan poco sobre ellos”. El arquitecto italiano sugiere, entonces, “contar con un 'contrato de datos' más transparente y flexible, uno que conecte a individuos, compañías y gobiernos en torno a un conjunto de principios compartidos”.

Ratti se apoya en una fórmula simple para explicar una realidad compleja. Cuatro números, cuatro cifras: 50.2.80.75. ¿En qué consiste esta cifra? Se trata de “cuatro cifras que sintetizan los retos y problemáticas a los que se enfrentan las urbes en los próximos años. Actualmente, la mitad de la población mundial vive en ciudades. Espacios que representan apenas un 2% de la superficie total del planeta pero que generan el 80% de los residuos y consumen el 75% de la energía”, sintetiza Ratti.

En sintonía con Ratti, Espasandín también habla de densidad poblacional a la hora de señalar las principales dificultades de las ciudades. “El desafío de las grandes urbes pasa por absorber de manera sostenible el crecimiento exponencial de la población. Entendiendo el desarrollo sostenible abarcado desde distintos ámbitos: desde la inclusión social, desde la gestión del medio ambiente y la economía urbana”, subraya.

¿Alguna ciudad que se acerque a su modelo de ciudad? Espasandín piensa en Buenos Aires. Ratti, por su parte, cuenta que hay diferentes ciudades que están explorando dimensiones diferentes. ¿Por ejemplo? “Singapur está llevando adelante pruebas apasionantes con la futura movilidad, Copenhague con la sostenibilidad, Boston con la participación ciudadana”, enumera.

¿Puede decirse que las ciudades son espejo de sus sociedades? Espasandín sostiene que “los procesos a los que se enfrenta la ciudad muchas veces tienen que ver con procesos que tarde o temprano enfrenta la sociedad: el crecimiento, el patrimonio, la necesidad de adaptación, la resiliencia”. Ratti recuerda una frase de Winston Churchill: “Nosotros damos forma a nuestros edificios y después nuestros edificios nos dan forma a nosotros”. ¿Qué podemos imaginar a futuro? “Una arquitectura que se adapte a las necesidades humanas, y no al revés: un espacio vivo y adaptable, moldeado según las necesidades, naturaleza y deseos de sus habitantes”, concluye.