Cómo se restaura una prenda en el Museo Nacional de la Historia del Traje
Cómo se restaura una prenda en el Museo Nacional de la Historia del Traje

Cómo se restaura una prenda en el Museo Nacional de la Historia del Traje

Diseño
La especialista Cristina Quiroga Pellet narra el proceso que realiza para conservar piezas textiles y para contar las historias que se esconden entre costuras

Cristina Quiroga Pellet es restauradora de prendas. Tiene una amplia formación en diseño de indumentaria, pero, entre risas, se define como “una arquitecta frustrada” debido a su amor por la estructura de las piezas que interviene a diario en el Museo Nacional de la Historia del Traje. Mezcla de médica y arquitecta, trabaja para que las prendas que forman parte del acervo del Museo sigan contando su historia por muchos años más.

Antes de llegar a su taller, las piezas pasan por una “cuarentena”: se las mantiene en un lugar apartado, se las aspira para eliminar restos de polvo y se comprueba que no tengan hongos o insectos que puedan afectarles. Luego de eso, llegan a la mesa de trabajo y la restauradora pone, literalmente, manos a la obra.  

  1. “Empiezo a interpelar a la prenda y ella me interpela a mi”
    La primera tarea de la especialista es armar un dossier de investigación sobre la pieza. En ese pequeño informe establece la época a la que pertenece la prenda, agrega referencias de moda, anota datos sobre el posible usuario de la prenda. Comienza a reconstruir la historia de la prenda. Para eso se sirve de los recursos del Museo: libros, revistas y moldería y, además, consulta con las investigadoras de textiles que forman parte del equipo de la institución.

    ]Cristina Quiroga Pellet cose a mano una pieza

  2. “Comienzo a desandar el camino de la prenda”
    Otro de los momentos del proceso de restauración es el análisis de la construcción de las prendas. Para comenzar, la restauradora da vuelta la prenda, analiza cómo fue hecha. “Para mí, es sumamente importante la construcción de la prenda, que es más que un textil, es un textil volumétrico, o sea que se ha generado en el espacio con una forma particular de ser construido”, cuenta. Siempre se remite a la etapa constructiva de la pieza. Desanda el camino. “Todo ese proceso es el más rico. Empiezo a entender la construcción, no es que me voy a detener en el desgarro de la tela, sino que voy a entender por qué se produjo ese desgarro. La propia prenda te enseña cómo tenés que tratarla”, explica.
    Observa, por ejemplo, si las prendas tienen piquetes -pequeños cortes que se hacen al ensamblar las partes de la pieza- o cómo están cosidas (si a mano o a máquina). “Hasta la puntada te dice cosas sobre la prenda”, revela.



  3. “Los errores de construcción son muy interesantes”
    En el proceso de conservación de la prenda la especialista replica el molde original de la prenda para seguir comprendiendo su devenir. “Construirlo en la tercera dimensión en papel o en lienzo es muy importante porque ahí entiendo donde están las tensiones que a veces están provocando daños en la prenda”, explica. Así, calca cada detalle de la prenda, cada y luego los ensambla emulando al original. En ese proceso “entiende” a la prenda,  incluso a partir de sus errores de construcción, que también replica: “Los errores son muy interesantes, hay que respetarlos”.



  4. “Hay que ser fiel con la prenda”
    A la hora de intervenir las prendas, la restauradora respeta, ante todo, las historias que la propia prenda le contó. Al coserlas, por ejemplo, trabaja con filamentos de tela de seda de las épocas a la que pertenecieron las prendas. De manera tal que la puntada que realiza se distinga perfectamente de la original. En otros casos realiza “cápsulas” textiles para preservar algunos fragmentos de la pieza. “La idea es intervenir lo menos posible. Hay cosas que son propias de la prenda y yo no las puedo desandar porque son parte de su historia. No porque se vea estético, voy a deshacer eso. La prenda tiene que seguir hablando desde su historia”, concluye.