Cinco datos sobre la industria de los videojuegos en Argentina

29 de septiembre de 2016 Innovación

Actores gubernamentales y del sector privado se encontraron para trabajar juntos en distintas políticas públicas para fortalecer el sector

Por primera vez, representantes de la industria de los videojuegos -desde empresas grandes hasta unipersonales, pasando por pymes- se encontraron con miembros del Ministerio de Producción, convocados por el Ministerio de Cultura de la Nación, a través de la Dirección Nacional de Industrias Creativas, para hacer una puesta en común de necesidades y objetivos del sector y pensar, en conjunto, políticas públicas. El objetivo de fondo del encuentro -que tuvo lugar en el Distrito Audiovisual de la Ciudad de Buenos Aires- es la institucionalización del sector: delinear un plan de acción para que esta industria -todavía joven en Argentina- alcance su potencial. Estos son algunos de los datos que se desprenden del estado de situación de los videojuegos en el país:

1. Los videojuegos son una industria creativa.

El Ministerio de Cultura de la Nación los incorporó y reconoció como tal en 2011, a la par de la creación del Mercado de Industrias Creativas de Argentina. Alejandro Iparraguirre, coordinador del área, explica: “Una de las grandes acciones que generan los videojuegos tiene que ver con la expresión. Cuando se juegan videojuegos, uno se está expresando. Cuando se crean videojuegos, también. Incluso la programación, la parte más matemática de su desarrollo, tiene una parte creativa”.

2. En Argentina, todavía es una industria joven.

Se empezó a constituir como tal a principios de la década del 2000. ¿Eso significa que antes no se desarrollaban videojuegos en Argentina? No, pero eran experiencias atomizadas, y no había estudios dedicados exclusivamente al desarrollo de videojuegos.

3. Da empleo, al menos, a 2000 personas.

La cifra incluye a diseñadores, artistas, ilustradores 2D y 3D, programadores, ingenieros, guionistas, testers, productores y músicos. Además, según la Asociación de Desarrolladores de Videojuegos Argentina, tiene una facturación anual estimada de 500 millones de pesos (y que el año pasado fue de 300 millones). Hay alrededor de 50 estudios en actividad. En el mundo, la de los videojuegos es una de las 10 industrias más grandes: factura unos 100 mil millones de dólares por año, una cifra mayor a la del cine.

4. El sector está ante la oportunidad de dar un salto.

Cuando se constituyó como tal, el primer movimiento de la industria de los videojuegos en Argentina fue posicionarse como proveedor de servicios para estudios del exterior. Hoy, de hecho, el 95 % de lo que se desarrolla en el país se exporta, con Estados Unidos, Europa y Asia como principales destinos. Sobre próximo paso, Facundo Mounes, presidente de la Fundación Argentina de Videojuegos, dice: “Ahora estamos ante una segunda oleada. Ya logramos exposición internacional como proveedores de servicios, pero todavía no tenemos una identidad nacional clara y reconocible. Gente con mucho conocimiento técnico adquirido empezó a desbordar estas empresas de servicios y, a la vez, los financistas se dieron cuenta de que es una buena industria para invertir. Por eso, desde hace unos años empezaron a surgir nuevos estudios por todos lados, que de a poco empiezan a desarrollar productos originales”. El desafío, coinciden en el sector, es ese: pasar de ser proveedores de servicios a ser creadores de IP (propiedad intelectual).

5. Todavía no está regulada.

Porque se trata de una industria relativamente joven, todavía no hay herramientas específicas para el fomento del sector. Hay políticas públicas destinadas a las industrias creativas en general -desde el Ministerio de Cultura de la Nación, por ejemplo, están los programas Fábrica de emprendedores, Plataforma Futuro y, eventualmente, la Ley Nacional de Desarrollo Cultural-, pero todavía no existe, a nivel nacional, una línea de acción específica para videojuegos. De eso se trató, justamente, la Mesa Sectorial organizada por el Ministerio: fue el primer encuentro de un camino que va a culminar en herramientas públicas -se habló desde de ayudas de financiamiento hasta la posibilidad de una ley de videojuegos- delineadas específicamente para el crecimiento del sector.