El rol de la mujer en la Reforma Universitaria
El rol de la mujer en la Reforma Universitaria

El rol de la mujer en la Reforma Universitaria

Mujeres en la cultura
No salieron en las fotos, pero ahí estaban. Investigadoras y letradas explican el papel que cumplieron las estudiantes, a un siglo de este proceso que movió los cimientos de las instituciones académicas
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El primer telegrama de la Reforma Universitaria de 1918
Movilizado por la recién comenzada protesta estudiantil, que finalizaría con la reforma universitaria, el telegrama fue enviado por Deodoro Roca, el redactor del Manifiesto Liminar, con destino a Ricardo Rojas

No aparecen en las imágenes ni firmando ningún papel, sin embargo, aunque invisibles para el registro documental, ahí estaban: en 1918 las mujeres ya llevaban tres décadas en la Universidad y habían logrado importantes avances.

En el marco del movimiento que este año cumplió 100 años, el Ministerio de Cultura de la Nación, con colaboración del Ministerio de Educación, organizó ciclos de charlas, muestras y actividades. Como parte de estas jornadas se llevó a cabo la mesa de debate “Mujeres en la Reforma: ¿sujetos ausentes o sujetos invisibilizados?” en la que investigadoras y académicas reflexionaron sobre el cuál fue el lugar de las mujeres en este período y cómo la historia oficial giró en torno a los hombres.

Una de las expositoras de este panel fue Araceli Bellotta, periodista, guionista e investigadora del Instituto Nacional Juan Domingo Perón. Ella señaló que para 1918 no solo había universitarias argentinas egresadas de diferentes carreras, sino que también estaban muy bien organizadas.

“La Asociación de Universitarias Argentinas apareció en 1904 porque tuvieron que enfrentar las dificultades para poder ingresar a la universidad. En 1910, realizaron el primer Congreso Femenino Internacional", ejemplificó Araceli.

Al año siguiente de la Reforma, Julieta Lanteri, médica graduada, se presentó como candidata a Diputada nacional al encontrar un agujero legal, ya que estaba prohibido que las mujeres votaran pero la norma no decía nada sobre que pudieran ser candidatas, recordó Bellotta.


Julieta Lanteri votando

A su turno, Ana Laura Martín, coordinadora del Área de Investigación, Biblioteca y Archivo del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Eva Perón, afirmó que “aunque las mujeres estaban invisibilizadas, no quiere decir que no hayan tenido una agenda para la educación propia, las de sus congéneres y la educación superior”.

Ana Laura trajo a la mesa a Elvira López, la primera graduada de la Facultad de Filosofía y Letras, como exponente de las universitarias que ya entonces se identificaban con el feminismo y se autodenominaban feministas.

Martín señaló que Elvira López la lleva a repensar “a 100 años de la Reforma, qué está haciendo el feminismo y cuál es el vínculo hoy entre el feminismo y las universitarias”. Y plantea la hipótesis de que las universitarias de la Reforma también pueden haber sido corridas de los reflectores porque “las agendas de estas mujeres tenían gran parte de sus actividades fuera del ámbito universitario, tenían que ver con cosas y con mujeres que estaban aún en peores condiciones que ellas”.

En esta dirección, expuso que Elvira López realizó una tesis de gran interés sobre el movimiento feminista de ese entonces, trabajo en el que condenaba “la banalidad con la que eran educadas su pares”, las cuales creía que tenían un lugar de privilegio en relación a otras mujeres a la hora de formarse.

Pese a esto, y a que para el momento de la Reforma varias mujeres circulaban por las instituciones de estudios superiores, la lucha por sus espacios y reivindicaciones eran constantes. Fue Julieta Lanteri, vinculada a la primera asociación profesional de mujeres –la Asociación Obstétrica Nacional– quien advirtió que la obstetricia, que por esos días era patrimonio casi exclusivo de las mujeres, comenzaba a ser una actividad cada vez más interesante para los varones. Cuando a comienzos de siglo la obstetricia médica se separó de la práctica, y empezaron a haber cátedras y escuelas diferenciadas, Lanteri dijo a sus colegas parteras que si ellas no estudiaban y continuaban con su formación universitaria se iban a quedar con las tareas menos calificadas y rentables económicamente porque esos lugares iban a ser ocupados por los varones.

La primera mujer en recibirse de partera fue Ángela Sertini de Camponovo, quien egresó en 1894 de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Las carreras relacionadas con la Medicina fueron las primeras en las que dejaron huella las mujeres, siendo las primeras profesionales parteras, médicas y farmacéuticas. Quizás porque el nexo entre ellas y estas disciplinas estaba naturalizado, así como sucedía con la enseñanza: las esposas y madres habían sido históricamente las encargadas de cuidar de la salud y las enfermeras en el hogar. Así, el hecho de que las mujeres estudiaran estas carreras no implicaba una ruptura brusca con el orden de cosas socialmente establecido.

Otra mujer destacada en 1918 fue Prosperina Paraván, que entonces estudiaba Odontología, una carrera que recién nacía. En diciembre de 1917 las autoridades de la UNC decidieron cerrar el internado del hospital de Clínicas, sitio donde los alumnos del interior tenían hospedaje y comida. Esa fue la chispa que encendió el fuego de la Reforma. Entre otras protestas, los estudiantes decidieron no matricularse para las clases de 1918 ante lo cual el rectorado decidió dar por terminados los cursos sin que comenzaran. Allí fue cuando tomó cuerpo la rebelión estudiantil.

Paraván marchó por las calles de Córdoba e hizo frente a la represión policial. Ella formó parte de los que trabajaron en las propuestas de Reformas del plan de estudios de Odontología y de la normalización de su centro de estudiantes.

No eran tiempos fáciles para las mujeres. Los discursos y prácticas sociales vigentes las consideraban seres inferiores, incapaces y susceptibles de estar sometidas a tutela masculina. El Código Civil las obligaba a contar con la autorización del marido para celebrar contratos, lo que resultaba muchas veces un obstáculo para ejercer una profesión. Eran prácticamente consideradas menores de edad de manera perpetua. Sin mencionar que tampoco contaban aún con derechos políticos.

A 100 años de la Reforma Universitaria, la mirada retrospectiva arroja un panorama alentador: los movimientos feministas lograron grandes conquistas debido a sus incesantes luchas, en pos de la ampliación de derechos y la igualdad con el varón. De todas maneras aún hay mucho por hacer.

La agenda de género en los ámbitos universitarios, así como en muchos otros, todavía tiene enormes pendientes como “la paridad, la conformación y el acceso a los lugares de poder”, tal como menciona Laura Martín, así como la legalización del aborto y la lucha contra la violencia de género, “demanda presente en todas las universidades y transversal a todos los claustros”. Una pelea que, tal como menciona Martín,  no dejará de librarse.

Como puede verse, pese a no haber posado para la cámara, las mujeres no estuvieron ausentes en el proceso que condujo a la Reforma Universitaria. Resulta lógico, después de todo, si algo nos han enseñado las redes sociales que gobiernan nuestros tiempos es que no todo lo que se ve en las fotografías muestra la realidad.