Nicola Costantino y su Dulce fuente de delicias en arteBA
Nicola Costantino y su Dulce fuente de delicias en arteBA

Nicola Costantino y su Dulce fuente de delicias en arteBA

La artista participó de la feria con una instalación comestible en el stand del Ministerio de Cultura de la Nación

Una vez más, la artista visual argentina Nicola Costantino participa de la feria de arte más importante del país, con una propuesta cuya clave especial es el buen gusto. Y es que, en esta 26.ª edición de arteBA –del 24 al 27 de mayo en La Rural–, Costantino expone en el stand del Ministerio de Cultura de la Nación una obra que viene de la mano de la repostería. Historia, belleza y gastronomía son los tres pilares de la nueva pieza de la artista.

La cocina siempre fue un tema muy importante para mí; pero, además de que cocinar es lo que más me gusta hacer, trato de que tenga un concepto en relación con la obra. Aquí presento una mesa con todas piezas escultóricas que son tortas de mousse de chocolate helado, con un baño muy especial marmolado. Se parece mucho a La fuente de la vida: la escultura que estoy mostrando en este momento en el CCK. Son piezas de esa misma escultura, pero comestibles”, cuenta Costantino.

Ambas producciones tienen una profunda relación con la obra maestra El jardín de las delicias, de El Bosco: uno de los grandes pintores del siglo XV, del entonces Ducado de Brabante –actual región de los Países Bajos y Bélgica–. Se trata de un tríptico pintado al óleo sobre tabla, cuyo panel izquierdo exhibe una idea de paraíso y momento idílico de la humanidad. Ahí mismo, El Bosco centra una figura fálica de tonos rosados: la fuente de la vida. Más de quinientos años después, Nicola Costantino recrea el objeto en tres dimensiones; y en arteBA, hasta se puede degustar.

“La idea era hacer algo para que la gente pudiera participar y compartir; como un regalo para que se lleven y coman. Las formas tienen que ver más con lo animal, lo vegetal. Es algo así como una “fuente de las delicias”, comenta la artista. Y agrega: “En esta edición de arteBA, también presento La fuente de la vida en miniatura y una especie de diorama, un fondo fotográfico de lo que serían los entornos de la escultura: cómo me los imagino hoy”.

La fuente de Nicola

Rosarina, hija de un cirujano y una diseñadora de ropa italiana, una de las pocas veces que tuvo contacto con el arte fue a través de unos fascículos que su padre le compró cuando tenía 7 u 8 años. A partir de allí, comenzó una pasión que nunca desapareció; y, a la vez, un camino de búsquedas y tensiones que sólo resolvió en la adultez. “En esos fascículos vi por primera vez La mujer del sweater rojo, de Antonio Berni, y me di cuenta de que quería ser artista. Fue muy raro porque nunca había tenido contacto con el arte ni con museos. Estaba muy convencida; nunca entendí cómo surgió eso. Jamás había ido a un taller de arte hasta que fui a la universidad. Sin embargo, creo que me hice escultora en el taller textil de mi madre, confeccionando ropa. Era muy creativa”, comparte Costantino. Y recuerda: “Cuando empecé a hacer referencias a la historia del arte, La mujer del sweater rojo era una de las principales que quería hacer –Nicola, según Berni–: esa mujer en una actitud de espera, con una mirada perdida, melancólica. Siento que estuve así desde que vi esa pintura hasta que pude desarrollarme como artista. Fue una especie de espera eterna hasta que logré hacer lo que quería”.

Y la espera valió la pena: participó de distintas muestras individuales y colectivas en el país y en el exterior, como en el MoMA de Nueva York y en la Art Gallery de Australia. Muchas de sus piezas ya forman parte del acervo de diversos museos y colecciones particulares. Además, fue la representante argentina para participar de la Bienal de Venecia en 2013, con una instalación de videos inspirados en Eva Perón. También recibió varias distinciones que la consagraron como una de las grandes artistas visuales contemporáneas. Entre ellos, el Gran Premio de Honor del Salón Nacional, en Fotografía (2007).

Las obras de Costantino poseen un atractivo y belleza que escapan del, quizá, lugar común. Sus piezas –como en el caso de la peletería humana– demuestran una maestría en la confección y producción que invitan a acercarse cada vez más, y explorar así las texturas y formas donde la idea es finalmente la que viste y transforma.

“No quería que produjera rechazo o asco, porque el rechazo es muy fácil y hasta peor, porque cuando algo no te gusta, te negás o inmunizás. No busco la provocación, sino todo lo contrario. Lo provocador sí está en la idea. Por ejemplo, cuando estás viendo y deseando una cosa que te parece hermosa y la querés tener, pero tal vez lo que significa es terrible. Esa incomodidad me parece más interesante que atacar con imágenes grotescas u obscenas”, explica. Y, a su vez, reflexiona: “Creo que hay mucha convención sobre la provocación que va al choque, y hay temas que están aceptados y ya no provocan nada, como el sexo. Es una provocación que no tiene ningún efecto. Por eso, cuando trabajo con algo más fuerte, siempre hay un esfuerzo por embellecerlo”.

El arte que transforma

Después de haber creado muchísima obra durante seis años –la peletería, los chancho-bola, los frisos fotográficos, las esculturas con calcos de animales, el jabón con grasa de su propio cuerpo, etc.–, Nicola Costantino se había quedado sin casa y sin taller. Sin embargo, la transformación también vino desde el arte. “Me habían desalojado. No podía producir. En ese momento, lo conocí al artista y fotógrafo Gabriel Valanci. Con él descubrí la fotografía y me enamoré de ella. A partir de ahí, empecé a tener nuevas ideas. Él me entusiasmaba e incentivaba mucho y comencé a hacer una gran cantidad de fotos. Entendí que cuando uno no puede trabajar en una cosa, todo sale por otro lado”, resume Nicola.

Fue otra oportunidad en la cual Costantino también le puso el cuerpo. Literalmente. Y es que en las series fotográficas que comenzó a producir, ella misma fue su modelo, y dice: “El uso de mi propio cuerpo salió de modo espontáneo. Me interesa la foto como soporte, pero más la cuestión performática, la actuación, la construcción de la escena, el vestuario. Dicho de otro modo, se trata de fotos hechas por una artista de performances, por una escultora. No creo que salga de ese ámbito para hacer otro tipo de fotografía”.

Por su parte, arteBA tomará una nueva foto para retratar otro capítulo del arte contemporáneo en la Argentina, y arriesgar así acercamientos y temas de debates sobre sus posibles orientaciones y múltiples narrativas. A propósito, Costantino opina: “No entiendo muy bien para dónde va el arte contemporáneo. Me parece que todo cambia demasiado rápido y no hay tiempo de entender y digerir ciertas cosas. Creo que hay mucha más producción artística, pero encontrar una verdadera obra de arte que te llegue, impacte o conmueva no aumentó. Sigue siendo muy difícil y un gran desafío lograr algo convincente como obra”. Y concluye: “Sería maravilloso que hubiera más reflexiones frente a este escenario. Quizá más de parte de la filosofía que de la crítica. Aun así, me parece muy importante que haya más palabra sobre el arte”.