Mujeres científicas argentinas
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Mujeres científicas argentinas

Entrevistas
En el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, siete científicas argentinas nos cuentan sus experiencias y reflexionan acerca de la paridad de género en este ámbito. Hoy se anunciaron, además, las ganadoras del 23° Premio Internacional L'Oréal-Unesco "Por las Mujeres en la Ciencia”. La matemática argentina Alicia Dickenstein fue una de las cinco galardonadas y obtuvo el premio gracias a "sus trabajos excepcionales aplicando la geometría algébrica al ámbito de la biología molecular”.

Desde el año 2015, todos los 11 de febrero se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia con la intención de promover un acceso equitativo y reconocer el papel fundamental que desempeñan las mujeres en el campo de la ciencia y la tecnología. Para la ocasión, siete científicas argentinas nos cuentan sus experiencias y reflexionan acerca de la paridad de género en este ámbito.

El Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia nos recuerda que las mujeres y las niñas desempeñan un papel fundamental en las comunidades científicas y tecnológicas y que su participación debe fortalecerse. Este 2021, el lema es "Las mujeres científicas, líderes en la lucha contra COVID-19".

Durante el 2020 las mujeres han sido protagonistas en sus trabajos para dar respuestas ante la pandemia del COVID-19. Si bien han sido pioneras en materia de salud pública, vacunas y tratamientos innovadores, todavía los prejuicios y los estereotipos de género mantienen a niñas y mujeres alejadas del mundo de la ciencia y de los lugares de decisiones en el campo científico.

En esta nota conversamos con las doctoras Paula Alfieri, Lucía Chemes, Valeria Edelsztein, Karen Hallberg, Silvia Kochen, Florencia Labombarda y Diana Pérez, quienes reflexionan acerca de la necesidad de una paridad de género en el campo de la investigación científica y proponen acciones para incentivar a las niñas a que disputen y formen parte de las carreras científicas.

Paula Alfieri 

Es Doctora de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y se especializa en el estudio de tratamientos protectores para evitar el deterioro de la madera. Durante el 2020 estuvo a cargo de un proyecto con el que desarrollaron un spray que permite repeler y eliminar el coronavirus de distintas superficies. El producto ya está siendo usado en hospitales y centros de detección en la provincia de Buenos Aires.

Paula supo desde muy pequeña que su vocación estaba vinculada a la ciencia. Era curiosa y analítica, como ahora. Fue una docente de ciencias de la escuela primaria quien le aconsejó que se dedique a las ciencias. "Ella notó mi interés por su materia y me incentivó a que haga lo que realmente me apasionaba, creo que su dedicación a mostrarme lo que era ser bióloga fue determinante".

"La participación y representación de las mujeres es vital para la construcción de una sociedad y como camino para buscar y concretar la igualdad de derechos y oportunidades que permitan avanzar hacia la equidad. En el campo de la ciencia específicamente creo que es algo más importante aún porque no solo habla de la desigualdad que hubo -no hace muchos años atrás- sino también que fue una fuente de patriarcado desconsiderado, menospreciando ideas, trabajos de años y frustrando carreras por el simple hecho de ser mujer. Por suerte todo esto está cambiando pero aún queda mucho camino por recorrer".

Paula considera que no existe ninguna profesión que esté ligada al género y que desde pequeños hay que mostrarles a los niños y niñas la diversidad que existe.

"Hay que llevar a las niñas a los museos, planetario y otros paseos que las acerque y les permita ver un panorama amplio de la diversidad de ciencias que hay. Cuanto más se les muestre y se les enseñe más herramientas tendrán para tener libertad de elección y confianza en sí mismas para poder ser lo que realmente quieren. Además, es fundamental romper con los estereotipos desde que los niños y niñas son pequeños, empezando desde los juegos, tareas, responsabilidades y carreras".

Foto: Telám

Lucía Chemes

Es investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y docente en la Universidad Nacional de San Martín (UNSM). Durante 2020 lideró un equipo de investigación que logró identificar ciertos mecanismos clave que se activan cuando el virus SARS-CoV-2 ingresa y se replica en las células.

Al terminar la escuela secundaria Lucía oscilaba entre estudiar ciencias biológicas o artes plásticas. La decisión final vino de la mano de sus recuerdos de la infancia, de jugar con cubos para armar y de sus intrigas por saber cómo era el universo y descubrir cómo funcionaban las cosas que la rodeaban.

Para que las niñas como Lucía se inclinen por el mundo científico, ella considera que es necesario transmitir buenos modelos, enseñar y visibilizar todo el trabajo de las mujeres en la ciencia, tanto en la escuela como en la universidad.

"Es necesario que una nueva generación se maneje de manera más justa, que valore el rol de la mujer y permita su desarrollo. Esto implica cambios basales que incluyen las estructuras sociales que determinan a qué juegan las nenas, qué les debe interesar. Desde el juego muy temprano tenemos que romper con los estereotipos que las limitan a ciertos roles establecidos para que cada una pueda ver las cosas que le gustan, más allá de los moldes. Al avanzar en la carrera científica las diferencias en materia de género se van marcando cada vez más. Necesitamos una educación que permita entender que las mujeres somos tan capaces como los hombres, y también necesitamos el acceso a posiciones de toma de decisión para poder cambiar las estructuras actuales".

Foto: Agencia CyTA-Leloir

Valeria Edelsztein

Es Doctora en Química, investigadora docente universitaria y divulgadora cientifica. A los siete años, deseaba dedicarse a cortar y vender pollos. No pensaba a la ciencia como una opcion y tampoco tenía muy en claro cuál era su profesion favorita. Recién se decidió en el tercer año de la escuela secundaria, cuando una profesora de Química "le rompió la cabeza" al hablarle de modelos atómicos. Siguió la carrera de Química y luego se especializó en la didáctica de las ciencias naturales.

Para Valeria el problema en Argentina no es tanto la paridad de género sino las áreas en las que las mujeres se desarrollan mayoritariamente: "por lo general, las mujeres estamos relacionadas con la salud, las humanidades y las ciencias sociales, y no tanto en las ingenierías, en informática, en matemática o física. Entonces tenemos esto que conocemos como paredes de cristal o segregación, es decir que vamos a unas áreas y no a otras, lo cual es un problema. Otro de los problemas es que no estamos en los puestos jerárquicos, nos cuesta mucho avanzar en la carrera científica y llegar por ejemplo a las mesas de decisiones, que definen a dónde van los presupuestos. Tampoco estamos en comisiones evaluadoras o ejerciendo como rectoras de universidades nacionales o dirigiendo grupos de investigación. La cantidad de mujeres es mucho menor en esos puestos porque tenemos una masculinización de las jerarquías muy intensa. Entonces tenemos el problema de las paredes de cristal y por otro lado el techo de cristal, que es esta dificultad de acceder a puestos jerárquicos.

Por otro lado, necesitamos mayor representación de todas las identidades, de la diversidad en general y también en todas las posiciones para que surjan otras preguntas porque sino la investigación científica es la búsqueda de respuestas a nuestras preguntas y esas preguntas no surgen, nunca les podemos encontrar una respuesta. Si un problema se define a partir de un grupo de personas que lo padece, entonces si quienes definen los problemas son siempre las mismas personas, con las mismas miradas hegemónicas, son todos varones cis heterosexuales, blancos, de clase media que viven en zonas urbanas, hay preguntas que nunca van a surgir porque hay problemas que nunca van a surgir".

Valeria participa en diferentes acciones de divulgación científica orientadas para público infantil, como los podcasts Contemos Historias, Ciencia para pasar la primavera, Ciencia que Ladra, Científicas. Cocinan, limpian y ganan el premio nobel (y nadie se entera), Los remedios de la abuela. Mitos y verdades de la medicina casera, por mencionar algunos. No duda en que estamos rodeados de ámbitos fertiles y oportunidades para incentivar a niñas y jóvenes a participar de actividades de ciencia y tecnología, solo hay que saber cómo.

"Los medios de comunicación tienen representaciones muy estereotipadas de lo que son las personas que hacen ciencia y romper con eso es un trabajo complicado porque si miramos dibujitos animados, películas y siempre quienes hacen ciencia son científicos locos es muy difícil encontrar ahí una referente, imaginarme que yo, como una nena de siete años, podría dedicarme a eso en un futuro. Algo similar pasa en términos de escuelas, familias, juguetes, es decir, si no estamos mostrando que hacer ciencia y tecnología es un universo posible para niñas y jóvenes, es difícil que después lo elijan como una carrera profesional. 

Creo que algo que tenemos que lograr es, primero, identificar nuestros propios sesgos como docentes, como familiares. No vamos a poder eliminarlos pero sí identificar que están ahí y empezar a ser más conscientes de los estereotipos que reproducimos. Quizá podamos empezar a detectar estos sesgos y ver cómo podemos revertir eso hablando sobre historias de científicas y no tanto de científicos, dando menos bibliografía de varones e incluir bibliografía de mujeres. Debemos empezar a tomar consciencia y tomar acciones concretas. No vamos a poder cambiar todo de golpe pero de a poco, al menos lo que respecta nuestra actividad".

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Karen Hallberg

Se dedica a la física cuántica y es investigadora principal en el Centro Atómico Bariloche, Instituto Balseiro. Recuerda que de chica era muy curiosa. Le interesaba saber todo y se preguntaba constantemente sobre la naturaleza y sobre cómo funcionaban las cosas. Quiso ser maestra, jugadora de tenis profesional, genetista molecular e ingeniera nuclear, hasta que terminó estudiando física cuántica.

En un mundo donde menos del 30% de los científicos son mujeres, Karen opina que las mujeres no son solo una minoría, sino que están lejos de ser protagonistas en la formulación de políticas destinadas a la ciencia.

“Los hombres continúan dominando el campo. Es un mito bien instalado que los cerebros de las mujeres están conectados para la empatía y la intuición, mientras que se supone que los cerebros masculinos están optimizados para la razón y la acción.

¿Ni siquiera sabemos qué es la conciencia, cómo razonamos, cómo almacenamos la información, y estamos buscando diferencias entre los cerebros de hombres y mujeres? No hay razón alguna para que no haya una participación equitativa de mujeres y hombres en la ciencia y la tecnología, en todos los campos. El hecho de que exista una brecha tan enorme es una fuerte advertencia de que todavía tenemos serios problemas culturales, sociales, económicos y políticos.

Es importante tener más científicas para aumentar la diversidad. Por supuesto, la diversidad y la inclusión de diferentes perspectivas son buenas para la ciencia, sin embargo, hay más diversidad entre hombres provenientes de diferentes culturas que entre hombres y mujeres en general. Así que este argumento es válido cuando se discute el alcance cultural y la inclusión de la ciencia moderna pero no debemos presuponer que las mujeres de por sí tenemos perspectivas diferentes a los hombres. Mientras no logremos una paridad de mujeres en ciencia y tecnología no habremos madurado como sociedad. Se trata, principalmente, de una cuestión de justicia, no discriminación e igualdad de oportunidades”.

Karen considera que es necesario un cambio profundo en nuestra cultura en la que encasillamos y delegamos ciertos roles a las mujeres desde muy chicas no permitiéndoles desarrollar plenamente sus capacidades. “Es fundamental la generación de autoestima y autovaloración en las niñas desde muy jóvenes, así como que tengan modelos de rol para ayudarlas a proyectarse. Pero la carga no debe recaer sobre los hombros de las mujeres, sino sobre la sociedad en general, sobre nuestra cultura, sobre nuestra educación, sobre nuestras estructuras políticas”.


Karen Hallberg fue distinguida en 2019 con el premio internacional L’Oréal-UNESCO “Por las Mujeres en la Ciencia” por su aporte al desarrollo de técnicas computacionales para entender la física de la materia cuántica.

Silvia Kochen

Es médica especializada en neurología, investigadora principal del CONICET y docente universitaria. Trabaja en el Hospital El Cruce, en pleno conurbano bonaerense, y en el Hospital Ramos Mejía. También es Secretaria de la Red Argentina de Género, Ciencia y Tecnología.

"Desde que somos muy pequeñas a nosotras las mujeres, aun siendo muy chiquitas y a diferencia de los varones, nos explican con mucha energía y lamentablemente bastante eficacia, lo importante que es OPTAR= "escoger algo entre varias cosas, decidirse por una de las alternativas excluyentes", o ELEGIR= "escoger o preferir algo para un fin" (diccionario de la Real Academia Española, RAE). Conforme fui creciendo, hice un uso libre de la palabra ELEGIR, para sentirme más respaldada por la academia y con menos culpa. Aproveché que no se mencionara el término "excluyente", y entonces la uso para elegir todo lo que quiero y/o puedo, o bueno, casi todo. Y así cuando me proponían diferentes Opciones, yo Elegía, a veces de manera muy fácil, otras tremendamente difíciles. Esta estrategia de vida me permitió no tener que responder a las opciones que me "ofrecía" el sistema, la vida cotidiana, mis seres queridos. Y así fui eligiendo, y lo sigo haciendo. Y elegí ser mamá y ser científica, ser pareja y ser científica, tener una militancia política y ser científica, jugar, pasear y ser científica, tener una activa vida social y ser científica y entre millones de "opciones" más que la vida nos va ofreciendo o quitando, sigo eligiendo, es decir, elijo o intento elegir todo".

En ese universo de posibilidades, la Silvia adulta y científica descubrió hace poco tiempo el placer enorme que le da filmar. "Como siempre y de manera inevitable se acompaña también de dificultades, frustraciones, ansiedades, tristezas, enormes alegrías, autocensuras y libertades infinitas. Fue muy parecido al camino que inicié en mi adolescencia cuando elegí ser médica, y luego hacer neurología, y más tarde desafiando a los modelos hegemónicos del lado médico como del lado de los y las investigadores, incursionar en el mundo de las neurociencias, investigando sin dejar mi trabajo asistencial como médica".

Foto: RAGCYT

Florencia Labombarda

Es bióloga. Se recibió en la facultad de Ciencias Exactas y Naturales y se doctoró en Neurobiología, ambas en la Universidad de Buenos Aires (UBA). De chica quería ser veterinaria pero su aproximación a los animales siempre fue con un espíritu más bien científico. Coleccionaba insectos y le gustaba clasificarlos. Una vez cuando se fue de vacaciones a Santa Cruz y juntó huesos de pingüino sueltos en la playa, los hirvió y quiso armar un esqueleto. Ya en la secundaria esa la vocación se le presentó más clara y decidió hacer biología para hacer investigación.

Para Florencia, más que lograr una paridad de género el tema central es conseguir una mayor distribución de las mujeres en la carrera de investigador. 

La mayoría de nosotras estamos en los primeros escalafones, mientras que en los puestos jerárquicos y en los directivos hay muchos más hombres. Por ejemplo, hay un 80% de varones que se desempeñan como investigadores superiores. Es importante lograr una distribución homogénea porque de lo contrario la fuerza de trabajo son las mujeres en las categorías más bajas, y los que toman las decisiones de qué se investiga y cómo son los hombres en las categorías más altas. En la ciencia las hipótesis guían las investigaciones y muchas de esas hipótesis generadas por hombres tienen tremendos sesgos de género. Lo mismo pasa con las interpretaciones que se hacen de los datos obtenidos, que muchas veces no hacen más que confirmar los sesgos proyectados. De esta manera los resultados de las investigaciones legitiman los estereotipos de género. Para cortar con este círculo vicioso hace falta que las mujeres ganen poder de decisión en el sistema científico”.

Florencia considera que hay tres acciones a trabajar para incentivar a las niñas a que se animen a formar parte de las carreras de ciencias.

  • Derribando los estereotipos de género que establecen que la objetividad, el pensamiento analítico y matemático son cualidades que tienen los hombres.
  • Mostrándoles que hay mujeres comunes, normales y que tienen vidas como cualquiera que hacen investigación. No hace falta ser Marie Curie y ganarse dos premios Nobel para ser científica. Bajemos la vara porque si no termina siendo algo inalcanzable.
  • Acercar la ciencia a las niñas, haciendo divulgación científica con perspectiva de género. No se trata sólo de contar historias de mujeres científicas sino encarar todos los temas biológicos (en mi caso) desde una mirada deconstruida.
La Dra. Florencia Labombarda (CONICET) creó junto al Dr. Ignacio Jure Science and Art Argentina (@science_and_art_argentina) en la plataforma Instagram para divulgar al público general diversas investigaciones científicas.

 

Diana I. Pérez

Es Doctora en Filosofía e investigadora principal del CONICET. También docente universitaria y especialista en metafísica de la mente y filosofía de la psicología.

De pequeña, Diana admiraba a Madame Curie. Seguir una carrera universitaria nunca estuvo en duda porque sus padres estudiaron en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, por lo que la imagen de la científica siempre estuvo presente en su vida. Cuando llegó la hora de elegir, Diana se inclinó por las ciencias sociales.

"La ciencia es una empresa humana, llevada adelante por seres humanos, que tienen ideas, prejuicios, deseos, y formas de ver el mundo que varían de persona en persona. Un pluralismo tanto de género como social, racial, etario, etc. es indispensable para aportar más miradas posibles a la empresa científica. Cuantas más ideas y opciones de proyectos de investigación haya disponibles, más rica será la investigación.

Es muy importante el ejemplo, que las niñas y los niños vean mujeres haciendo ciencia, que se visibilice su posibilidad de participación. Incluir en las clases de historia figuras femeninas, así como en el canon de materias como literatura o filosofía, es importante leer poemas de Francisco Quevedo, pero también de Sor Juana Inés de la Cruz. Es importante mostrar ejemplos de mujeres que han hecho importantes aportes en todas las disciplinas. Y por supuesto que se eliminen del aula todo tipo de sesgos y estereotipos relacionados con las capacidades cognitivas de los distintos géneros: no hay tareas para las que las mujeres sean mejores que los varones o viceversa en general, siempre vamos a encontrar mujeres que son mejores que la media de los varones para cualquier tarea, y lo mismo a la inversa. Hay que poner el foco en cada persona humana buscando y estimulando sus capacidades, independientemente de a qué género, raza o grupo social pertenezcan".