Cómo se mantuvieron hasta hoy los afiches del Mayo Francés
Cómo se mantuvieron hasta hoy los afiches del Mayo Francés

Cómo se mantuvieron hasta hoy los afiches del Mayo Francés

Thierry Grillet, director creativo de la Biblioteca Nacional de Francia, cuenta cómo y por qué esas obras fueron conservadas

“Voy a contar una pequeña historia”, dice Thierry Grillet, director creativo de la Biblioteca Nacional de Francia y uno de los oradores de La noche de las Ideas, el encuentro que reunió a intelectuales franceses y argentinos durante 4 días en Ostende y Mar del Plata para reflexionar sobre los 50 años del Mayo Francés, organizado por el Institut Français d´Argentine, con apoyo del Ministerio de Cultura de la Nación. La historia que empieza a contar es la de los afiches creados durante los meses que duró esa gesta popular en la Escuela de Bellas Artes de París -una selección se exhibió en el Museo Mar, de Mar del Plata-, pero el punto de partida que elige es muy anterior.

“En 1789, cuando se produjo la toma de la Bastilla durante Revolución Francesa, todos los archivos que estaban en el edificio -como fichas señaléticas de la policía e interrogatorios-  fueron tirados a la calle".

"Dos personas que trabajaban en la Biblioteca Nacional -que como consecuencia de los cambios introducidos por la revolución dejó de llamarse Biblioteca del Rey- empezaron a recoger esos archivos, movidos por el sentimiento de estar en un momento histórico. Lo mismo pasó luego con los afiches políticos del Mayo Francés".

"En general, en los movimientos sociales, esos documentos que emergen de la calle se vuelven a ella cuando termina el movimiento, se convierten en basura. A veces, hay gente casi milagrosa que está muy cerca del evento y que interpelados por una misión, deciden conservar esos documentos para la posteridad. Así, en el ‘68, los conservadores de la biblioteca nacional pudieron re-actuar o revivir el gesto de los archivos de la Bastilla”, cuenta.

-¿Se conocen los nombres de los conservadores que guardaron los afiches?

-No, es una obra anónima. Fue una iniciativa personal de conservadores de bibliotecas que también ciudadanos comunes y tuvieron ese sentido de la historia, en un momento en el que -con un huelga de 9 millones de personas en curso- el tiempo parecía estar congelado. Además, lo hacían con el sentimiento de estar reactuando, reconstruyendo o reviviendo la historia de otros movimientos sociales.

-¿En qué sentido estaban “reactuando” esa historia?

-Los jóvenes del Mayo Francés nacieron 20 años después de la Segunda Guerra Mundial. La de sus padres era una generación heroica, que había participado de la resistencia, que habían luchado contra las fuerzas del totalitarismo, y estos chicos estaban en una sociedad de consumo, un poco vacía, donde no había nada heroico.

Había que buscar un heroísmo propio y es por eso que muy a menudo se dice que Mayo del ‘68 no era la revolución sino el teatro de la revolución. Tenían el problema de qué hacer con la herencia de sus padres.

Hay un aforismo que resume muy bien lo que pudieron sentir esos jóvenes: “A nuestra herencia no le antecede ningún testamento”. Significa: “estamos acá, sin saber qué hacer, no hay instrucciones de uso”. No es casualidad que el eslogan del Mayo Francés sea “la imaginación al poder”, porque la imaginación te permite todo.

-¿El hecho de estar atravesando un momento convulsionado fue un disparador para la creatividad a la hora de producir los afiches?

-Sí, obviamente. A partir del 13 de mayo, cada día se hacía una asamblea general en la Escuela de Bellas Artes, que había sido tomada, para decidir qué afiche se iba a hacer para ese día y se imprimían alrededor de 300. Se calcula que al final llegó a haber 120 mil afiches en las paredes de París. Hasta ese momento, los que pensaban la rebelión eran, justamente, los intelectuales. Se hablaba mucho pero se dibujaba poco. El taller popular, como se llamó, estaba basado en tres palabras: colectivo, anónimo y autogestionado. “Colectivo” significa que el proceso de creación estaba compartido entre estudiantes, obreros, gente que pasaba y por lo tanto contradecía totalmente la idea del genio artístico, de que la inspiración le llega a uno y no a otro. Y el concepto de anónimo iba totalmente contra la historia del mercado artístico. Es una ruptura con la concepción de que uno tiene que firmar su obra, porque cuando lo hace se inscribe en la larga historia del arte. Desde esos puntos de vista, la producción de afiches durante el Mayo Francés ha sido una revolución en el campo artístico.