Duchamp y el ajedrez: una relación que nació en la Argentina
Duchamp y el ajedrez: una relación que nació en la Argentina

Duchamp y el ajedrez: una relación que nació en la Argentina

En el Museo del Libro y de la Lengua se exhibe la ficha técnica de un partido que jugó con Valentín Fernández Corio, un argentino, en 1924
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“Movimientos en blanco y negro. Historia, literatura y arte del ajedrez argentino” se exhibe en el Museo del libro y de la lengua y recorre la historia del ajedrez en nuestro país, junto a sus transformaciones y derivaciones culturales

Hace más de 90 años -el 13 de julio de 1924- daba inicio el primer Torneo de ajedrez que sentaría las bases para lo que hoy conocemos como las Olimpíadas de este deporte. El encuentro se realizó en el Hotel Majestic, en el marco de los Juegos Olímpicos de París 1924. El único país no europeo que participó fue Argentina. Uno de nuestros representantes fue el maestro ajedrecista, Valentín Fernández Coria, quien el 19 de julio -el día anterior a que terminara el torneo- se confrontó en una partida con el artista francés Marcel Duchamp.

El enfrentamiento resultó en empate y su ficha técnica se puede ver en la muestra “Movimientos en blanco y negro. Historia, literatura y arte del ajedrez argentino”, exhibida en el Museo del Libro y de la Lengua (Av. Gral. Las Heras 2555, Ciudad de Buenos Aires) hasta fin de diciembre.

En este manuscrito -con anotaciones de puño y letra del artista francés-, figuran todas las jugadas realizadas en el partido y está firmado por ambos participantes. La importancia de este documento radica en la relación con la actividad que Marcel Duchamp realizó durante su paso por Buenos Aires: jugar al ajedrez casi todas las noches. Como él mismo dijo, es en este país donde se convirtió en “un maníaco del ajedrez”.

La ficha técnica tuvo un curioso recorrido desde aquel 19 de julio de 1924: después de guardarla durante años, se la regaló a su amigo Tristán Tzará -poeta y ensayista rumano fundador del movimiento DADA- y él se la obsequió a Juan Andralis -poeta y editor argentino- quien, finalmente, se la entregó al periodista y artista visual Hermenegildo Sábat. Además, tenía en su poder otras 7 fichas técnicas del Torneo, las cuales donó al Club Argentino de Ajedrez (CAA).

Duchamp en Buenos Aires

El artista visual Marcelo Gutman realizó una investigación sobre la vida de Duchamp, hasta el momento la única dedicada a su paso por nuestro país. “En muy poco tiempo, Duchamp llegó a hacer una muy buena carrera ajedrecística, y tuvo premios importantísimos, pero esa carrera empezó en Buenos Aires, cuando tenía 31 años y jugaba todos los días. Inclusive, llegó a decir que estudiaba con el mejor maestro argentino de ajedrez, pero no dio nombres”, dice Gutman, que fue curador de la muestra del Fondo Nacional de las Artes, Duchamp en Buenos Aires, en 2007.

Marcel Duchamp vivió en Buenos Aires entre los años 1918 y 1919. Desde ahí, en una carta que mandó a sus amigos, escribió: “Juego día y noche y nada en el mundo me interesa más que encontrar la jugada correcta. Cada vez estoy menos interesado en la pintura. Todo a mi alrededor adopta la forma del rey o la reina y el mundo exterior sólo me interesa en cuanto se traduce en posiciones de ganancia o pérdida”. El vínculo fue tan grande que diseñó un juego, al que llamó Buenos Aires, en honor a la ciudad.

Gutman pudo averiguar que siguió en contacto con nuestro país, por lo menos una vez más: en 1933 jugó una partida de ajedrez de forma telegráfica.

“A Marcel Duchamp lo definiría parafraseándolo. Así como él dijo que 'no creía en el arte sino en los artistas', yo creo en Marcel Duchamp, pues a pocos meses de cumplirse 40 años de su fallecimiento, sigue siendo un artista, un teórico, un profesional ético, responsable de cada acto creativo que tuvo, que no defrauda con el paso del tiempo”, dice Gutman.

Ajedrez y arte

En 1911, Duchamp presentó su primera obra relacionada a este deporte, Retrato de jugadores de ajedrez, donde intentó representar la actividad mental en una partida de ajedrez. Diez años después, anunciaría su retiro del arte -tras finalizar su obra más conocida, El gran vidrio- para dedicarse de lleno a las tablas.

Luego de su paso por Argentina, jugó repetidas veces el Campeonato de Francia, entre otros torneos internacionales. Formó parte del equipo francés en las Olimpíadas de 1928 y 1930 y se enfrentó con muchos de los mejores jugadores de la época, de los cuales logró una victoria sobre Koltanowsky y tablas con Tartakower, Opocensky, Zsnosko-Borovsky y Marshall.

En una de sus cartas enviadas a amigos, confesaba que quería ser el mejor jugador de Francia, aunque no lo consiguió. Sin embargo, su amor por el juego de mesa fue tal que, cuando falleció, el diario Le Figaro publicó su obituario en la sección de ajedrez.