Christian Forteza: "El humor ayuda a tomar conciencia pero, sobre todo, hace que uno pueda tomar distancia"
Christian Forteza: "El humor ayuda a tomar conciencia pero, sobre todo, hace que uno pueda tomar distancia"

Christian Forteza: "El humor ayuda a tomar conciencia pero, sobre todo, hace que uno pueda tomar distancia"

Entrevistas
El actor, director e investigador en comicidad del "Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini” nos cuenta sobre las diferentes formar de reír, de hacer reír y, cómo el humor permite transitar mejor los tiempos difíciles.
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Christian Forteza actúa y dirige tanto obras dramáticas como cómicas, sabe que la línea divisoria entre ambos géneros se puede medir con una lupa. Opina que el humor tiene menos prensa de la buena que el drama pero lo sigue eligiendo. Desde hace años que investiga las particularidades y los recursos de la comicidad y los comparte con actores en sus talleres y laboratorios en el Centro Cultural de la Cooperación (CCC).

Humor y comicidad, parecido pero no igual

A simple vista podemos pensar que el humor y la comicidad son una misma cosa, pero para los expertos cada uno tiene sus particularidades. Christian destaca que lo humorístico tiene más que ver con el chiste, la palabra ingeniosa, en cambio, la comicidad tiene que ver con el trabajo desde el cuerpo, con la repetición, la saturación, lo involuntario, lo estereotipado, el furcio, el acto fallido. 

“En la comicidad el personaje no es consciente de que hace reír y en esa situación, lo que nos provoca risa está ligado a un conflicto, es dramático o trágico, generalmente. El personaje de Chaplin no es consciente de que hace reír, en cambio Francella sí, juega con el público contínuamente, busca su complicidad”.

-¿Con qué elementos se construye una escena cómica?

-Siempre se construye una base dramática, ceremoniosa o ritualizada para luego romperla desde los recursos de la comicidad. Muchas dramaturgias suceden en un velorio, en lugares donde hay un grado de dramatismo importante. En la comicidad, igual que en la vida, al cuerpo se le pide que sea discreto, que no llame la atención, lo que hace el clown, el payaso, es poner en primer lugar ese cuerpo que la sociedad reprime. Los contextos de alto grado de discreción corporal son los mejores para romperlos con la comicidad.

En la comicidad puede existir o no la risa; puede aparecer una sonrisa para adentro, porque muchas veces el público se reprime y piensa '¡no, de este no me puedo reír!', ante una situación patética que el cómico le presenta.

-¿Cómo alimenta el contexto social y político a la comicidad?

-La comicidad lo que hace es mostrar ciertas paradojas de lo cotidiano y, al mostrarlo desde otro lugar, uno lo ve más claro. El humor te ayuda a ver desde otro punto de vista y creo que el discurso entra más rápido por el humor que si uno lo dice de forma dramática, llega más rápido, más profundo y sin tanta resistencia.

El humor ayuda a tomar conciencia pero, por sobre todo, hace que uno pueda tomar distancia y reírse de eso. Si no tomás distancia no te podés reír. Eso ya lo decía Henry Bergson en su libro La risa: "para la risa no hay nada peor que la emoción". Si uno está pegado emocionalmente con lo que está sucediendo no se ríe. Si el público se identifica, no se desprende emocionalmente, la risa no surge. Lo fundamental está en la forma y en la capacidad de despegarnos del dolor.


Escena clásica de la película argentina Esperando la carroza.

-En esta situación de pandemia, ¿qué lugar ocupa la comicidad? 

-Friedrich Nietzsche decía que el hombre sufre tanto que tuvo que inventar la risa. El hombre es el único animal que se ríe y que puede hacer reír porque la risa es social. Nos reímos de lo que conocemos, cuando nos reímos de un objeto o de un animal es porque le encontramos rasgos humanos. No hay comicidad fuera de lo propiamente humano. Un paisaje podrá ser hermoso o insignificante pero nunca será risible. Y este es un momento en que hace bien reírse todo lo que uno pueda, porque la risa es sanadora. Hay que reírse y tratar de hacer reír, dos cosas muy distintas. Y hacer reír no es nada fácil.

-Hoy hay muchas personas que, sin ser artistas, desde sus casas, producen contenidos que buscan hacer reír: memes, videos en vivo con monólogos, bailes e imitaciones. ¿Te parece que, tiempos como los actuales, son momentos propicios para que nazcan nuevas expresiones?

-Me parece que está muy bien; hay que seguir investigando en las formas y hay que hacer reír todo lo que uno pueda y con los recursos que uno pueda, pero creo que cuando salgamos de todo esto lo virtual se va a ir corriendo a otro espacio. 

En Tik Tok -que tiene tanto éxito- se ponen en juego muchos elementos de la comicidad: a los personajes se le aparecen acciones involuntarias, que no las puede manejar, se juega con lo repetitivo, con lo estereotipado y eso siempre nos hace reír. Y también verse y reírse de uno mismo es muy sano y salvador. Además, es mejor que uno mismo se ría de uno mismo a que otro se ría de uno. Reírse de uno mismo significa poder tomar distancia y ver el problema desde otro lugar. Incluso hay técnicas de terapia en las que se trabaja que el paciente se ría del conflicto que trae, para que pueda tomar distancia para reírse y poder elaborarlo.

El poder de la risa

El entorno natural de la risa es la sociedad, la vida cotidiana y cumple una función en las dinámicas sociales. En ese sentido, a Christian Forteza le interesa analizar uno de los elementos constitutivos para crear escenas cómicas y que tiene que ver con lo que los especialistas llaman el status.

“Si en una escena un padre reta al hijo no nos causa gracia, pero si al rato vemos al hijo retando al padre, o al jefe retando al padre, ahí se manifiesta una relación asimétrica que nos produce gracia. Eso está muy ligado a la ley, a lo que hay que respetar.

Cuando hay una relación de dos personas de status asimétricos y, de repente, esos status cambian, generalmente nos reímos. En Los tres Chiflados, Moe maneja un status más alto; él siempre le pega a los otros y nos podemos llegar a reír pero más nos reímos cuando ese status se invierte y Curly le pega a Moe. Chaplin maneja un status muy bajo, de hecho es un linyera, y lo que hace es bajarle el status a la autoridad, al poderoso que quiere burlarse de él, y el personaje lo hace de manera involuntaria, a diferencia de Buster Keaton -que siempre maneja un status muy alto. Desde la dramaturgia se busca generarle conflictos para bajarle el status mientras él hace de todo para levantarlo y es ahí donde nos reímos. El ejemplo clásico es cuando una persona va en bicicleta, se cae y nos reímos, pero más nos reímos si se levanta y hace como que no".

-¿Qué hay detrás de la risa, ironía, venganza, satisfacción?

-Freud decía que tanto el humorista como el público tienen que tener las mismas inhibiciones para poder reírse. Como nosotros respetamos todo el tiempo las reglas de la vida cotidiana, cuando podemos hacerle burla a eso, esa satisfacción nos puede producir la risa. De niños nos enseñan a reprimir el cuerpo y los impulsos personales, entonces cuando uno puede reírse de lo establecido, es una satisfacción. Burlarse de las reglas, de la ley, termina siendo una alegría para quien lo hace.

-¿Cómo cambia el humor según las épocas?

-Hay un humor ligado a la actualidad que se va modificando día a día. Las cámaras ocultas en los años '90 empezaron con los bloopers, que era reírse de la impericia del otro, que es lo más clásico en la comicidad... Cuántas veces nos ha hecho reír Chaplin con eso, con los tropiezos, las caídas, ¡con aquello que tiene que ver con lo involuntario! A través del tiempo eso sigue existiendo, los payasos, los clowns, siguen, jugando con lo mismo. Después hay otro aspecto que es reírse de las minorías, y las minorías van cambiando con el tiempo. El humor siempre tiene una víctima, puede ser un tercero o uno mismo. Siempre hay un lugar de agresividad en el humor.

-¿Cuál es la distancia entre el humor y el bulling?

-En el chiste siempre hay una burla, siempre hay una víctima de quien reírse pero, si en una situación, el que es desprestigiado no termina invirtiendo esa relación, eso ya es otra cosa. No siempre la burla da como resultado risas.

-Si pudiésemos englobar a los y las argentinas, ¿qué nos causa gracia?

-Pensando en lo masivo a los argentinos nos gusta mucho la imitación. Esto de trabajar el estereotipo, tomar ciertos rasgos que pueden llegar a ser mecánicos en una personalidad -puede ser una palabra o un gesto- y llevarlos al extremo para que quede como una cosa mecánica, nos causa gracia. En el personaje original eso es parte de su personalidad pero cuando lo ponemos en otro cuerpo y aceleramos la frecuencia o lo exageramos nos causa gracia. ¿Por qué nos causó gracia el famoso "¡no se inunda máaasss!"? Porque hubo exageración; la hipérbole y el hecho de pasar de un estado a otro sin transición lógica emocional. La exageración es un recurso infalible para la comicidad, y la imitación es eso, por eso nos reímos cuando es una imitación y no nos reímos cuando alguien hace un tributo.

Y lo reprimido también provoca risa. Cuando uno habla de lo sexual, o cuando aparece lo escatológico, produce risa, o risa de incomodidad. En un momento, cuando apareció Enrique Pinti, las puteadas causaban gracia, era algo distintivo de él y a la gente le divertía porque, en ese momento, las personas se reprimían para insultar.

-Y en tus obras, ¿qué métodos usas para hacer reír?

-Se podría decir que hay dos grandes formas de hacer reír: por un lado, a través de las palabras; por otro, a partir de lo que genera el cuerpo del actor. Una de las máximas de la comicidad es trabajar con las acciones involuntarias del personaje, lo repetitivo, el furcio, el acto fallido, etc. Romper con lo ceremonioso de una situación y, especialmente, la relación con los objetos, que, en escena, es portadora de potenciales conflictos.

Cuando trabajo con unipersonales de comicidad, con diferentes personajes, trato que tengan sobre todo ese juego de status, que tengan la acciones mecánicas involuntarias y que aparezca lo que yo llamo la palabra cómica, que son latiguillos, que no son chistes, no tienen un armando, pero en la repetición mecánica es ahí donde nos reímos. El genial "Y…si no me tienen fe", de Alberto Olmedo, lo estamos esperando y, a pesar de la anticipación, siempre nos va a hacer reír.