Ch'allay: la palabra de origen quechua que está en la esencia de los carnavales
Ch'allay: la palabra de origen quechua que está en la esencia de los carnavales

Ch'allay: la palabra de origen quechua que está en la esencia de los carnavales

Significa tirar bebidas a la tierra. Carmelo Sardinas, profesor de esa lengua originaria, explica su etimología y cómo se relaciona con los festejos
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Comienzan los días de carnaval y cada provincia del país se prepara para festejarlo según sus creencias y costumbres. Si bien las celebraciones se han ido modificado a través del tiempo, en el noroeste argentino se conservan ritos y mitos que, aunque disímiles entre sí, podrían designarse con una misma palabra en quechua: “ch'allay”.  

“La palabra 'carnaval' viene de la época de la colonia –explica Carmelo Sardinas, profesor de quechua de las universidades de La Matanza, San Martín y el Centro Universitario de Idiomas (CUI)–. El carnaval es una fiesta que celebra al dios Momo. Lo nuestro es 'pujllay', que significa 'jugar', en quechua. Es el juego que hacemos los hijos, hombre o mujer, cuando bailamos cargando plantas de maíz, de papa o de quinoa en la espalda para honrar a la Pachamama por haber recibido los primeros frutos”, cuenta Sardinas, quien está por viajar a su comunidad en T'urupalqa, ciudad de Potosí, Estado Plurinacional de Bolivia, para esta celebración. Cada año, entre el 2 y 3 de febrero, comienza en las comunidades norteñas el pujllay, la fiesta en agradecimiento a la primera cosecha.

“La palabra 'ch'allay' significa 'asperjar'. Tiene que ver con el festejo de la chaya de La Rioja porque 'chaya' viene del 'ch'allay', del quechua. En el noroeste argentino, en todas las provincias, estaba el quechua, pero en La Rioja es la única en que se conserva la palabra”, dice el docente de la lengua originaria.

Y agrega: “¿Qué significa la "challa"? Estar en contacto con la madre naturaleza. Por eso asperjamos, echamos bebidas en la tierra cuando se termina de construir una casa nueva, cuando se consiguió un terreno nuevo para la siembra, cuando tenemos un animalito nuevo que nació en ese año. Para que no se enferme hay que challar, asperjar. Asperjamos con la chicha u otra bebida, antes de tomarla tiramos un poco en el terreno nuevo, la casa nueva o cuando alguien se casa. En todos esos momentos hay que challar para que todo esté en armonía con la naturaleza. Challar, asperjar, es tirar la bebida a la tierra, ofrecérsela a la pachamama, pero solo asperjamos con bebidas hechas naturalmente en casa, no con bebidas alcohólicas que tienen conservantes. Las bebidas con las que se challa son hechas naturalmente, como la chicha, el vino patero, todo lo que venga de la naturaleza, como la algarroba, el molle, el chañar o el piquillín”.

Carmelo Sardinas señala también que el quechua aportó muchos términos al castellano y que muchas palabras provenientes de esta lengua aún se conservan y se utilizan diariamente aunque no lo sepamos, como por ejemplo “choclo”, “papa”, “cóndor”, “llama”, “puma”, “pucho”. También explica que hay once provincias del Noroeste y Cuyo que pertenecieron a esta cultura: “Cuyo significa 'movimiento' en quechua; La Pampa, 'suelto tierra y territorio'; y Chaco es 'zona de casas', también viene del quechua. Jujuy es un grito de júbilo; Salta es cuando uno se asusta por algo, es la producción del susto: 'salt'a'; y Catamarca, qhatamarca: qhata es pendiente y marka, con 'k', quiere decir poblado, 'poblado en pendiente', qhatamarka. Y Tucumán, en quechua tukunan, es 'en su final'. Y hay provincias que sus nombres fueron colonizados, cambiados, como Córdoba, La Rioja, San Juan, Mendoza y San Luis. Son las provincias coloniales que están con todas las palabras en español, pero la región se salvó porque está todavía Cuyo que quiere decir 'movimiento', por los movimientos sísmicos”.