A dos años de su recuperación, las licencias del catálogo de Music Hall vuelven a sus creadores
A dos años de su recuperación, las licencias del catálogo de Music Hall vuelven a sus creadores

A dos años de su recuperación, las licencias del catálogo de Music Hall vuelven a sus creadores

Se entregaron más de 100 licencias a los intérpretes y el dinero recaudado impulsará a los artistas emergentes a través del programa “Mi primer disco”
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La década de los 50 fue una etapa decisiva para la consolidación de importantes géneros musicales, como el rock, el soul y el country. En este contexto, un argentino emprendedor llamado Néstor Selasco, decidió que era un buen negocio crear un sello discográfico donde tuviesen cabida los más importantes artistas argentinos. Así nació Music Hall, empresa que iba a distribuir long play de ídolos como Astor Piazzolla, Aníbal Troilo, Leopoldo Federico, Alberto Castillo, Serú Girán, Pappo's Blues, Arco Iris, Miguel Mateos/ZAS, León Gieco y Gustavo Santaolalla, entre los muchos otros exponentes de nuestra música popular.

Sin embargo, entrando en los '90, algunas divisiones en la familia y un tema de salud de Selasco generaron grietas en la empresa y tres años después, en 1993, la compañía entró en un concurso de quiebra y un año más tarde todo el stock (sus miles de discos) terminó en una mesa de saldos en una improvisada disquería dentro de su propio edificio.

“Cuando Music Hall quebró, lo que hizo fue vender los bienes pero no quiso desmontar el catálogo. Iban los artistas de forma individual a comprar los derechos de sus discos, o sea los derechos de productor fonográfico, y la actitud de la quiebra fue no vender por separado, si no que todo junto”, explicó Diego Boris, presidente del Instituto Nacional de la Música (INAMU).

Veintitrés años pasaron hasta que el INAMU anunció la recuperación del histórico catálogo discográfico de Music Hall.

La compra resultó de una extensa negociación y a cambio de $2.750.000. Obras de artistas consagrados del Chamamé, clásicos del tango, del folklore, de la música clásica y popular y parte de las primeras dos generaciones de músicos del rock argentino conforman este catálogo de más de 1.500 discos.

Esta diversidad de géneros también caracteriza el conjunto de las primeras 100 licencias otorgadas, a las que se le sumarán muchas otras en breve. “La entrega de licencias a distintos artistas es un hecho de justicia histórica. Al comprar el catálogo de Music Hall, le dimos a los músicos la posibilidad de ser los administradores de lo que quieren hacer con esos discos. Si los quieren fabricar, dar una licencia o monetizarlos vía streaming o plataformas digitales, todo eso les corresponde a ellos”, explica Boris.

Entre las licencias entregadas figuran obras emblemáticas de Aníbal Troilo (más de 20 discos), Héctor Stamponi, Eduardo Falú (20 discos), grandes del Chamamé como Roberto Galarza (4 discos), Coquimarola (10 discos), el Trío de Oro y Los de Iguamaré (7 discos) y parte de las primeras generaciones del rock argentino, con Los Gatos Salvajes, los 7 volúmenes de Pappo´s Blues, Billy Bond (10 discos), León Gieco (10 discos), Arco Iris (5 discos), Miguel Cantilo, Charly García, PorSuiGieco (su único LP), Serú Girán, Raúl Porchetto y Miguel Mateos ZAS (7 discos), entre otros álbumes de distintos géneros.

Para que puedan ser reeditados por sus intérpretes principales o herederos, el Instituto les otorgó una licencia por lo que resta de los 70 años de protección del fonograma que la Ley establece a partir de su publicación.

Los discos estaban imposibilitados de ser reeditados, impidiendo también que se generen recursos económicos para sus intérpretes, pese a que ellos fueron quienes realizaron esas grabaciones. Para Boris, la recuperación es un hecho trascendente porque “no puede ser que un patrimonio cultural esté durante 20 años sujeto a una causa judicial y que la sociedad no pueda acceder a esos discos en cualquier tipo de formato porque hay un litigio en el medio”.

Durante el 2015 el INAMU dio los pasos judiciales y administrativos necesarios para obtener el catálogo nacional completo, en 2016 se centró en verificar la cantidad y estado de las cintas máster y datos que quedaron, iniciar su digitalización y durante 2017 se otorgaron las licencias correspondientes. Entre las primeras cintas digitalizadas se encontraron grabaciones inéditas de Litto Nebbia con Los Gatos Salvajes y de Roberto Galarza, uno de los grandes del Chamamé.

Los mitos que sobrevolaban en el ambiente artístico -que ese catálogo se había vendido a Paraguay, que alguien lo había comprado, que alguien era dueño del catálogo y evitaba en forma ilegal esos discos que la sociedad quería conseguir de cualquier manera- pusieron muchas trabas para quienes intentaban recuperar los discos.

“Por eso antes de hacer la oferta hubo que averiguar mucho el estado de la causa, eran realmente cuerpos y cuerpos de expedientes que hubo que leer. Contamos con el apoyo de casi todos los músicos que estaban involucrados. Fue un proceso largo y apasionante. Tenía algo hasta de antropológico y arqueológico si bien no era tan viejo para lo que es la historia, las grabaciones sí lo eran”, cuenta el presidente del Instituto.

Si bien el INAMU no percibe ningún monto por la explotación económica del material, ya sea en formatos físicos, como digitales, inclusiones en propaganda, películas, etc. (ingresos que cobrarán los músicos), el organismo se reserva el derecho a percibir los importes que se liquiden por Comunicación Pública en las sociedades de gestión colectiva que representan a los productores fonográficos. Esta recaudación será destinada a la realización del Programa “Mi Primer Disco”, a través del cual se fomentará la primera producción discográfica de distintos solistas o agrupaciones musicales de nuestro país.

Al recuperar este catálogo, podría decirse que se recupera parte de la historia de la Argentina, el premio tras muchas horas de intenso trabajo.

“Significó una emoción increíble desde todo punto de vista. Es un orgullo grande porque esas obras que estuvieron ocultas durante todos esos años, vuelven a la vida. Esto es arte y cultura, un patrimonio cultural no puede estar sujeto a un litigio judicial durante tantos años, porque en el medio la sociedad que se pierde de valorarlo. No debería suceder nunca más”, sostiene Diego Boris.