Caminantes del Tawantinsuyu,  la vida en Qhapaq Ñan
Caminantes del Tawantinsuyu, la vida en Qhapaq Ñan

Caminantes del Tawantinsuyu, la vida en Qhapaq Ñan

Diversidad Cultural
Qhapaq Ñan, Sistema Vial Andino
En cada kilómetro del Qhapaq Ñan se encuentran elementos que representan la cosmovisión andina y que sobreviven en el ejercicio de armonía consciente con el universo que encarnan cada día las comunidades en sus territorios.
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Las comunidades andinas que habitan el Qhapaq Ñan son las que mantienen viva esta incomparable red de comunicación. Desde Jujuy hasta Mendoza se realizan prácticas culturales propias de una cosmovisión que es única en el mundo. A través de su manera de pastorear las cabras, de ofrendar el alimento, de observar los astros y de criar vida, parecieran situarse en otra galaxia, en un tiemp espacio incómodo de entender para las culturas occidentales, porque al acercarse brotan las preguntas sobre las formas de vinculación entre los seres humanos y los demás seres que habitan la tierra, el agua, el fuego, el cielo y más allá. 


(Foto: Ofrenda a la Pachamama en los Graneros de La Poma).

Pueblos ancestrales

Entre 13 segmentos de camino con sus 32 sitios arqueológicos asociados al Qhapac Ñan, la provincia de Salta cuenta con cuatro sitios: Santa Rosa de Tastil , Potrero de Payogasta, Los Graneros de la Poma y el Complejo Ceremonial Volcán Llullaillaco. Uno de los caminos entre estos sitios, tiene la la particularidad de ser uno de los dos únicos que siguen utilizando por las poblaciones actuales. “El tramo de camino entre Tastil y Potreros junto con el tramo de camino que hay en Jujuy, en la Quebrada Grande - Las Escaleras, son los dos únicos que se siguen utilizado ancestralmente", cuenta Mario Lazarovich, arquitecto e integrante del equipo Qhapaq Ñan Argentina.

Y agrega: "No hay camino vehicular, entonces, además de un sitio patrimonial histórico es de uso actual, y es el único medios de comunicación con el mundo que tienen las comunidades… bah, ahora también hay paneles solares con direct TV, pero para la comunicación entre pueblos, para el intercambio de cosechas o el recorrido de los rebaños, siguen utilizando ese camino". 


(Foto: Caminos de La Poma).

Gestión participativa

En todas las comunidades asociadas a estos segmentos persisten los cultivos andinos, las formas de organización tradicional, como las mingas colectivas de trabajo, la realización de ceremonias y fiestas que reflejan los principales valores de la cosmovisión andina. En los aspectos formales, el proyecto Qhapaq Ñan se organiza con una modalidad de gestión participativa entre todos los ámbitos: internacional, nacional, provincial y local, resaltando el rol central que cumplen las comunidades que forman parte de los sitios asociados.

Victoria Sosa, Secretaria pro-tempore por Argentina, explica que se crearon las Unidades de Gestión Local, que se organizan en los territorios, eligen sus representantes, acuerdan sus propios reglamentos y establecen las tareas en diálogo con las provincias. “Las comunidades son los verdaderos custodios del sitio, ya que se encuentran en los territorios y mantienen contacto permanente con la Unidad de Gestión Provincial, para realizar tareas de monitoreo, control del sitio, vigilancia y al mismo tiempo elevan propuestas sobre cómo quieren planificar los trabajos vinculados al Qhapaq Ñan", cuenta la especialista.

El sentir y vivir de las comunidades

Margarita Moya, Manolo Copa y Guillermo Colque crecieron alrededor de los sitios arqueológicos y los recorrieron cientos de veces como una parte más de su paisaje cotidiano. Hoy son las y los referentes de las Unidades de Gestión Local por la provincia de Salta.
(Foto: Sitio Graneros de La Poma).

Margarita

Ella se nombra Margarita, de la nación diaguita-calchaquí. Si bien en su DNI figura Moya como apellido, sabe que es implantado “porque los originarios no teníamos apellido”. Margarita fue elegida por votación como referente de la Unidad de Gestión Local. “Somos originarios pero estamos en este mundo, cuesta, pero las mujeres de a poco vamos ganando lugar”. Vive en La Poma, un pueblo de casas de adobe donde el sol sale 360 días por año. Cultiva arveja, zanahoria, habas, y sus preferidas, las papas andinas. En su casa funciona un hospedaje que ofrece comidas realizadas con productos cosechados por sus propias manos.

“Cada papa en el mundo andino tiene un sabor diferente. Hay una que es mas dulce, otra que es para realzar el sabor de las empanadas, hay otra muy seca que se usa para el puré. Cultivamos lo que se vende y lo que nos gusta. Está la agricultura que uno hace por placer, como la papa andina o el cultivo del maíz en sus distintas especies, pero también está lo que nos obliga la vida, la arveja que se vende muy bien y tiene buen precio en el mercado. Por ahí no es tan placentero cultivar aquello pero es algo que hay que hacer", cuenta Marga.

También, en enormes ollas de hierro, prepara chicha y aloja para celebrar en fechas importantes. “Nosotros seguimos ofrendando a la tierra, ahora llega un nuevo Pachacútec, comienzo de un nuevo año y se pide prosperidad al sol para un buen año de cosecha”.


(Foto: Margarita, de la nación diaguita-calchaquí).

¿Pachamama o el Dios europeo?

Como para el resto de las comunidades, la aparición formal del proyecto Qhapaq Ñan generó debates, desconfianzas y horas eternas de charlas.

Los pueblos originarios por mucho tiempo esperamos que alguien nos ayude para revalorizar nuestras costumbres, porque por mucho tiempo fueron temas tabú. Vos le preguntabas a alguien si creían en la pachamama y te decían que no, pero todos sabíamos que en el mes de agosto, en todas las casas, aunque sea en un lugar secreto, en el piso se le hacía una ofrenda. Ahora, gracias a estos proyectos, como el Qhapaq Ñan, la gente está dejando de tener vergüenza de ser quién es. Porque nosotros somos originarios, si bien nos evangelizaron y algunos creemos en un Dios europeo, otros incluso son evangelistas y todo lo que quieras, pero nuestras creencias están intactas, como los pedidos al sol, los pedidos a la luna, la imploración a la tierra por año fértil, una buena travesía, o una buena cosecha. Tenemos nuestros protectores, nuestos 'apus' en los cerros a los que les hacemos ofrendas y no tenemos que estar mal vistos por eso”.

Desconfianza, charlas y acuerdo

La primera reacción que tuvo el pueblo de La Poma frente al Qhapaq Ñan fue de desconfianza y de miedo a lo nuevo. "¿Qué viene atrás de esto?", pensaron todos. Pero con el tiempo, la participación en talleres de capacitación, las extensas horas del charlas con los equipos técnicos y el intercambio con comunidades del resto del país, fueron ganando confianza y comprometiéndose con el proyecto.

“Ser originarios antes era más un problema que una solución. Pero a partir del Qhapaq Ñan pudimos revalorizar quiénes somos, estamos acá, trabajamos como cualquiera, pero sabiendo que se nos respeta como un pueblo originarios".

Margarita sueña con poder hablar y cantar en su idioma, con recuperar su lengua perdida, el kakán, y poder hilvanar las pocas palabras, sílabas y voces que aun recuerda o que se guardaron en la memoria de otros pueblos.

Manolo, Diego Armando y Javier Arjona

Santa Rosa de Tastil es una de las ciudades precolombinas más grandes de la Argentina. Allí, por momentos, el viento zonda, entre nubarrones de tierra, se podría llevar volando hasta a un niño de cinco años. El resto de los días, el sol pleno nutre los cultivos de arveja, papa, ajo, maíz. En la comunidad de Tastil viven 25 familias, pero hace 1500 años, vivieron casi 3000 personas. Lo que se reconoce como el sitio sagrado fue un centro comercial, un punto de unión entre el Valle Calchaquí con la Puna, con el Valle de Lerma.

La Tastileña es la imagen que identifica al pueblo de Tastil. “Un pueblo que se representa con una mujer bailando es un pueblo feliz”, dice Manolo Copa, presidente de la Unidad de Gestión Local de Tastil, quien con su simpatía y buen humor no deja dudas de aquello que menciona.


(Foto: El pueblo de Tasti).

Volver a integrarnos al mundo

Nosotros como comunidades hemos tratado siempre de proteger y cuidar nuestros bienes. Cuando llegan profesionales, la UNESCO con el Proyecto Qhapaq Ñan a nivel mundial, tuvimos muchas discusiones sobre los usos del sitio sagrado y en los últimos diez años hemos ido avanzando con varios acuerdos. Somos testigos y podemos brindar el testimonio de cómo nuestras comunidades se han podido juntar con el Estado para que nuestros sitios sagrados, nuestros caminos, hoy día puedan tener el valor que tienen”.

“El Qhapaq Ñan ha traído una fuerte visibilización para Tastil, no solo por el cuidado del sitio, que ya lo hemos hecho, que lo estamos haciendo y lo hemos puesto en valor, sino que estamos trabajando sobre políticas de impacto ambiental, como los residuos, la minería, el uso del agua, la reforestación de la zona. Siempre decimos que Qhapaq Ñan ha sido para nuestras comunidades una puerta para volver a integrarnos al mundo. Nos esta ayudando a trabajar a través del turismo comunitario, por ejemplo, tenemos organizaciones, asociaciones, tal como nos pide el Estado, y eso nos llevó a tener una capacidad mayor de entendimiento y de poder sentarnos a la mesa, hablar con los funcionarios y explicarles por qué tiene haber políticas destinadas hacia al Qhapaq Ñan. Un Qhapaq Ñan sustentable es lo que nosotros buscamos”.

Soberanía alimentaria andina

Entre las comunidades de Tastil formaron la cooperativa 'Teki Masi' (Pequeños Amigos), donde producen principalmente papa andina. “Nosotros seguimos teniendo como principal producto la papa andina. Hemos revalorizado todas las variedades de papá que tenemos y hemos trabajado muy fuerte porque el cultivo de algunos productos estaba casi perdido en nuestras comunidades. Incluso hemos logrado ingresar a mercados de Capital Federal o participar en “Caminos y Sabores” o en “Masticar”. Pero esto, más allá de que podemos hablar de un producto, lo que está en juego la soberanía alimentaria que tenemos que ir conservando. Nosotros somos circulares: nacemos, crecemos y morimos, y de repente en, algún momento, lo hemos empezado a cambiar, a hacerlo todo lineal. Ser conscientes de esto nos está llevando a volver a cuidar nuestra naturaleza, a no agredirla, aprovecharla. Nosotros siempre hablamos del buen vivir, que significa que tengamos lo justo y lo necesario para poder vivir, que las familias puedan vivir en paz, que las familias no se vayan del territorio, que se evite el desarraigo”.

Para Manolo cuidar, proteger y respetar el Qhapaq Ñan, como lo hicieron los abuelos de sus abuelos, significa futuro, una nueva historia para los pueblos. Por eso Diego Armando Copa y Sergio Arjona participan activamente de las actividades vinculadas al Proyecto.

Tienen 20 y 21 años. Sueñan con construirse sus propias casas y seguir aprendiendo sobre turismo y ecología, como lo hicieron en su colegio de montaña “Alfarcito”, a la que asisten estudiantes de las pequeñas comunidades salpicadas por la Quebrada del Toro. Portando ese nombre de astro, Diego Armando se siente custodio del sitio. “Subió” por primera vez con la escuela primaria y luego con la secundaria. Ahora es becario del proyecto y participa de capacitaciones y trabajos de puesta en valor de los sitios arqueológicos.

Nosotros fuimos unos de obreros que trabajamos en las obras de conservación del sitio en Tastil y en el camino a Capilla. Para mí es muy importante Qhapaq Ñan, aprendí muchas cosas sobre el sistema vial andino, sobre todo después la experiencia que tuve en Tastil, donde trabajamos con la arqueóloga la peruana Amelia Pérez Trujillo, porque antes veía el sitio así de pasadita y pensaba que eran piedras que no tenían valor, pero después, cuando fuimos a capacitaciones y cuando empezamos a trabajar ahí, sí ya lo tuve mucho en cuenta”, relata Diego Armando.

Lo que hicimos ahorita en Tastil fue trabajar con parte de los recintos que son cuadrangulares, rectangulares y semicirculares y había muchas parte que estaban todas caídas, entonces hicimos trabajos de restitución, consolidación de la calzadura y recomposición. Yo ya sabía trabajar la pirca porque lo aprendí en mi casa pero ahora aprendí más. Yo le contaba a los arqueólogos como la trabajaba y ellos nos enseñaban algunas técnicas. Además nos enseñaron cómo tratar los restos de cerámica, de huesos que aparecían en el sitio", agrega.

Sergio Arjona recuerda todos los días de capacitación y trabajo que tuvieron: 30 días en el sitio y 42 días en lo que es el Camino del Inca y 12 días de capacitación en la ciudad como en el sitio mismo. Hoy participa de los talleres de conservación y restauración en barro que se da en Cachi. "Lo que me parece muy intersante es intercambiar con personas. Hoy pudimos charlar con una persona que vino de Cuzco y nos contó un poco cómo es la cultura del Peru. Además de aprender sobre un tema en particular, intercambiar culturas lo más interesante".

Guillermo Colque, de Potreros de Payogasta

Desde que siendo un niño vió por primera vez a los Potreros de Payogasta, Guillermo no paró de hacerse preguntas. Dentro del predio que ocupa la finca de su familia, se ubica el sitio arqueológico, que recorrió miles de veces buscando respuestas en casa piedra, en cada construcción. Guillermo sabía que dentro de ellas se esconden deidades que hablan a través del silencio.

A mí me gustaba andar mucho en bicicleta, jugando, recorriendo el lugar, andando por el río y por los cerros. Y el sitio siempre estuvo ahí, muy solitario, pero al ingresar uno ve la historia misma. Si bien las construcciones son de piedra y barro, al igual que muchas de las casas donde habitamos hoy en día, esas viviendas, esos recintos estaban todos caídos por el paso de los años y las inclemencias del tiempo. Nosotros nos sentábamos a mirar con la gente del lugar y pensábamos cómo restaurar, conservar el sitio y lo queríamos hacer ya. Pero después entendíamos que no, que tenía que venir gente capacitada a que lo realice. Con el tiempo empezaron a llegar estas reuniones del Proyecto Qhapaq Ñan y gente que trabajaba en el tema, arqueólogos, antropólogos, especialistas en trabajo en el barro, que no cualquiera lo a hace. Ahí empezamos a movilizarnos un poco y a decir 'se puede hacer esto y hay interés por a hacerlo'. Hoy en día estamos trabajando en conjunto. Y eso que antes era un sueño, es una realidad. Creo que el tiempo nos a dando algunas de las respuestas: el cómo lo hacemos, acá ya hay una manera”.

 

(Foto: Guillermo Colque)

El sitio arqueológico está aislado del pueblo de Payogasta y es de difícil acceso. Está rodeado de murallas, lo que demuestra que fue un sitio de mucha importancia a nivel ceremonial y militar ya que desde allí se podía tener el control político del norte del Valle Calchaquí. Guillermo pidió la guarda del lugar. “Si bien soy propietario de la finca, soy custodio del sitio arqueológico, porque es algo que me apasiona”.

Uno siempre vuelve a ese lugar, hay algo mágico que te lleva y te deja ahí. Creo que los que todos los que estamos hoy acá, si nos preguntamos qué hacemos trabajando en estos lugares, creo que la pregunta o la respuesta está en el día a día, mirando los paisajes, y entendido por qué los Incas construyeron en este lugar su cuidad. Me gusta pensar en el barro, en la unión del agua y de la tierra, y así tiene que estar unido del Qhapaq Ñan, para volver a hacerlo resplandecer como en sus mejores tiempos a estos lugares. Y querer y valorar al sitio conservado como al sitio como en aquellos años”.