Arte en Hospitales: ¿cómo ayuda a transitar la enfermedad?
Arte en Hospitales: ¿cómo ayuda a transitar la enfermedad?

Arte en Hospitales: ¿cómo ayuda a transitar la enfermedad?

Arte
Música
Artistas y musicoterapeutas recorren las salas de espera y de terapia intensiva de hospitales porteños acompañando los momentos de padecimiento o de espera de pacientes y familiares.
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El Hospital Municipal de Quemados, Hospital de niños Pedro de Elizalde, Hospital Garrahan, Hospital Bernardino Rivadavia, Hospital de niños Ricardo Gutiérrez y el Hospital de Clínicas son los espacios a los que, semana tras semana, se acerca Arte en Hospitales, un programa que promueve al arte como parte del proceso salud/enfermedad.

Con la simpleza de un “Manuelita vivía en Pehaujó” o las vibraciones de un sonajero hecho con llaves, los músicos se cuelan en las salas de espera y el bullicio producto de la TV encendida, de los llantos de los niños, del llamado por apellido para los turnos, se comienza a desvanecer y los acordes toman protagonismo.

“Puedo matar el tiempo, o puedo darle vida a un momento difícil. Puedo desesperarme o puedo aceptar la espera y, hasta quizás, puedo prestarle atención a estos músicos locos que traen cuencos, birimbaos e instrumentos raros. Puedo cerrar los ojos, tener un momento de quietud, de calma o placer. Puedo también expresar algo de lo que siento y compartirlo con otros que están en una situación parecida, o simplemente escuchar algo distinto”, cuenta Vanesa Menéndez, una de las integrantes del grupo Rincón de Música.

Termómetro emocional

A Rincón de Música lo forman Yael Martínez, Ana Carolina Pont y la musicoterapeuta Vanesa Menéndez. El equipo tiene un termómetro emocional y una valija de propuestas que van adaptando según perciban la densidad del lugar. Hacen canciones referenciales, cuentos sonoros y toques con instrumentos, algunos de origen afro, y otros que se utilizan en meditaciones, sanaciones y rituales, como birimbaos, zamafones, ukeleles, oceánicos, maracas y cuencos.

"¿Qué sintieron? ¿qué sensación les provocó el sonido? ¿imaginaron algo?", pregunta Ana Carolina a las personas de todas las edades que aguardan en la sala de espera del Hospital Municipal de Quemados.

"Yo vi el mar", dice un chico de 9 años. "Yo sentí mucha paz, mucha tranquilidad", agrega una señora que tres minutos antes que llegaran los músicos insultaba al aire por el largo tiempo de espera.

"Me dio alegría". "Yo vi todo negro". "A mi me retumbaba acá dentro", dice una niñita tocándose el pecho. Éstas son algunas de las sensaciones que aparecen cuando los músicos comienzan a caminar por pasillos y butacas del hospital; de repente, el espacio público se transforma un espacio íntimo y comunitario.

Rincón de música busca crear una atmósfera distinta por un rato, convencidos de que el bienestar no depende solo de los remedios que recetan los médicos, sino de una aptitud propia frente al síntoma. “Intentamos hacer activo lo pasivo, como una metáfora de la salud ¿no?”, aseguran.

En las salas de terapia intensiva, donde se encuentran niños y niñas, muchos de ellos inmovilizados por las quemaduras, la complicidad, la comicidad, los juegos de miradas, la improvisación, son los principales destinatarios de esas caricias al alma.

María Gabriela Sierro y Viviana Visintin son trabajadoras sociales. Forman parte del Servicio Social del hospital y conviven con las implicancias de un modelo médico hegemónico, donde las cuestiones biológicas y científicas son relevantes en el abordaje de un tratamiento por sobre los procesos sociales, culturales o psicológicos que atraviesan al paciente.

“Al principio los médicos, médicas y enfermeras se muestran reticentes a la participación de los musicoterapeutas. Piensan que es solo entretenimiento, no consideran que pueden ser parte de un proceso de sanación, pero de a poco van notando los efectos positivos de esas intervenciones. Y hasta en algunos casos se suman a las actividades y piden que vuelvan, todo un logro”, comenta María Gabriela.

La propuesta es concreta, breve, potente y busca dejar una huella expansiva en las emociones, ser un canal para vehiculizar, desde la música o desde la poesía, eso que muchas veces el dolor no permite nombrar.

“El padecimiento tiene grados y tiene etapas. Hay etapas en las cuales la persona no puede conectar con otra cosa que no sea el dolor, en esos casos el silencio es nuestra mejor intervención. Por eso decimos que nuestra tarea no es curar sino acompañar los procesos de sanación de cada persona, cuenta el equipo entre melodía y melodía.

*Agradecemos al Equipo del Servicio Social del Hospital Municipal de Quemados / Yael Martínez /Ana Carolina Pont / Vanesa Menéndez / Romina Bonnetto. Fotos: Pablo Donadío.