125 años de la creación del Museo Nacional de Bellas Artes
125 años de la creación del Museo Nacional de Bellas Artes

125 años de la creación del Museo Nacional de Bellas Artes

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El 16 de julio de 1895 el entonces presidente de la Nación, José Evaristo Uriburu, firmó un Decreto con el que fundó la casa del arte más importante del país. Enterate en esta nota, cómo se convirtió, además, en uno de los Museos más notables de América Latina.

Luego de aquel 16 de julio cuando el mandatario José Evaristo Uriburu firmó el Decreto para crear el Museo Nacional de Bellas Artes, en la Navidad de 1896 se abrieron finalmente las puertas de su primera sede, que estuvo ubicada en el edificio del Bon Marché de la calle Florida. En ese mismo escrito, también se le asignó el cargo de director a Eduardo Schiaffino, pintor, crítico y considerado el primer historiador del arte en la Argentina. Schiaffino, por su parte, era uno de los que postulaba la formación y autonomía de un arte propio y nacional. Con esa intención, comenzó la primera gestión del Museo.     

La necesidad no solo de contar con un espacio propicio, sino además con una institución que conservara, exhibiera y difundiera las artes plásticas del momento en esta parte de la región quedó bien explícita en parte de aquel texto oficial: “Considerando que el tiempo transcurre sin que se cumpla la voluntad de los generosos donantes que legaron o donaron al Estado sus colecciones particulares, con el único objeto de que sirvieran de base a un Museo Nacional de Bellas Artes -cuya falta en la Capital de la República está en completo desacuerdo con el adelanto intelectual de la Nación-; y dichas obras actualmente depositadas lejos del acceso del público y otras esparcidas en distintas reparticiones de la Administración Nacional, aunque garantizadas de pérdida material, corren el riesgo de deteriorarse, privadas, como se hallan, del cuidado inmediato de personas técnicamente competentes”.

La urgencia, como bien se señala en el Decreto, también estaba en “poner al alcance de los estudiantes aquellas obras que son de patrimonio público, y es menester dotar a nuestro arte naciente de la institución oficial a que tiene derecho, para salvar del olvido y guardar en el tiempo las manifestaciones artísticas más interesantes de la inteligencia argentina”.

Además, se estableció que las oficinas de la Nación que posean pinturas, dibujos, esculturas y objetos de arte, y que no formen parte de galerías especiales (como aquellas que pertenecían, por ejemplo, a la Biblioteca Nacional, entonces dirigida por Pablo Groussac), debían ser entregadas al incipiente “Museo Nacional de Buenos Aires”, como también se lo conoció originalmente.

125 años de Museo Nacional de Bellas Artes

El Museo Nacional de Bellas Artes se planteó, además de promover y consolidar un naciente arte argentino, como un espacio destinado a albergar arte internacional de todos los períodos históricos. De alguna manera, comenzó a exhibir géneros y estilos plásticos que, además, moldeaban el gusto artístico y estético de una joven nación. En 1910, celebrando el primer Centenario patrio, Museo ya contaba con un acervo importante que reunía obras de los maestros Francisco de Goya, Joaquín Sorolla y Bastida, Edgar Degas y Pierre-Auguste Renoir. 

Además, una de las primeras colecciones en integrarse fue la de Manuel José Guerrico: un terrateniente que, durante esos años, se encontraba en Europa exiliado tras el asesinato de su suegro Manuel Vicente Maza en manos de los rosistas. Su casa se convirtió en el centro de sociabilidad de muchos argentinos que pasaban por Europa, como Domingo Faustino Sarmiento y Juan Bautista Alberdi. A Guerrico se lo considera hoy el primer coleccionista de arte argentino y el Museo conserva una sala entera de las piezas que conservó. 

En 1911, se inauguró la segunda sede del Bellas Artes: el Pabellón Argentino, una estructura monumental que el país había utilizado en la Exposición Universal de París de 1889 y que fue instalada en la Plaza San Martín. Allí, se exhibieron nuevas adquisiciones que ampliaron la colección, como La ninfa sorprendida, de Édouard Manet, y Orillas del Sena, de Claude Monet.

Finalmente, la institución se trasladó en 1933 a su sede actual: la antigua Casa de Bombas de Recoleta, remodelada por el arquitecto Alejandro Bustillo. Durante esos años, se incorporaron destacadas piezas, entre ellas: Mujer del mar, de Paul Gauguin, Le Moulin de la Galette, de Vincent van Gogh, y Jesús en el huerto de los Olivos, del Greco. También, durante las últimas décadas del siglo XX, llegaron otras tantas obras de grandes referentes del arte moderno internacional, como Pablo Picasso, Amedeo Modigliani, Marc Chagall, Vassily Kandinsky, Paul Klee, Lucio Fontana, Jackson Pollock, Mark Rothko y Henry Moore.

Sala Guerrico.

Por supuesto, la historia de la producción local ocupa gran parte de las salas, exponiento un vasto panorama del arte argentino que soñaron sus fundadores. Entre los maestros de nuestro país, están Cándido López, Prilidiano Pueyrredón, Emilio Pettoruti, Xul Solar, Raquel Forner, Grete Stern, Antonio Berni, Alicia Penalba, Gyula Kosice, Marta Minujín, Antonio Seguí y León Ferrari. Además, posee un importante conjunto de arte latinoamericano, que reúne obras de Pedro Figari, Joaquín Torres García, Tarsila Do Amaral, Diego Rivera y Jesús Rafael Soto, entre otras.

Así, el acervo cultural de Museo fue creciendo año a año y, con las notables muestras permanentes, temporarias e itinerantes que se realizaron en cada una de sus gestiones, este espacio dedicado a lo mejor de las artes plásticas no solo se convirtió en la institución artística más importante del país, sino también una de las más destacadas de América Latina. Los miles de visitantes de todos los países de la región que llegan durante los 365 días del año son también quienes demuestran la importancia de la institución, en tanto espacio de exhibición, difusión, investigación y conservación artísticas. Incluso, en 2004, el Museo inauguró una nueva sede en la capital de la provincia de Neuquén, coincidiendo con el Centésimo aniversario de esa ciudad.   

La ninfa sorprendida (1861), de Édouard Manet.

A 125 años del Decreto que inauguró esta gran casa del arte, Andrés Duprat, actual director del Museo, compartió para la ocasión: “La creación del MNBA significó un hito de gran relevancia en la historia de la cultura argentina. En estos 125 años la institución ha ido afianzando su rol de constructor de la memoria visual de la nación, volviéndose eje del arte argentino en diálogo con todas las tradiciones culturales del mundo. Para mí es un honor poder continuar la labor visionaria de Eduardo Schiaffino, gran artista, intelectual, gestor cultural, que propuso al Museo como un espacio de acogimiento, difusión, debate y preservación patrimonial de las producciones artísticas nacionales y universales”.

Le moulin de la galette (c. 1886-1887), de Vincent va Gogh.

Y agregó: “Cada etapa de nuestra historia artística, desde las creaciones de los pueblos originarios hasta las experiencias con nuevos lenguajes en el presente, encuentran en el Museo su lugar desde el cual dialogan con una sociedad que ha sabido apreciar e involucrarse con las obras de nuestros máximos creadores. Nuestra gestión está centrada en sostener esos ejes que articulan universos singulares y diversos, en el convencimiento de que el arte cumple un papel de gran importancia en el devenir de la nación en la medida en que contribuye a la identidad de los pueblos”.