entrevista

"La música clásica no tiene que estar restringida"

"La música clásica no tiene que estar restringida"

Horacio Lavandera aprendió a tocar el piano a los seis años con su tía abuela. A los 30, ya tiene nueve discos editados e infinidad de conciertos en distintas ciudades del mundo. Toda la familia Lavandera está vinculada con la música en forma directa o indirecta, pero el talentoso pianista, director de orquesta y compositor parece ser un verdadero adelantado en la materia. Acompañado por su padre, José María, percusionista de la Orquesta de Tango de Buenos Aires, Horacio llega a la cita pautada en el Centro Cultural Kirchner 15 minutos antes de lo previsto.


—¿Cómo es nacer en una familia de músicos?

—Es muy especial. Recuerdo desde muy chico que de lo único que se hablaba en casa era de música. Nací yendo a los ensayos de la orquesta de tango de mi papá, me llevaba de muy pequeño, me enseñó a leer música antes de saber el abecedario. En algún momento también me interesaron las ciencias y el fútbol, pero después me decidí por la música, que es lo que más me apasiona. De pequeño me imaginaba muchas de las cosas que estoy haciendo ahora: dirigir orquestas, componer mi música, tocar mi música. Creo que algunas cosas las cumplí y estoy más que agradecido.



—En sus calendarios de conciertos conviven tanto las presentaciones en grandes salas como actuaciones gratuitas o a beneficio, como si buscara acercarse a varios públicos distintos. ¿Es así?

—Es maravilloso que existan en Argentina diversos ámbitos donde se puede hacer música. Y está muy bien que se organicen conciertos a beneficio o gratuitos, porque creo que eso acerca a la música a un nuevo público, que no tiene acceso quizás los grandes ciclos, que son carísimos. En Buenos Aires hay un montón de espacios y centros culturales, pero creo que también hay que preocuparse por el interior.


—Desde el año 2013 realiza giras en distintos puntos del país que organiza el Ministerio de Cultura, ¿cómo vive esas experiencias?

—En principio estuve trabajando con el Ministerio de Ciencia y Tecnología, en todo un ciclo que se llamó “Noches de Música y Ciencia”. También viajamos por el interior, estuvimos en Paraná, en Tucumán... Y esto fue formidable, porque era llevar algo realmente muy específico a un público masivo.

Luego con Igualdad Cultural estuve haciendo toda una gira con la Camerata Bariloche, y estuvimos en ciudades donde quizá hacía 60 años que no había habido orquestas tocando por ahí, como en Chilecito. Recuerdo muchas personas que decían: “Esta quizás es la única vez en mi vida que yo lo puedo ver”. Creo que el objetivo central de los aparatos culturales y estatales es poder acercar no solamente lo que empresarialmente funciona, sino también lo que te hace crecer como ser humano. Contra esto hay que luchar, y hay que luchar con un aparato fuerte estatal que esté preocupado por todas las sociedades, hasta los puntos más pequeños, que necesitan realmente tener acceso a las artes.



—El mundo de la música clásica muchas veces se muestra cerrado al gran público, como si fuera sólo para “entendidos”. ¿Cuál es su opinión al respecto?

—Yo creo que los músicos clásicos, especialmente Bach, Mozart o Beethoven, cuando elaboraron su música, lo hicieron en un lenguaje para todos. Es una música hecha y pensada, preconcebida, para que sea un lenguaje universal. Entonces no tiene distinciones: ni de nacionalidades, ni de razas, ni de religiones. La música no tiene que estar restringida a ningún tipo de límite.


—El último 24 de mayo participó en el primer concierto en La Ballena Azul, en la inauguración del Centro Cultural Kirchner. ¿Qué recuerda de ese momento?

—Fue una experiencia fenomenal. Estoy eternamente agradecido de que me hayan convocado a la inauguración. Interpreté uno de mis conciertos favoritos de piano y orquesta, el Número Cinco de Beethoven. También era una prueba de fuego para la acústica de la sala, que mostró ser ideal para este tipo de música. Luego, a raíz de este concierto, di una charla sobre música contemporánea y estrené varias piezas para piano, que hice hace dos o tres años con una doctora en Matemáticas.

Creo que es algo fantástico que se haya abierto un centro cultural como el Kirchner, porque es como un foco. Ojalá que la programación pueda seguir apuntando a presentar a los jóvenes compositores, o a quienes tengamos ideas que van por otros lugares más alternativos. Por eso es formidable tener un lugar de expresión, un lugar donde puedas mostrar tu arte, lo que estás creando, que lógicamente en ámbitos más estructurados o con otra línea política, sería imposible.



—En este sentido, el programa “Tendiendo puentes”, que conduce por canal Encuentro, ayuda a difundir la obra de nuevos compositores. ¿Cómo surgió esta idea?

—Era un programa de televisión que quería hacer hace muchísimo tiempo. Era un sueño poder presentar la música de nuevos compositores de mi generación, gente más joven que yo inclusive. Hay gente que tiene muchísimo valor, que está trabajando muchísimo, que se esfuerza por crear un lenguaje completamente nuevo, pero no tiene voz, entonces todo queda debajo de un escritorio. Fue realmente maravilloso para mí.


—¿Y usted qué intereses tiene a la hora de componer?

—Este año se estrenó una obra mía como compositor, “Cuerdas del espacio I”, que es una serie de piezas de música de cámara. Esta obra está inspirada en dos aspectos muy importantes. Uno tiene que ver con los quipus de los incas, que son modos de comunicación que tenían. De algún modo era su escritura, y se ha comprobado que con esta escritura inclusive llegaron a diagramar objetos del espacio, ciertos códigos astrofísicos, calendarios. Y por otro lado está la Teoría de Cuerdas de Juan Maldacena. Estos dos choques me inspiraron para esta serie de piezas de música de cámara. Me interesa siempre ir más lejos, ir hacia las culturas precolombinas, tratar de tomar y retomar algunos tipos de escalas de este tipo de culturas, desarrollarlas y mixturarlas con lo que me gusta a mí de la música.



—En sus composiciones está muy presente la naturaleza también, ¿puede ser?

—A ver, cómo explicarlo... Por qué trabajo con una doctora en Matemáticas: porque me puede proveer funciones caóticas que tienen que ver justamente con estados de la naturaleza. Que sea como estar sumergido realmente en medio del espacio, en medio de la irregularidad cuando uno ve las estrellas, cómo están dispuestas. O mismo un árbol que te encuentres por la calle, su diseño, todo es completamente irregular... Los caminos que puede tomar artísticamente la misma naturaleza son siempre imprevisibles, entonces a mí eso es lo que más me atrae como autor.


—En una entrevista usted dijo que el piano era algo así como su nave espacial. ¿Puede explicarlo?

—Una vez tenía que dar una charla a niños muy pequeños, de 6 ó 7 años. Entonces en un sentido metafórico les dije que el piano era como mi nave espacial, porque te permite viajar por distintos lugares, donde te vas a encontrar con distintas atmósferas, distintos colores. Como la música que trabajo yo generalmente no tiene letra, no estoy atado a un concepto sino que estoy liberado a una abstracción. Creo que son más limitados los astronautas que un pianista, porque finalmente el astronauta tiene que cumplir una misión, y mi misión la decido yo. Esa es la ventaja que tiene mi trabajo. Y es maravilloso.