entrevista

"Un artista debe comprometerse con su momento histórico"

"Un artista debe comprometerse con su momento histórico"

Gyula Kosice es uno de los artistas más prolíficos y multifacéticos del siglo XX y XXI. Pionero del arte hidrocinético y lumínico, fue el primero en utilizar el agua y el gas neón en una obra de arte, y en realizar, en Latinoamérica, una escultura articulada y móvil (“Röyi”, en 1944). Ha experimentado con luces led, de neón y componentes electrónicos. Muchas de estas obras integran colecciones privadas y públicas de todo el mundo y sus esculturas y monumentos se emplazan en la vía pública de sitios tan variados como Buenos Aires, Jerusalén, Uruguay y Corea.

Nacido en 1924 en la frontera checohúngara de Košice como Ferdinand Fallik, cruzó el océano a los 4 años junto a su familia para asentarse en la Argentina, país que adoptó como propio. Esos son los primeros recuerdos de Kosice con el agua, un elemento que algunos años después se plasmaría de lleno en sus obras: a los 18 años, el diseño de “Una gota de agua acunada a toda velocidad” marcaría su carrera como creador de la primera obra hidrocinética del mundo. Desde entonces, el camino de Kosice sería un recorrido para cumplir su mayor utopía: habitar el agua.

En los últimos años, el Estado argentino homenajeó y promovió la obra de Kosice. En 2014, se realizó una muestra retrospectiva en el predio de Tecnópolis. Actualmente, el Centro Cultural Kirchner exhibe "Cilindro luminoso y esfera", y el Museo Nacional de Bellas Artes resalta, en su nuevo guión curatorial de las salas recientemente inauguradas, la obra "Hidroactividad H13".

Gyula Kosice está sentado en una de las salas de su taller, en el Museo que, desde 2003, funciona en la casona que fue testigo por más de 30 años de sus creaciones. Allí exhibe de forma permanente toda su obra, que supera las 240 piezas, entre esculturas, objetos y algo de arte digital.

—Este museo es la reunión de todos los períodos de mi trayectoria, que son muchísimos. Mi carrera es de una longitud inconmensurable. Yo estoy muy conforme con mi obra y con este museo. Acá, todos los jueves recibo grupos de chicos. Ellos me hacen pensar en mi arte, en su significado y su sentido. Las obras tienen que hablar por mí. Por más que yo utilice un lenguaje confuso para teorizarla, lo importante es la relación directa e inmediata del espectador con la obra.


Kosice es uno de los artistas argentinos que marcó el ingreso a la modernidad del arte a nivel mundial.“Un artista tiene que estar comprometido completamente con su momento histórico”, asegura.

A lo largo de su carrera, ha realizado más de 50 exposiciones individuales y más de 500 muestras colectivas. Fue distinguido con el Premio Di Tella en 1962, con el Konex Platino en 1982, y con el premio a la Trayectoria en Artes Plásticas, otorgado por el Fondo Nacional de las Artes, en 1994. En 2013, el Centro Cultural Pompidou realizó la exposición “Modernidades múltiples, 1905-1970”. Allí, fue el único argentino que tuvo una sala enteramente dedicada a su obra. En el catálogo de la muestra, la curadora de colecciones contemporáneas del Pompidou, Camille Morineau, lo describió como “un visionario del arte contemporáneo”.

—Esa es una definición que me gusta. Yo a una obra la llamo júbilo, negación de toda melancolía. El sentimiento de vida. No nos olvidemos que el origen de la vida se genera en el agua, cosa que descubrí hace poco. Yo no puedo pensar que el artista no tenga una nomenclatura completamente fuera de serie, es decir, ¿en qué medida emite una obra y sabe que esa obra no se parecerá absolutamente a nada? La obra es. Es decir, es en su categoría de presencia y de irradiación de esa misma presencia. Con eso quiero decir que la obra en sí misma tiene que fundamentarse en un pensamiento catalizador para comprender al arte actual. Y el arte actual es arte, ciencia y tecnología.

En 1946, Kosice funda junto a los uruguayos Carmelo Arden Quin y Rhod Rothfuss el movimiento Madí, una de las corrientes artísticas de vanguardia más importantes del continente. El movimiento, que comenzó en Argentina y a partir de una expansión de sus fronteras se convirtió en un movimiento mundial, propuso por primera vez los marcos irregulares y recortados en la obra de arte, rompiendo con el clásico cuadro que albergaba, hasta el momento, a las pinturas. También reivindicaron la abstracción y la negación de la representación y del significado.

—En 1946 había propuesto: todo marco debe estar recortado, el rectángulo ya no corre más, los 90 grados tampoco. De manera que hay que ver la obra desde el comienzo mismo, hasta sus últimas consecuencias. Eso quiere decir que el marco se ve obligado a cambiar de contorno en todas sus posibilidades de realización.


—En sus obras y en sus proyectos, sigue sosteniendo muchas de las bases del arte Madí.

—La pintura ya quedó rebasada por el muro recortado. Es decir, comienzo y finalización de la obra en manos del artista. Ninguna representación ni expresión.

—¿Le interesa que el arte sea pensado?

—Por supuesto. Sino, ¿cómo voy a corregirlo? A mí me tocó, de alguna manera, introducir un criterio: supe corregir el azar, tanto en la realización de una maqueta, que luego paso a una obra donde hay otra corrección (el azar me obliga a hacerlo y yo tengo que corregirlo porque no vale eso, tiene que tener otros compronentes de creación total), como en mis relaciones personales, con la humanidad que me toca vivir.

En 1944, Kosice proclamó en su editorial de la revista de artes abstractas Arturo: “El hombre no ha de terminar en la tierra y conquistará el espacio multidimensional”, adelantándose al que quizás fuera su proyecto más ambicioso: la "Ciudad Hidroespacial", una urbe para habitar el espacio multidimensional a 1.500 metros sobre el nivel del mar, que extrae el agua de las nubes para su sustentación. Algunas décadas más tarde, en 2009, parte de esta obra fue adquirida por el Museo de Bellas Artes de Houston para su colección permanente.

—¿Qué importancia tiene en su obra la "Ciudad Hidroespacial"?

—Tuvo una importancia vital, porque retomo los hilos del 44, en los años 50. Hay una arquitectura de los 90 grados que hay que socavar desde el principio. Hay formas de expresión muy distintas. Para sustentar la "Ciudad Hidroespacial" creé textos, poesías, manifiestos y planos.

—¿Cuál es la fórmula para seguir trabajando y reinventándose en el mundo del arte después de 70 años de trayectoria?

—La clave es la inspiración, no hay otra. Yo no me adecúo a otra fórmula que no sea la fórmula tradicional. Vale todavía creer que la inspiración es el leit motiv para crear nuevas obras de arte.

—¿Qué lo inspira?

—Una cosa muy simple: la vida. Luego, la inspiración viene sola. Yo hago una maqueta, después la obra en sí y ya está, es fácil.

En realidad, explicará luego Max Pérez Fallik —su nieto y mano derecha en el Museo—, el proceso de realización de una obra de Kosice puede ser variado, pero nunca tan sencillo. En general la producción comienza con un boceto, o jugando con materiales y a partir de eso hace una maqueta, que después puede llegar a ser una obra en gran tamaño. Puede comenzar con una idea, porque la soñó o porque tiene un interés deliberado de experimentar con algún tipo de material o plasticidad. A partir de un boceto o maqueta, se proyecta el trabajo de producción, según las dimensiones finales que el artista quiere que tenga la obra y los materiales que se van a usar. Dependiendo de las tecnologías que requiera o los materiales que se usen, el proceso puede ser más o menos complicado. Una obra con agua o luz, por ejemplo, tiene un periodo de producción más largo. Las que incluyen metales, suman a su proceso el trabajo de una fundidora.

Desde hace unos años, Kosice trabaja con productores artísticos, que son los que se encargan de hacer material la obra, de llevarla del proyecto a la realidad tangible. Es un trabajo que requiere del manejo de materiales pesados, de pelar cables o hacer junturas.

—Hace cuatro años hizo por primera vez una obra con sonido. El desafío fue mezclar electrónicamente la luz con la música en una obra muy grande y de una gran complejidad técnica—, cuenta Max Pérez Fallik.

Por supuesto, hay un proceso de diálogo con los ayudantes, en el que Kosice muestra los bocetos o maquetas, da indicaciones.

—Los encargados de materializar las obras tienen que tener un conocimiento absolutamente cabal de los materiales con los que van a trabajar. Cada uno tiene sus particularidades a la hora de ser moldeados y juntados en una obra de arte, conocimientos de electricidad y electrónica. Hay que saber hacer todo el cableado interno, el uso de las bombas de agua, de los aireadores de agua—agrega—. Y también hay que saberlo manejar a Kosice.Nadie está preparado para lo que él quiere hacer, hay que tener la suficiente velocidad, conocimiento e interés para poder afrontar los desafíos que propone.

A los 91 años, de 9 a 12, todas las mañanas, Kosice trabaja en su taller, donde lo acompañan, como recuerdos vivos, fotografías en blanco y negro donde se lo ve junto a personajes como Jean Paul Sartre, Jorge Luis Borges, Umberto Eco, Ray Bradbury, Manuel Mujica Láinez, Le Corbusier, Alberto Giacometti y Pichón Riviere.

“Es incansable, nunca se queda quieto —lo describe su nieto—, siempre está buscando producir nuevas obras y formas de expresarse, e imponiéndose nuevos desafíos. Está en la búsqueda constante de una nueva unión entre el arte, la ciencia y la tecnología. Trabajar al lado suyo es no saber qué va a venir, y eso implica un desafío para todos los que estamos atrás de él. Kosice vive por y para el arte”.