entrevista

"Anhelaba ser nombrado Director Emérito de la Sinfónica"

Afirmó Pedro Ignacio Calderón, quien debido a su gran trayectoria es uno de los directores de orquesta más reconocidos de nuestro país.

"Anhelaba ser nombrado Director Emérito de la Sinfónica"

“Mi formación fue muy autodidacta. Hice un cursillo cuando tenía 15 años, en el que aprendí, como quien dice, a poner el auto en marcha y a hacer los cambios, y después seguí el camino por mi propia cuenta”. Quien rememora en clave casi anecdótica sus inicios es Pedro Ignacio Calderón, uno de los directores de orquesta más reconocidos de nuestro país, recientemente nombrado Director Emérito de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) tras 22 temporadas al frente del organismo.

Luego de ese “cursillo”, dictado por el maestro alemán Hermann Scherchen, la formación de Calderón siguió desarrollándose de forma poco tradicional. “Con picardía, me colaba en los ensayos de las orquestas que venían al país en las décadas del 40 y 50 para ver a los directores y aprender. Recién en 1960 conseguí una beca del Fondo Nacional de las Artes (FNA) y pude realizar mi primera experiencia en Europa, en la academia Santa Cecilia de Roma”, recuerda el director.

Desde allí, la historia de Calderón es más conocida: 22 años al frente de la Filarmónica de Buenos Aires y otros 22 en la conducción de la OSN. Entre tanto, dirigió en reiteradas ocasiones a prestigiosas orquestas europeas como la de Pasdeloup de París, Toulouse y Lille de France, la Sinfónica de Radiotelevisión Española y Nacional de España, la Tonkunstler de Viena, la Filarmónica de Leningrado y la de Radiotelevisión de Moscú.


—¿Cómo evalúa sus años al frente la OSN?

—Empecé a ejercer la dirección de la orquesta en 1994, en medio de una situación bastante caótica, muy confusa. Había falta de liderazgo, no eran claras las programaciones y se estaba perdiendo el público. De modo que una de las primeras labores a las que tuve que abocarme fue armar un grupo de trabajo y empezar a recuperar la confiabilidad en la programación, planificar a largo plazo y volver a tentar al público para que venga. Todo se dio bien: al poco tiempo, tanto la orquesta como yo comenzamos a recibir reconocimientos.


—Recientemente, fue reconocido con el cargo de Director Emérito de la orquesta. ¿Qué significado tiene para usted?


—Es algo que anhelaba y que me hizo sentir muy feliz. Esperaba esa distinción para poder retirarme de la dirección formal e institucional del organismo. Mi idea es continuar en relación con la orquesta, dirigiéndola eventualmente, pero en un plano estrictamente musical.


—En relación a la actualidad -y al futuro- de la OSN, ¿Qué opina de La Ballena Azul, la nueva sala del Centro Cultural Kirchner?

—Tener una sala propia de la OSN por primera vez en más de 60 años de historia siempre fue uno de los máximos deseos del organismo. Desde que se inició la construcción hubo mucha expectativa. Ahora sabemos que, además, la sala es espléndida, la acústica funciona muy bien y tiene uno de los mejores órganos del mundo. A mí entender, sólo falta ajustar algunos detalles, la orquesta debe acostumbrarse a tocar allí, probar con diferentes ubicaciones de los músicos sobre el escenario para lograr el mejor resultado. Pero hasta ahora es todo muy auspicioso.

—¿Cómo entiende usted el rol de un director de orquesta?

—Si el director se encarga de la conducción musical del organismo, yo diría que su responsabilidad primaria es producir una programación que introduzca las obras necesarias para darle lucimiento a la orquesta y para educar al público haciéndole escuchar obras que le vayan ampliando el horizonte musical, poder guiar a los espectadores a un conocimiento más amplio del repertorio sinfónico. Eso también produce un efecto muy importante en la orquesta, ayuda a manejar obras de diferentes estilos, épocas y compositores.


—¿Una orquesta puede sonar sin director?

—Sí, el nivel actual de las orquestas, que es técnicamente más elevado que lo que fue hace años o décadas, hace posible que determinadas obras puedan ser ejecutadas sin un director. No todas, porque hay algunas muy complejas que precisan el apoyo que la batuta le da al músico. Además, en sintonía con lo que mencionaba antes, otra de las funciones de un director es ir optimizando no solamente el nivel técnico de la orquesta sino también el nivel de respuesta emocional, expresiva, para poder transmitir al público los vericuetos más íntimos de las obras. Escudriñar, escarbar en la partitura y encontrar y transmitir al músico la esencia última de cada pieza.


—En relación a esa esencia escondida en cada obra. ¿A qué compositor le hubiera gustado conocer personalmente para que pueda contarle los secretos de sus creaciones?


—En realidad, no me hace falta la idea fantástica de un diálogo. Cuando uno ha profundizado mucho en las obras de un compositor, es como si, a través de la música, ya hubiese hablado con él. La pieza nos transmite cosas que después nosotros transmitimos a los músicos y, por extensión, al público. Todo intérprete debe desear entrar en ese último capítulo expresivo y de comunicación musical que va un poquito más allá del sonido escrito.


—¿Podría transmitir la sensación de dirigir?

—Para el director de orquesta estar frente al público es siempre una situación especial, es el momento de concreción de todo lo que se ha trabajado en los ensayos. Durante las funciones tenemos que armonizar tres variables: director, orquesta y público, y sentirlas de una manera unitaria. Hay que lograr incluso ponerse afuera y verse a uno mismo para juzgar si están haciendo las cosas como quiere. Hay una autocrítica instantánea, en el momento y en el lugar. Es una sensación única y muy difícil de transmitir, demandante y a la vez muy emocionante.

—¿Cómo evalúa la actualidad de la escena argentina de música clásica?

—En nuestro país hay mucha expectativa del público por la música clásica o académica. Las orquestas tocan a sala llena en todas partes. Hay muchos focos de producción musical en diferentes ciudades. Y, además de que hay mucho público, también hay muy buenos músicos. El presente además es federal: el horizonte musical no se extingue en Buenos Aires sino que tiene amplia cabida dentro del país.


—¿Considera que hay renovación a nivel de dirección y composición?

—Siempre hay jóvenes que están esperando a salir, a manifestarse. Algunos de los argentinos ya están dirigiendo con muy buenos resultados en el exterior. A nivel composición, creo que se está logrando escribir en un lenguaje diferente, no digo nuevo sino diferente, ya que es muy difícil hacer algo nuevo. Los repertorios de música clásica deben incluir, casi como obligación cultural, obras nuevas para darlas a conocer, pero la base sigue siendo Bach, Mozart, Beethoven, Brahms, Tchaikovsky. Su música sigue vigente, siguen siendo artistas actuales.