Lecciones de Catamarca

El avión amagó un par de veces con no aterrizar, demasiada niebla matutina sobre San Fernando del Valle de Catamarca. Recién amanecía. Lluvia fina y constante.

Debutaba el Primer Foro de Cultura Federal. La idea es simple: que viaje una comitiva de las tres secretarías del Ministerio de Cultura a encontrarse con el Secretario de Cultura de la Provincia y con todos los encargados de cultura de los municipios. Es decir, ir a conocerse las caras y a escucharse la voz.

Llegamos hasta el Centro de Integración e Identidad Ciudadana, el ex hotel Sussex. Queda en las afueras de la ciudad, donde ya se extienden los olivares. Hace algunos años estaba abandonado. La provincia lo recicló. Hay distintas salas, hay habitaciones, hay una pileta inmensa y una sala de enfermería. En vacaciones el lugar se llena de chicos de toda la provincia. Leen cuentos, pintan, escuchan recitales, juegan en la pileta, visitan la ciudad. Y también se les controla la salud y les aplican las vacunas que hagan falta. Un gran emprendimiento.

Cada secretaría expuso sus programas y luego se organizaron mesas de trabajo. En el almuerzo disfrutamos de Juan Ignacio Molina, un compositor y flautista de  música andina muy talentoso. Luego, se retomaron las mesas de trabajo. “Gracias por venir”, nos decían. “Gracias por estar,” respondíamos. Encontramos muchas ganas de trabajar y, mejor aun, trabajar juntos. Se habló de la necesidad de capacitar algunas áreas, especialmente en el diseño y financiación de proyectos culturales. También de la necesidad de realizar campañas de concientización, cuidado y preservación del patrimonio cultural y el financiamiento de obras para centros culturales, museos y rutas turísticas. No es casual. Catamarca es una provincia con un potencial increíble. Entre muchas cosas, tiene las mejores ruinas precolombinas del país, una geografía de todos colores y excelentes tejedores y artesanos de madera y hueso.

A la tardecita aproveché para visitar la tumba de Fray Mamerto Esquiú, en el impresionante convento de San Francisco. Este fraile tuvo un rol fundamental para la unión de los argentinos. En 1853 se había sancionado la constitución, en Santa Fe. Una parte del clero, la más conservadora, no estaba de acuerdo con el artículo que proclamaba la libertad religiosa. El clero tenía mucho peso político. Si la iglesia le quitaba apoyo al flamante texto, la guerra civil estaría otra vez a la vuelta de la esquina. Fray Mamerto Esquiú era un joven fraile con notable fama de orador. Sus superiores le dijeron que rechazara la constitución en la homilía. El país venía de muchos años de violencia y guerra civil. Ese día en la iglesia ya no entraba nadie de tanta gente amontonada. El fraile subió al púlpito y desoyendo las órdenes recibidas dijo que había que apoyar el proyecto de Constitución liberal, que era hora de la paz y de la libertad. Fue un sermón brillante y valiente. El pueblo catamarqueño ovacionó esta rebeldía y el sermón fue publicado por el gobierno. Los argentinos no querían más sangre. Se terminaba una era y empezaba otra. Ese es el espíritu que se necesita. Gente que confíe en la libertad y en la paz.