Para qué sirven los museos

¿Qué función tiene el patrimonio cultural? ¿Y los museos? ¿Para qué sirven? ¿Qué supuestos los sustentan? ¿Para quiénes, con quiénes y cómo tienen que trabajar?

Es indiscutible el hecho de que en los últimos años el mundo cambió, y con él las respuestas a esas preguntas. En primer lugar, la vertiginosidad de estos cambios constantes no hacen más que reafirmar la necesidad de trabajar y jerarquizar –tal como se hizo en este Ministerio de Cultura al crear esta Secretaría– el trabajo sobre el patrimonio cultural. Porque el patrimonio cultural –dentro o fuera de un museo, material o inmaterial, mueble o inmueble– es el sustento de una comunidad; construye una identidad; le da sentido a un grupo social.   

El trabajo de preservarlo es una responsabilidad mayor del Estado, es resguardar su identidad, es conocerla para construir a futuro. En ese marco, el trabajo de conservación de los bienes y sitios culturales a lo largo del país y la lucha contra el tráfico ilícito de los bienes culturales –que constituye el tercer tráfico ilícito más importante a nivel mundial– es un pilar fundamental de esta Secretaría.

Entre otros, los museos son grandes cuidadores de ese patrimonio. Pero la sociedad actual presenta nuevas necesidades y desafíos. Los museos devendrían en espacios congelados del pasado si ignoraran estos cambios y se limitaran a preservar objetos. El patrimonio cultural de nuestro país y nuestros museos debe servir para generar y explorar preguntas y posibles respuestas relevantes de la actualidad. Deben ayudarnos a debatir, a cuestionar, a investigar, a reflexionar sobre nuestro pasado, pero sobre todo sobre el presente y el futuro.

Los museos deben buscar interpelar y servir a todos, a aquellos que los visitan y a aquellos que todavía no lo hacen, buscando la multiplicidad de voces y expresiones. Los públicos más diversos están en condiciones de compartir ese patrimonio, de ponerlo en discusión y concretar nuevas formas de acceso y participación. La singularidad de los museos hoy radica, precisamente, en esta oportunidad de ensayar otros modos de convivencia social, de articular un “nosotros” a través de su invitación a hacer con otros, de construir comunidad.

El patrimonio cultural está en constante movimiento y construcción. No solo el patrimonio antiguo al que tradicionalmente consideramos valioso y que requiere de nuestro cuidado. También hoy, en este momento en que escribo estas líneas, se están generando nuevos bienes y prácticas culturales que identifican a la sociedad actual. La de los museos entonces tiene que ser una búsqueda y una construcción eterna. Creo que hay que pensarlos como museos “beta”, en constante construcción y modificación. Solo así, atentos y abiertos al visitante y dispuestos a innovar, podrán adaptarse siempre a un contexto que nunca está quieto. Solo así podemos aspirar a consolidar museos inclusivos, integrados a su comunidad, con una función relevante en el mundo actual.