Violencia y cultura: el fomento de la paz

17 de septiembre de 2011

En el último día del IV Congreso Iberoamericano de Cultura, se llevó a cabo la mesa de debate.

En el último día del IV Congreso Iberoamericano de Cultura, se llevó a cabo la mesa de debate “Violencia y Cultura: el fomento de la paz”, que contó con la presencia del ministro de Cultura de Costa Rica, Manuel Enrique Obregón López; el antropólogo costarricense Mario Zúñiga Núñez; el teólogo nicaragüense Guillermo Gómez Santibáñez; y el comunicador y periodista colombiano Jorge Melguizo.

A partir de la premisa de la Patria Grande, Obregón López sostuvo: “En toda la región, hay que empezar a escuchar cuáles son los nuevos valores de los jóvenes y cuáles, los problemas que realmente están padeciendo en el tema de la violencia, porque son ellos el sector más amplio de la población, y el que más sufre la violencia y la inseguridad ciudadana”. Luego, el ministro se volcó hacia las políticas aplicadas en su país y afirmó: “La abolición del ejército en Costa Rica nos permitió aumentar la inversión en temas de educación y seguridad social”. En este sentido, agregó: “Tal vez, la diferencia que tenemos en la actualidad con otros países de Centroamérica está relacionada con la cantidad de armas que hay en cada país. Sin embargo, los problemas son los mismos, pero al haber menos armas, los conflictos pueden resolverse de otras maneras sin implicar la violencia”.

A su turno, Zúñiga Núñez se explayó en la manera invertida en que la sociedad le atribuirle las causas del mal social a quienes lo padecen. En este sentido, sostuvo: “Tal vez, habría que mirar menos hacia afuera del colectivo social y más hacia adentro, para descubrir la violencia interna que posibilita, en la actualidad, la no consecución de la paz. Una violencia que hace que nuestras formas de organización tengan grandes niveles de inseguridad y que lleva a la perpetuación de la pobreza”. Para concluir, el antropólogo destacó: “Vista de esta manera, la violencia no es creada por quienes migran de o hacia nuestros países, o por quienes se convierten en pandillas, sino que es una violencia hundida en un orden social que nos constituye y no da lugar a la sensación de paz. Se trata de una concepción que nos llama a entender la violencia no como lo que altera el orden social establecido, sino como lo que lo posibilita y lo perpetúa”.

“A menudo, la violencia ha sido vista como negativa e indeseable, y como un recurso final cuando la palabra ahueca sus posibilidades en la resolución de conflictos”, subrayó Gómez Santibáñez. Sin embargo, el teólogo aseveró: “La violencia puede ser vista como discurso, como lenguaje que moldea los conflictos y las relaciones sociales, inmerso en la intención de crear escenarios sociopolíticos cuando otros discursos no son escuchados”.

Por su parte, Melguizo, quien fue secretario de Cultura de la Alcaldía de Medellín hasta 2010, explicó: “Lo contrario a la inseguridad no es la seguridad, es la convivencia, y esta no se logra con más policía ni con más ejércitos. Tampoco es con las armas como se responde a la inseguridad de nuestras ciudades y continentes, sino que se construye la convivencia fortaleciendo proyectos educativos, sociales y culturales”. En esta línea, y en referencia a programas como Puntos de Cultura, del Brasil, el periodista resaltó: “La cultura para la paz y la convivencia ya existe en los barrios más pobres y se basa en la cultura viva comunitaria, en donde cada organización trabaja con toda su creatividad, sus resistencias y persistencias, así como con expectativas y compromiso”. Sin embargo, agregó: “Estas organizaciones se encuentran en una soledad gubernamental; por eso, es necesario apoyar sus acciones desde los gobiernos, para darle la escala que necesitan y generar nuevas experiencia similares en muchos otros lugares”.