Una reflexión sobre el manifiesto y sus posibilidades

22 de marzo de 2015

La actividad, que se realizó en el Encuentro de la Palabra, fue encabezada por el secretario Ricardo Forster.

El Encuentro de la Palabra, que se realiza en Tecnópolis, dio en la tarde del domingo 22 de marzo el tono natural a una charla política, seguida por cuatrocientas personas, en la que el secretario de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional, Ricardo Forster; el artista plástico Daniel Santoro; y el docente, investigador y crítico cultural Alejandro Kaufman ensayaron posibles respuestas a una pregunta teórica pero comprometida: “¿Cuál es el manifiesto político de estos tiempos?”.

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“La verdad del manifiesto es algo fundacional que debe producirse. Nadie escribe un manifiesto sin creerse portador de una verdad profunda”, definió Forster y enseguida agregó que, a veces, los manifiestos son portadores de una verdad que desconoce el propio autor. “Lo extraordinario de escrituras que logran trasgredir las fronteras de su propio tiempo es que nos interpelan porque también se sustrajeron a los deseos de sus escritores. Hoy podemos leer el Manifiesto de Marx y el Facundo –el manifiesto de Sarmiento– con nuestros propios ojos, con nuestras propias necesidades y dilemas”, explicó el filósofo.

El funcionario también reflexionó sobre el escenario de la Argentina actual y apuntó: “Es llamativo cómo, en la historia del país, los portadores de un lenguaje –casi de un manifiesto– de la virtud pública terminan ofreciéndole a la sociedad esa extraña relación de profundos vicios privados que se disfrazan de moralina pública y que –si fuesen los dueños de la Argentina– terminarían arruinando para siempre el derecho de las mayorías a vivir en una república igualitaria”.

Puesto a pensar en los manifiestos del presente, Forster se refirió al discurso de casi cuatro horas que el 1.º de marzo último dio la presidenta de la Nación ante casi 300.000 personas: “Ahí hay un manifiesto: rescatar la vida pública, rescatar el lenguaje de la barbarie de quienes se creen dueños del lenguaje, de la producción, de las virtudes republicanas y del sentido de la historia, y que quieren transformar a los ‘bárbaros’ de la historia. Esos ‘bárbaros’ hoy le dicen a la barbarie contemporánea que es posible y necesario defender el lenguaje, escribir manifiestos y atreverse a pensar por uno mismo”.

A su turno, Kaufman también se ocupó de desglosar el sentido de la palabra “manifiesto” y afirmó: “Es una declaración acerca de algo que no es evidente; es algo que se dice en solitario, no espera una respuesta y supone un compromiso sin contrapartida; es una advertencia, una provocación que no pide ser comprendida, sino que solo se entiende a partir de la experiencia”.

El ensayista aludió al escenario político del país y sostuvo: “Tiene que haber una esperanza de convivencia en la Argentina. Tenemos que seguir luchando para que el no dejar vivir a los grandes movimientos nacionales, pueda ser superado alguna vez. Hasta ahora quizá hayamos avanzado un poco”.

El docente trajo a colación una de las mesas del reciente Foro Internacional por la Emancipación y la Igualdad titulada “Actualidad de las tradiciones emancipatorias” e invitó al público a ver la exposición que Horacio González ofreció allí.

Retomando aquel diálogo del encuentro organizado por el Ministerio de Cultura de la Nación, Kaufman concluyó: “En la tradición ilustrada argentina, hay una manera de ser cristianos que no reniega de lo religioso. Nuestro manifiesto es un manifiesto por el laicismo de los grandes movimientos populares. No es un laicismo que intenta borrar las religiones, sino que convive con formas de lo religioso. Y eso todavía espera su manifiesto”.

Santoro, autodefinido “pintor”, reflexionó sobre los manifiestos estéticos y la eterna tensión entre arte y política. “No es verdad que una imagen diga más que mil palabras –desafió–. Una imagen vale por las palabras que uno quiera ponerle y termina diciendo otra cosa”.

“Capturar la razón del arte al interior de las razones de la política sigue siendo una catástrofe ideológica. El arte tiene su propia dinámica y la política no puede pedirle nada”, aportó el artista plástico y agregó: “Es difícil que el arte cumpla bien una función en la estructura político-ideológica. El arte no sabe para dónde va o para qué sirve; no podemos estar seguros de nada, y de eso la política huye”.

El Encuentro de la Palabra 2015, que continúa hasta el 5 de abril con entrada gratuita, es organizado por Presidencia de la Nación; la Secretaría General de la Presidencia; los ministerios de Cultura, Educación y Planificación; la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip), el Plan Nacional Igualdad Cultural, el portal educativo Educ.ar y el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), entre otros organismos.