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Reflexiones sobre las nuevas prácticas democráticas en América del Sur

Cuatro expertos del mundo expusieron en el ciclo Debates y Combates
Reflexiones sobre las nuevas prácticas democráticas en América del Sur

Durante la tercera edición del ciclo de filosofía y política Debates y Combates, que lleva adelante la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación durante los días 11 y 12 de octubre, en el pabellón de Cultura en Tecnópolis, se desarrolló la mesa “Nuevas prácticas democráticas en América del Sur”, de la que participaron la doctora en Ciencias Políticas y docente brasileña Sonia Fleury, la profesora emérita de Geografía de la Open University de Reino Unido Doreen Massey, el comunicador social y abogado boliviano Hugo Moldiz Mercado, y el filósofo argentino Eduardo Rinesi.

Fleury disertó sobre “Los límites y potencialidades de una democracia no radical”. “Hoy hay en América Latina una idea de democracia como reconstrucción, redistribución y participación popular, en el marco del capitalismo financiero como construcción hegemónica”, definió. “Para ilustrar esto, voy a exponer el caso del Brasil, en donde hay una democracia ‘no radical’. Esto es así porque, aunque en los últimos 50 años el país se convirtió en la octava economía mundial, las estructuras políticas, sociales y culturales no se han modernizado”, afirmó la politóloga.

“En épocas más recientes, hubo un 'aggiornamiento' de los mecanismos de participación, y comenzó a valorarse la dimensión de la ciudadanía. La democracia deja de ser un mecanismo electivo y se construye una nueva institucionalidad a partir de la cual la sociedad se vincula con el Estado. Se fundan la noción de ‘derecho a tener derechos’ y la idea de la participación conjunta de la ciudadanía y el Estado en ‘la cosa pública’. Así, se creó una estructura de participación popular muy importante. Se generaron varios niveles ‘de gobernanza’ en los que participan tanto el Estado como los ciudadanos” enumeró Fleury sobre los cambios ocurridos en la democracia. Y dio ejemplos de estos procesos: el presupuesto participativo, a partir del cual la sociedad delibera sobre el uso del presupuesto público; y la creación de las conferencias, en las que la sociedad civil plantea soluciones a problemas comunes. “Esta construcción democrática está basada en el crecimiento de la clase media: la sociedad brasileña pasó de ser un triángulo a ser un hexágono por el amplio crecimiento de las clases medias”, explicó al referirse a las potencialidades de la democracia no radical en el Brasil.

Sobre los límites de la democracia, la politóloga aseveró: “Están en el área económica, donde aparece con fuerza el capital financiero. Además, hay fuertes reacciones conservadoras a nivel social, moral y político. El conservadurismo, que está en contra de la profundización de la democracia y tiene un discurso atomizado e individualista, avanzó mucho sobre la sociedad brasileña en los últimos años”.

Al reflexionar sobre el lema del ciclo, “Múltiples modernidades en un mundo multipolar”, Massey señaló: “El espacio es la dimensión de la multiplicidad, de la existencia simultánea de trayectorias. Sin embargo, la modernidad históricamente ha señalado una sola trayectoria, un futuro predefinido. Así, las diferencias contemporáneas, entre países por ejemplo, se organizan en una línea temporal que permite diferenciarlos como desarrollados, en vías de desarrollo o subdesarrollados. Es una forma de entender el mundo en la que ya se sabe cuál es el futuro, por eso, a este nivel, no hay cuestiones políticas, no hay alternativas, no hay multiplicidad. Así, hablar de modernidades múltiples supone reconocer la posibilidad de un futuro abierto a distintas formas de evolución”.

¿Qué es lo que podría constituir una multiplicidad que sea un verdadero reto para el modelo hegemónico?, se preguntó la geógrafa. “No tengo una respuesta, pero quiero sugerir ciertos criterios. Una verdadera alternativa supondría retar los principios básicos del modelo hegemónico, desarrollar una lógica propia y un modelo económico sostenible”, explicó, al tiempo que sostuvo que en América Latina, se está desarrollando una alternativa que ayuda a construir un mundo verdaderamente multipolar. “Vemos el reto al modelo hegemónico en la generación de nuevos espacios continentales en lo político, lo social y lo económico; en la reducción de la pobreza y en la creación de una identidad continental”, enumeró Massey. Para finalizar, señaló: “Todas estas iniciativas son pequeñas, difíciles y disputadas. También hay contradicciones en estos procesos, pero el ejemplo europeo demuestra lo importante que es el desarrollo del Estado y la ampliación del poder popular”.

A su turno, Moldiz Mercado contextualizó: “En América Latina, estamos viviendo un momento extraordinario de emancipación, de construcción de nuevas prácticas democráticas. En Bolivia, incorporamos formas de organización política, económica y cultural que los pueblos indígenas tenían antes de la invasión europea. Entendemos que la única manera de subvertir el orden capitalista es subvirtiendo la sociedad radicalmente”, disparó. “Hoy la salida supone una lucha democrática para ampliar la participación del pueblo. Porque no hay democracia política sin democracia social, y no puede haber democracia política y social sin la participación popular. Evo Morales sintetiza este proceso de subversión, ya que, desde 2005, viene derrotando al neoliberalismo en las urnas y en las calles”, sentenció Moldiz Mercado.

Sobre la actualidad política en la región, el abogado distinguió: “En América Latina, hay varios proyectos que buscan una alternativa al poder imperial, pero no son todos iguales. Hay gobiernos revolucionarios, como los de Bolivia, Venezuela y Ecuador; gobiernos progresistas, como los de Argentina y Brasil; y gobiernos de derecha. En los revolucionarios y progresistas, los pueblos escriben su propia historia”.

En referencia a los retos que plantea el poder económico mundial a América Latina, Moldiz Mercado aseveró: “Hoy estamos más articulados que antes y tenemos grandes potencialidades, pero también con muchos desafíos y peligros: hay una contraofensiva mundial del capital que está empezando en África, mientras que América Latina está en la mira. Por eso, creo que es necesario desarrollar proyectos radicales y gestar una nueva institucionalidad para derrotar al capitalismo”.

Por último, en su exposición, Rinesi historizó los modos en que, en las últimas décadas, se utilizó el concepto de 'democracia' en el país “En la Argentina, desde la posdictadura, hay cuatro grandes modos de pensar la democracia. El primero corresponde al momento de transición democrática, en el que se la ve como una utopía. Diez años después, en 1993, empezó a entenderse como una costumbre, como algo cotidiano. Hay un tercer momento muy vigoroso a fines de 2001 al que llamaría de la ‘democracia como espasmo’, en la que esta volvió a asumir un valor fuertemente político, como una práctica viva de los ciudadanos. Desde 2003, se piensa la democracia como un proceso: se entiende que no se conquistó de una vez y para siempre, sino que hay un movimiento permanente. Hay un pasaje de la idea de democracia a la de democratización, que supone un proceso de profundización de los derechos”.

Para cerrar la mesa, y en relación con la mirada del Estado, el filósofo explicó: “Es visto como aquel que garantiza nuestros derechos. No se nos aparece como una amenaza, sino como una posibilidad de ampliación de derechos y libertades. Esta no es una forma ingenua de pensar el Estado, hemos aprendido que del otro lado del Estado no está la libertad, sino la injusticia más absoluta. El desafío teórico y político de la región es pensar el Estado, que se ha vuelto un elemento fundamental de nuestros procesos políticos”.