Peter Sunde: “Infringir el copyright es democracia”

16 de octubre de 2015

El creador del sitio The Pirate Bay participó de la jornada de cierre del Foro Nacional de Cultura Digital, que se llevó a cabo en el CCK

“Entre piratas y corsarios. Los derechos de autor en la era digital” se tituló la última mesa del Foro Nacional de Cultura Digital, que organizó el Ministerio de Cultura de la Nación, mediante la Dirección Nacional de Industrias Culturales, el miércoles 14 y jueves 15 de octubre en el Centro Cultural Kirchner, con entrada gratuita.

Peter Sunde, hacker y activista sueco, creador del sitio The Pirate Bay, quien estuvo un año en la cárcel por "ayudar a otros a infringir las leyes del copyright", fue uno de los expositores más esperados. También debatieron en la terraza de la emblemática sala La Ballena Azul Niv Sardi, colaborador de la aplicación Popcorn Time y militante del libre acceso a la cultura y sus contenidos; Víctor Yunes, secretario de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores de Música (Sadaic); y Martín Becerra, escritor, profesor universitario y especialista en medios de comunicación.

“Hoy represento a las mujeres”, arremetió un descontracturado Sunde, sugiriendo una mayor participación del género en los próximos encuentros. “Necesitamos que la gente entienda que infringir el copyright es democracia, que internet es democracia”, certificó el activista nacido en Finlandia, país que decidió hacer de internet un derecho humano. “Internet es para todos, es nuestro recorrido para buscar lo que necesitamos. Es más que una plataforma”, enfatizó.

“El problema de cómo sobreviven del copyright las grandes empresas internacionales no me importa”, confesó el promotor de la cultura digital libre. “De lo que deberíamos hablar es de los verdaderos conflictos: qué pasará en el futuro cuando muchos trabajos desaparezcan porque los alcances de la tecnología reemplace el trabajo humano”, desafió.

“Con internet no tenemos que esperar el permiso –aconsejó el sueco–. Si el gobierno no lo hace, tenemos que hacerlo nosotros”. En su opinión, ni Estados Unidos ni Europa van a promover este tipo de libertad y, por ello, América del Sur, África y Asia son hoy “las regiones con mayor potencia para discutir e implementar medidas de cambios radicales”.

A lo largo del debate –que también abarcó temas como la legislación, el derecho de autor y la propiedad intelectual, y la accesibilidad y la inclusión social– la mayoría de los disertantes se posicionó a favor del libre acceso.

“Sería inhumano pedirnos que no hagamos esto”, avanzó Sardi al comienzo de su exposición, en referencia al uso de internet como una necesidad central en la comunicación. “Popcorn no innovó en la accesibilidad pero sí simplificó los procesos y por ende la facilidad de uso”, explicó y añadió que siente un “derecho ético de consumir”.

Sardi, hablando un español argentinizado, comparó su aplicación con el sistema estadounidense Netflix. “Dijeron que el problema más grande es Popcorn Time”, se enorgulleció al contarlo, pero se diferenció en el tipo de modelo económico que promueven. “Lo que difiere de cómo consumimos los contenidos es la interfaz y esa es la riqueza”, concluyó.

Yunes sostuvo que tiene “más preguntas que respuestas”. Diferenciándose de los demás disertantes, el representante de Sadaic adhirió a que “el creador tiene que cobrar por su trabajo” y que la palabra “justicia” es la clave.

Becerra, a su turno, presentó el marco regulatorio y la legislación actual sobre los derechos y aseveró: “Los marcos regulatorios son inadecuados y artificiales”. Citó como ejemplo a seguir el nuevo marco civil brasileño, sancionado en 2014, que “contraviene una lógica que enfatiza la restricción de derechos antes de pensar en la garantía de los civiles”.

“El derecho de autor –que no es absoluto sino relativo– no lo ejerce el propio autor, sino organismos o empresas. Esto es un ruido interesante para investigar porque hay diferentes agentes que intervienen”, reflexionó el especialista universitario, quien aclaró que “no es lo mismo la relación directa, sin intermediarios”.

Según advirtió Becerra, el conflicto se manifiesta en los usos sociales, en el tipo de modelo de las diferentes industrias culturales, en las políticas de construcción de tecnologías digitales y sus disposiciones. “Es hora que empecemos a preocuparnos por una nueva legislación”, finalizó.