Parodi y González pidieron "Alto el fuego" delante de la obra consagratoria de Ferrari

22 de agosto de 2014

"La civilización occidental y cristiana" se exhibe en la Biblioteca Nacional hasta el 7 de septiembre.

Frente a "La civilización occidental y cristiana", obra cumbre de León Ferrari que, hasta el 7 de septiembre, pende de un hilo desde el techo de la sala J. L. Ortiz de la Biblioteca Nacional, la ministra de Cultura de la Nación, Teresa Parodi, y el titular de la institución anfitriona, Horacio González, se manifestaron por el cese de la violencia y a favor de la paz, al participar, en la noche de ayer, de "Alto el fuego", una emotiva ceremonia ideada para llamar a la reflexión a través del arte, que incluyó la lectura de un manifiesto contra la inquietante realidad contemporánea, atravesada por hechos como los bombardeos en Gaza, y los enfrentamientos en Siria o Irak.

"Alto el fuego es una frase escuchada por doquier a lo largo de la historia de la humanidad; escuchada también en los campos de batalla", introdujo González el tema y luego explicó el sentido de la ceremonia, en la que pidió suspender los aplausos: "Esta es una nueva mostración de la obra de León Ferrari, que tiene sentidos múltiples, significados abiertos y carga con una historia de polémicas. Estamos poniendo en el cauce de la resignificación una de las grandes obras de arte de la plástica argentina. Hay un terreno para pensar esto: que cesen las justificaciones teológico-políticas en el acto de la guerra. Con ellas la guerra se hace, paradójicamente, más salvaje".

"La primera vez que vi esta obra de arte, lo primero que hice fue taparme la cara. Me dolió tanto esta imagen poderosa del amor cayendo… ese Cristo otra vez crucificado por los hombres, como un símbolo del amor muriendo, cayendo, matando", contó la ministra sobre su interpretación de la pieza. "Una obra de arte no es un concepto cerrado, sino que dialoga con cada uno desde la intensidad y emoción que puede proponernos un artista inmenso como León Ferrari", agregó Parodi en su intervención.

La obra exhibida, de dos metros de largo, fue creada en 1965 con madera, óleo y yeso y es parte de la Colección Fundación Augusto y León Ferrari. En presencia de la viuda del artista y de sus nietas, entre otros allegados, la titular del Museo del Libro y de la Lengua, María Pia López, y el director de Cultura de la Biblioteca Nacional, Ezequiel Grimson, fueron los encargados de leer el manifiesto titulado "Alto el fuego", firmado por la Biblioteca.

"La obra de León Ferrari nos introduce a una nueva facultad: la que nos permite, con esta imagen indecidible, rechazar el espectáculo mortífero en que se ha convertido la presente historia de la humanidad. Rechazamos esa plusvalía de muertes y masacres –como en Medio Oriente– o ese excedente teológico-político que habita en los cruentos sucesos que se relacionan con la historia contemporánea de Irak o Siria, naciones de las que llega un dolor no ajeno ni a las vicisitudes del clásico imperialismo ni a las concepciones que adicionan tesis teológico-políticas en sus formas menos respetables, más precarias. Fusionar automáticamente estas dos dimensiones abre canales de aniquilación colectiva ante los que nos acostumbramos a volvernos impasibles", reza el texto presentado, definido como "un llamamiento en torno a un nuevo humanismo crítico, que replantee las bases universales de justicia y convivencia entre las pasiones políticas, religiosas y artísticas".

"La barbarie es barbarie aunque aparezca bajo la forma de la civilización", afirma el texto en sus pasajes finales, y concluye con una exhortación: "Basta de bombardeos sobre pueblos desventurados, basta de guerras que despilfarran vidas, basta de estados blindados que a cada ataque de su artillería deniegan las filosofías de convivencia que latían en su origen, basta de ensañamientos artillados, sean guerras de tipo clásico, o colonialistas, de tipo teológico o expansionista. Alto el fuego".

Como introducción al acto, hubo música: se interpretaron "El tiempo de dios es el mejor tiempo", del compositor húngaro György Kurtág, interpretado en piano a cuatro manos por Haydée Schvartz y Sebastián Gangi; "Louange à l'Éternité de Jésus", del Cuarteto para el fin del tiempo, de Olivier Messiaen, por Florencia Ciaffone, en violín; y Sebastián Tellado, en flauta, hizo "Syrinx", de Claude Debussy.