Otro concierto de la Sinfónica Nacional a sala llena

03 de septiembre de 2015

Con dirección de Gabriel Chumura, el elenco se presentó el miércoles 2 de septiembre en el Centro Cultural Kirchner

La Orquesta Sinfónica Nacional ofreció el miércoles 2 de septiembre otro de sus conciertos de temporada en el auditorio La Ballena Azul del Centro Cultural Kirchner, donde interpretó obras de Serguei Rachmaninov y de Serguei Prokofiev, bajo la dirección de Gabriel Chmura y con el pianista Nelson Goerner como invitado.

La agrupación sinfónica interpretó el Concierto para piano y orquesta N.º 2 en Do menor de Rachmaninov y la Sinfonía N.º 5 en Si bemol mayor de Prokofiev.

Chmura nació en Polonia, pero estudió piano y composición en la Academia de Música de Tel Aviv, Israel. Se formó como director de orquesta en París, Viena y Siena. Fue director musical de la Orquesta Nacional de las Artes de Ottawa, Canadá; de la Orquesta Sinfónica de Bochum, en Alemania, y en agosto 2012, se convirtió en responsable artístico de la Ópera de Poznan, Polonia.

Goerner es argentino, nacido en la localidad bonaerense de San Pedro. En 1986 debutó en el Teatro Colón, junto a la Filarmónica de Buenos Aires, donde interpretó el Concierto N.º 1 de Liszt. Se trasladó luego a Europa y, en 1990, obtuvo el Primer Premio en el Concurso Internacional de Ejecución Musical de Ginebra. Desde entonces, ha ofrecido recitales por toda Europa y ha tocado junto con orquestas como la Filarmónica de Londres, las Orquestas Nacionales de Escocia y de Gales, la MDR de Leipzig, la Orquesta de la Suisse Romande, y la Sinfónica de Viena, entre otras.

El Concierto para piano y orquesta N.º 2 de Rachmaninov es una pieza en tres movimientos vibrante y de enorme musicalidad, que rescata los giros melódicos y los ritmos folklóricos de su Rusia natal.

Goerner tuvo a su cargo la mayor responsabilidad instrumental de la velada, y su gran capacidad técnica y musical contagió al público.

Los aplausos de pie que recibió al final de la obra lo motivaron a realizar dos bises de piano, primero un Estudio de Aleksandr Scriabin y luego un Preludio del propio Rachmaninov, donde volvió a demostrar su virtuosismo y matices en la ejecución de su instrumento.

La interpretación de la pieza de Prokofiev, de alta expresividad, permitió el lucimiento de la Orquesta Sinfónica Nacional. La sinfonía en tres movimientos del compositor ucraniano presentó intensas variaciones rítmicas, melódicas y armónicas, con pasajes en los que se destacaron las cuerdas, los vientos y los distintos instrumentos de percusión.

Una larga ovación final premió el desempeño del director y de los músicos.