“¿Me oyes Federico García Lorca?”

18 de agosto de 2016

A ochenta años de su muerte, recordamos la figura del poeta español

La madrugada del 19 de agosto de 1936, Federico García Lorca murió fusilado por la Guardia Civil española. Entonces, ya era el poeta más celebrado de la Generación del 27, el grupo literario que integró junto a Luis Cernuda, Rafael Alberti, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre y Pedro Salinas, entre otros grandes hombres de letras nacidos en España, en el pasaje del siglo XIX al XX.

A diferencia de cualquiera de ellos, Lorca transitó la poesía y el drama con la misma soltura y virtuosismo, aunque con propósitos distintos. La primera le sirvió para explorar las posibilidades del lenguaje, de la rima y del verso libre, desde una concepción popular de la literatura, en una época signada por la experimentación radical que propusieron las vanguardias en toda Europa (“El remanso del aire / bajo la rama del eco. / El remanso del agua / bajo fronda de luceros. / El remanso de tu boca / bajo espesura de besos.”).

Fue a través de la “poesía pura” —aprendida del “trascendentalista” Juan Ramón Jiménez—, que Lorca desenvolvió los pliegues de un sentimentalismo en extremo varonil que el franquismo decidió poner fin a sangre y fuego (“Si tú eres el tesoro oculto mío, / si eres mi cruz y mi dolor mojado, / si soy el perro de tu señorío, / no me dejes perder lo que he ganado / y decora las aguas de tu río / con hojas de mi otoño enajenado…”). 

En cambio, el teatro dramático fue el territorio de los ensayos pictóricos en los que Lorca abundó sobre estampas del costumbrismo español y sus tradiciones más oscuras y oscurantistas. Siguiendo la forma de la tragedia clásica, cargó de intención sus tintas y derramó compasión sobre criaturas mujeres destinadas a la obediencia y a la soledad. Así se comprueba en Bodas de sangre (1933), en Yerma (1934), o en La casa de Bernarda Alba (1936).

Entre 1929 y 1930, García Lorca residió en Nueva York como becario. De cómo impactaron en su ánimo la ciudad febril y el capitalismo en ascenso, da testimonio Poeta en Nueva York, acaso la obra de un escritor maduro y resuelto por la condición social de su literatura (“Pero no quiero mundo ni sueño, voz divina, / quiero mi libertad, mi amor humano / en el rincón más oscuro de la brisa que nadie quiera. / ¡Mi amor humano!.”).

Concluida la beca en los Estados Unidos, Lorca visitó Buenos Aires, donde fue recibido por la anfitriona de todo extranjero, artista o intelectual, que desembarcara en el puerto: Victoria Ocampo. En su casa, le fue presentado el compositor Juan José Castro quien, años más tarde, estrenaría en el Teatro Colón la ópera Bodas de sangre inspirada en la obra de Lorca.

¿Me oyes, Federico García Lorca? fue la frase con la que Victoria Ocampo cerró una carta publicada en 1936 en la revista Sur en homenaje a García Lorca, quien había sido asesinado ese año, tras el golpe de estado que dio origen a la Guerra Civil Española” —recuerda Guillermo Dellmans, profesor en Artes e investigador del Instituto Nacional de Musicología “Carlos Vega”—. “Desde su visita a Buenos Aires, en 1933, el poeta gaditano mantuvo una profusa e intensa relación con la elite cultural argentina. Pero será luego de su desaparición, cuando se produzca un apasionamiento por su figura y obra. Tal como lo hiciera Ocampo, fueron muchas las manifestaciones que se pronunciaron artísticamente ante su muerte”.

–¿Cuáles son los ejemplos más representativos de la influencia que Lorca ejerció en la música argentina?

–En el campo de la música ‘culta’ argentina, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, la obra de García Lorca está presente en óperas, cantatas y música de cámara. Bodas de sangre, La zapatera prodigiosa, El diván del Tamarit, Yerma, El Martirio de Santa Olalla, son algunos de los títulos de los que se nutrieron compositores como Juan José Castro, Alberto Ginastera, Roberto García Morillo, Isidro Maiztegui, Rodolfo Arizaga, Armando Krieger, Irma Urteaga, ente muchos otros. Podría decir que existe un repertorio ‘lorquiano’ dentro de la música local de ‘tradición escrita’ y que parte de ella se encuentra alojada en diferentes dispositivos (partituras manuscritas e impresas, grabaciones históricas, programas de concierto y hemerografía) en el Archivo de Música Académica Argentina del Instituto “Carlos Vega”.

 

Detalle de grabaciones y partituras de inspiración “lorquiana” disponibles en el Instituto Nacional de Musicología “Carlos Vega”

Obras de Juan José Castro:

- Bodas de Sangre (Grabación)

- Zapatera Prodigiosa (Grabación)

- Por las ramas del laurel (partituras)

- Seis canciones de García Lorca (partituras)

Obra de Alberto Ginastera

- Cuarteto para cuerdas Nº3, op. 40 (Grabación)

Obras de Rodolfo Arizaga

- Martirio de Santa Olalla (grabación)

- Libro de poemas y canciones (partitura)

Obra de Roberto Caamaño

- Baladas amarillas (partitura)

Obra de Virtú Maraño

- Baladas amarillas (partitura)

Obra de Isidro Maiztegui

- Seis poemas gallegos (partitura)

Obra de Armando Krieger

- Cantata para soprano y orquesta de cámara (partitura)

Obras de Alicia Terzián

- Tres retratos (partitura)

- Canciones para niños (partitura)

Obra de Irma Urteaga

- Sueños de Yerma (partitura)

Obra de Susana Baron Supervielle

- Cuatro canciones de Federico García Lorca (grabación)

Obra de Mario Perini

- Romance de la luna

Obra de Martí Llorca

- Canciones españolas antiguas (partituras)

Obras de Antonio Russo

- Canción de las siete doncellas

- Cuatro canciones para niños

- Balada de la placeta

- Viento del Sur (partitura)

Obra de Raúl Carpinetti

- Hispánica (partitura)