María José Herrera: “Se puede contar una historia del arte argentino a través del grabado”

22 de julio de 2016 Arte

La directora del Museo de Arte de Tigre nos cuenta detalles de la muestra “200 años de grabado en la Argentina”

Investigadora, docente, curadora y crítica de arte apasionada, María José Herrera siente una debilidad especial con el arte del grabado. Así que cuando surgió la posibilidad de hacer una muestra que abarcara 200 años de historia de arte argentino, a quien hoy es directora general del Museo de Arte de Tigre (MAT) se le prendió la lamparita. ¿Por qué no armar un relato curatorial bicentenario a partir de los grandes maestros grabadores? Así nació la muestra “200 años de grabado en la Argentina”, que se podrá visitar hasta el 9 de octubre en el MAT y que itinerará luego por distintas provincias del país.

 “La idea de esta exposición es rendir un homenaje al Bicentenario de la Independencia –dice Herrera–. Cuando me puse a pensar qué podríamos hacer que diese cuenta de estos 200 años y que fuese tan importante como la pintura, no dudé en definirme por el grabado. Porque yo veo al grabado en la misma situación que las otras artes, no como un género menor sino como algo realmente importante. Y más si se tiene en cuenta que no son pinturas sino grabados las primeras imágenes que circularon sobre nuestros paisajes, nuestras costumbres, nuestros héroes patrios”.

Herrera, quien se desempeñó durante más de una década como jefa de investigación y curaduría en el Museo Nacional de Bellas Artes, se ocupó de seleccionar una por una estas estampas de los siglos XIX y XX, pertenecientes a las colecciones del Museo Histórico Nacional y el Museo Nacional del Grabado.

–¿La búsqueda comenzó con los primeros grabados del siglo XIX del Museo Histórico Nacional?
–Sí, yo pedí especialmente al MHN algo que sabía que ellos tenían, que son los grabados de César Hipólito Bacle, el famoso primer litógrafo argentino, que es de origen suizo en realidad. Bacle y su mujer se trasladan a la Argentina, ponen un negocio de litografía y empiezan a hacer estampas, dibujadas por ellos o por otros artistas de la época, como por ejemplo Carlos Enrique Pellegrini, el padre de quien sería presidente. Esta cuestión de la mirada de los extranjeros en Argentina se ve muy claramente en estas imágenes de la vida rural, de la vida del gaucho y del criollo, de los hábitos culinarios, la serie de 'Extravagancias de 1834' de Bacle, que son estampas satíricas, humorísticas, realmente de tono popular. Pero a la vez son documentos únicos de ese pasado nuestro que se refiere a los años inmediatamente posteriores a la Independencia.

–¿Y cómo fue la selección de obras del Museo del Grabado? ¿También fue a buscar autores puntuales?
–Claro, las obras del Museo del Grabado son de autores más familiares y conocidos para mí, que me dedico al siglo XX. Pero cuando fui a elegir las obras fui con nombres muy selectos, de aquellos artistas que habían representado imágenes muy innovadoras, o que no son tan conocidos por el público en general pero que son maravillosos. Como es el caso de Sergio Sergi, que es un grabador, dibujante y humorista que fue el maestro de Quino, que es un detalle que la gente en general no conoce. O también está Víctor Delhez, que es un grabador mendocino que hizo una serie fantástica referida a religión, a los Evangelios, y que una de estas imágenes fue elegida en el 2014 por el Papa Francisco para la tarjeta de felicitaciones por Pascuas. O sea, traté de encontrar estos hitos en el grabado, como Pompeyo Audivert, Víctor Rebuffo, los llamados Artistas del Pueblo, para armar como una historia del arte argentino a través del grabado. Y realmente se pudo, porque son tan importantes las poéticas y los artistas involucrados en el grabado que perfectamente reemplazan a una exposición de pinturas.

–¿Te sorprendió la colección de estampas del Museo del Grabado?
–En parte la conocía, pero cuando comencé a ver las obras del Museo del Grabado cobré como una verdadera dimensión de la riqueza de ese patrimonio. Y este museo refleja en parte el gusto de quienes donaron la colección, el matrimonio Pécora, quienes realmente han sido muy sistemáticos para atesorar estas obras, entre 1920 y 1960. Es realmente una colección maravillosa y sería bueno que la pudiéramos ver todo el tiempo. En estos grabados se encuentran todos los movimientos, todas las tendencias, con obras de artistas que a su vez también fueron escultores o pintores.

–Por último, ¿qué actividades didácticas se pensaron para las vacaciones de invierno en torno a esta muestra?
–Las actividades didácticas que van a acompañar esta muestra son en conjunto con la Dirección de Patrimonio y Museos del Ministerio de Cultura. Es muy interesante para el público conocer el misterio, la cocina del grabado. Para eso vamos a tener una placa metálica, una plancha o matriz, de una obra llamada “Tango”, que fue el Gran Premio del Salón Nacional de 1953, de Fernando López Anaya. Y se va a exhibir junto con una de las estampas para que el público pueda compararlas y ver el origen de esta impresión. También vamos a hacer talleres de estampas para chicos, por ejemplo con sellos de papa, que a los chicos les encanta, o proponiendo hacer pequeñas monocopias, que es otra técnica de grabado. Poder mostrarles a los chicos cómo se genera un grabado, que tiene esa inmediatez que no la tienen otras disciplinas, y que es algo que cualquiera puede hacer. El grabado en ese sentido es muy democrático.