Los representantes de la Fábrica de Arte Cubano terminaron su visita con un recorrido por la cultura cordobesa

26 de agosto de 2016

Conocieron espacios de arte y centros culturales y compartieron experiencias con músicos y representantes del sector audiovisual

Inti Herrera y Rosemary Rodríguez, los representantes de la Fábrica de Arte Cubano que llegaron a nuestro país para nutrirse de ideas nuevas y desarrollar un intercambio con diversos centros e instituciones, cerraron su visita con dos días a pura cultura cordobesa. Antes habían estado en Buenos Aires.

Recorrieron el Mercado de Arte, una feria de arte contemporáneo de la que participaron más de 250 artistas de 58 galerías y espacios autogestionados de Argentina, Brasil, Chile, Uruguay y Paraguay; fueron al Teatro La Luna, un espacio cultural independiente, comprometido con el barrio que habita, donde los recibieron con alfajores, pastelitos, y tangos sonando de fondo, mientras una de sus directoras, Mónica Carbone, les contó la historia del lugar.

En este centro cultural, sostenido por un pequeño equipo autogestionado, convergen el teatro, el tango, el cineclub, talleres de lectura infantil, de animación de objetos, entre otras actividades. Allí, Herrera y  Rodríguez pudieron disfrutar de un show de tango y de la obra de teatro “Nada del Amor me produce envidia”.

También compartieron un desayuno con representantes del sector audiovisual cordobés, en un  escenario inmejorable: el Cine Club Municipal Hugo del Carril. Con las paredes rojas, juegos de espejos que multiplicaban los afiches e imágenes de películas y figuras de la gran pantalla, y frases célebres de recordados actores y films por doquier, el lugar irradiaba cine por todas partes.      

Para cerrar la caravana cultural, se reunieron con referentes de la música en Espacio 75 y visitaron el  Espacio Flores. El primero, es un lugar emblemático, conocido anteriormente como Mercado de Alta Córdoba, que fue restaurado y puesto en valor. A su escenario suben todo tipo de géneros musicales: electrónica, tango, folclore, fusión. También se realizan foros y charlas. El segundo, se define como un espacio de producción autogestionado que explota las potencialidades de sus integrantes, sus modos de abordar el mundo y sus habilidades técnicas e intelectuales. Está conformado por 9 artistas que tienen sus talleres y realizan, además de su producción individual, actividades de gestión, capacitación y difusión del arte contemporáneo. Espacio Flores busca tender redes de alcance nacional e internacional para fomentar el desarrollo artístico, su circulación y generar intercambio de experiencias entre artistas, coleccionistas y agentes de la cultura.

Después de una semana intensa de recorrer museos, centros culturales y espacios de arte,   compartir e intercambiar experiencias y conocer diferentes áreas y aspectos de la cultura argentina, los representantes de la F.A.C. hicieron un balance sobre todo lo que vieron y aprehendieron durante su estadía. Hablaron sobre la escena cultural y las realidades de ambos países y expresaron sus deseos de que la experiencia de este viaje se vuelque en un trabajo conjunto de cara al futuro.

–¿Qué les parecieron los lugares que conocieron en su recorrido por Buenos Aires y Córdoba?

–R.R.: Me han gustado mucho tres lugares en específico, sin que los demás se sientan mal. cheLA es un espacio que me cautivó desde que nos recibieron, son muy apasionados los que trabajan allí, los que defienden la creación vista como un gran laboratorio de trabajo en progreso, en conjunto. Es un grupo de creadores que facilita muchas cosas y que tiene muchos deseos de hacer. Me gustó muchísimo. Luego Matienzo es un centro tremendo en el que se respira mucho las ganas de crear. Ahí participamos de tres fragmentos de obras de teatro que están en desarrollo. Y Timbre 4, también nos encantó. En el Museo Nacional de Bellas Artes nos acogieron muy bien. Han sido muchos sitios. Estuvimos en La Verdi, en la Usina del Arte, nos hemos quedado enamorados de los espacios de Argentina. Y luego estuvimos en Córdoba, que es una ciudad que también tiene un movimiento teatral, audiovisual, y de las artes en general, muy fuerte. Qué decir, hubiésemos querido tener mucho más tiempo, pero hemos tenido una agenda muy apretada. La Dirección de la Promoción Exterior de la Cultura se esmeró muchísimo en planificar cada minuto, cada segundo de nuestra existencia aquí en Argentina y luego el Centro Cultural Recoleta también facilitó mucho el intercambio con los creadores.  

–I.H.: Yo ya había estado en Buenos Aires y en lugares cercanos, y es interesante ver la vida en otra ciudad grande, como Córdoba. Llegamos en plena efervescencia cultural, porque había un Mercado de las Artes donde se reúnen, según nos explicaron, muchos artistas de toda la región y de lugares cercanos. Entonces, es un espacio que viene a satisfacer o a cumplir la misión de visibilizar el arte que no siempre llega a Buenos Aires, que quizás se desvía por un camino, y en ese sentido nos pareció que era una feria grande, muy articulada, con una gran variedad de propuestas, en un lugar muy bonito, que es el cabildo de la ciudad. Fue muy interesante como primer punto de encuentro. Luego, existe una cocina muy buena en Córdoba, nos comimos un cabrito excelente, que también es parte de la cultura. Y realmente nos impresionó mucho el espacio La Luna, que se ve que viene con una impronta personal de las directoras y me parece que ahora están logrado recoger un poquito de todo lo que han sembrado durante varios años. Es un espacio cultural independiente, donde, de una forma muy sutil y sencilla, tienen también estos encuentros de tango que rescatan un poco toda la tradición sin hacer demasiado énfasis en una parte más costumbrista. Entonces, a nivel de tono es muy adecuado, es muy lindo lugar y son muy lindas las personas que trabajan ahí.

–¿Vieron algo de la Fábrica reflejado en algunos de estos espacios, ya sea los de Córdoba o los de Buenos Aires?

–I.H.: La Fábrica es un lugar muy diverso, entonces resulta sencillo ver algunos aspectos reflejados. Pero, obviamente, cada proyecto, cada idea, responde a las características de un lugar y a la impronta de la gente que lo hace, entonces, creo que hay muchas cosas que puedes decir: “Esto es como en la Fábrica”, y hay muchas otras que tú dices: “Este es un aspecto muy bueno para importarlo a la Fábrica”. Porque nosotros nos vamos nutriendo de la misma vida. Fábrica es un ente viviente, como decía Rosemary, es un espacio que nunca se termina de construir, o sea que todo el tiempo nos dejamos permear de las cosas buenas que existen.

–Si tuvieran que hacer un análisis de esta suerte de foto panorámica que estuvieron viendo de la cultura argentina, ¿qué dirían?

–R.R.: Que necesitaría muchas vidas para vivirlo todo, porque yo creo que hay muchísimo arte, cultura y deseos de mostrarse en todos los lugares donde fuimos. Justo Córdoba, que estuvimos visitando el Mercado de Arte y todas las exposiciones colaterales a la feria, también da una muestra de la diversidad que existe en una sola región. Es como muchas Argentinas en pequeños núcleos, y esa es la idea. Creo que casi siempre se piensa en el lugar donde se está, aunque sea en un pequeño espacio como La Luna, que es un teatro que trabaja para la comunidad, que es tan importante. Y que es muy diverso el panorama de las artes, la formas de hacer, de comunicar. Tienen mucho arte a cada paso que se da.

–¿Qué diferencias y puntos en común pudieron encontrar entre el arte y la cultura argentina, y la cubana? 

–I.H.: Yo creo que son dos comunidades, dos países, donde el acento en la cultura está bien marcado, bien puesto. Pienso que hay una corriente muy grande independiente, dentro de lo que es Buenos Aires, y en Córdoba también, y me imagino la misma cosa a nivel nacional, en donde la gente no espera a tener todas las cosas armadas para salir a hacer algo. Y en eso nos parecemos. Nosotros venimos de una cultura de supervivencia, entonces sabemos muy bien buscarnos la vida, crear inventos e ir hacia adelante y creo que Fábrica también es parte de eso. Similitudes son esas, quizás la importancia que le damos a los aspectos culturales, a los aspectos de ocio, de vida, de tener experiencias con otras personas. A nivel de diferencias, siempre va a haber muchas porque deben ser alrededor de ocho mil kilómetros de distancia entre uno y otro lugar. O sea que la expresión y la forma de ser naturalmente cambia, cambian las temperaturas, cambian las cordilleras y eso nos hace ser un tanto diferentes, pero bellos en nuestras diferencias.

–R.R.: Ambos son países de creadores. Aquí, cada vez que se nos abre una puerta es como una gran explosión de cultura, y eso también lo tiene Cuba: en el lugar donde uno menos se lo imagina se encuentra un centro o un  núcleo de desarrollo de las artes. Tenemos en común eso y que en los dos lugares se están reinventando, todo el tiempo, las posibilidades de acceso social al arte.

–¿Podrían hacer una síntesis de lo que fue este viaje para ustedes?

–R.R.: Nosotros somos una isla muy pequeña, a pesar de que esté lleno de artistas y de cultura. Y de pronto estamos en una ciudad como Buenos Aires, que es inmensa, que adonde quieras que vas te encuentras como microcentros de arte, eso es lo que más nos impacta. A nosotros, desplazarnos de una ciudad a otra, de un estudio de un artista a otro, o de un set de filmación –en el caso de Inti– a otro, nos es muy cercano. Tenemos esa cosa de isla pequeñita. Aquí me he quedado impresionada con el movimiento teatral y toda la diversidad que tienen: la altísima calidad de las creaciones escénicas, tanto en las escenografías como en la dirección y el desempeño de los actores. Eso ha sido algo que a mí, muy particularmente, como no es exactamente a lo que me dedico, me ha encantado. Y nosotros, en Cuba, como estamos trabajando totalmente, a no ser los domingos que tenemos en Fábrica de Arte obras, casi nunca podemos ir al teatro y eso nos ha brindado esta visita acá. Luego me quedé con deseos de visitar otros museos, que mi formación es como de museóloga; de tener un intercambio, tal vez, con la gestión del patrimonio argentino, porque el lugar donde tenemos la Fábrica, en Cuba, es resultado del patrimonio industrial.

 –¿Se van con proyectos y con ideas nuevas para llevar a la Fábrica?

–I.H.: Sí, yo creo que siempre que uno va a otro lado y se permea de nuevas experiencias, llega a su lugar y va haciendo cosas que, quizás inconscientemente, trae de todo lo que ha visto y aprendido. Y obviamente estamos en un sitio de referencia. Argentina, y Buenos Aires en particular, que fue donde más estuvimos, culturalmente es una movida que hay que analizar porque siempre está sonando, siempre hay cosas importantes. Entonces, a partir de ahí, yo creo que el intercambio ya se realiza. Pero estoy de acuerdo con lo que dice Rosemary, que siempre que podamos hacerle un seguimiento a todas las acciones que hicimos y podamos concretar cosas, va a haber mucha más visibilidad. Esto es importante porque es más fácil que lleguen las cosas de Europa o de EE.UU., que las de nuestros países, y eso es absurdo.

–R.R.: También nos vamos con la locura de qué nos viene faltando a nosotros, porque sabemos muchas cosas que pudiéramos tener pero, ahora mismo, viendo la labor de otros centros, pues nos damos cuenta de que nos falta mucho trabajo, como el editorial, que aquí es muy valioso. Tal vez una articulación diferente de la información que nosotros manejamos, miles de propuestas que nos presentaron sobre todo en el Centro Recoleta que nos hace cuestionarnos mucho lo que tenemos, para bien. Nosotros somos unos aventurados de la improvisación que en dos años y tanto hemos hecho de todo.