“La noche de los museos”

21 de abril de 2016

Macchi recrea 25 años de arte en Buenos Aires

Profeta en su tierra, por estos días Jorge Macchi —uno de los artistas argentinos de la actualidad más valorados alrededor del mundo— despliega bajo el cielo porteño los últimos 25 años de su producción. En tres muestras simultáneas montadas en el Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), y la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), la invitación es a descifrar construcciones poético-visuales que desafían la mirada del espectador.

Con 53 años de edad y numerosos reconocimientos en su haber, Macchi realizó retrospectivas en Brasil, Bélgica y Francia. En marzo, su desembarco en Buenos Aires comenzó en el principal museo privado del país, que alberga, hasta el 23 de mayo,  “Perspectiva”, la primera exposición antológica del artista en la Argentina, compuesta por pinturas, fotografías, obras en papel, videos e instalaciones realizadas entre 1990 y el presente. Las 60 piezas aquí reunidas bajo la curaduría de Agustín Pérez Rubio provienen de colecciones locales y también de España, Portugal y Estados Unidos.

La segunda cara de este “tríptico” —en palabras del artista— es “Refracción”, que puede visitarse en la Sala de Exposiciones de la UTDT hasta el 3 de junio. Esta instalación, exhibida en la Bienal de Liverpool en 2012 y tres años después en Crac Montbeliard, entre otros espacios, convoca uno de los temas predilectos del autor: la irrupción de lo impensable en la realidad. “Es una pieza preexistente que a lo largo de los años fui mejorando, y estoy convencido de que esta es la mejor versión”, comenta Macchi.

La última instancia del circuito, posible gracias a la sinergia auspiciosa entre las tres instituciones participantes, es la de “La noche de los museos”, en el Museo Nacional de Bellas Artes, que puede visitarse hasta el 31 de julio. Se trata de una instalación inédita y específica que el artista ideó y eligió montar en la sala 27 del primer piso luego de recorrer el edificio en compañía del director del museo, Andrés Duprat. Allí, esta pieza —una alfombra de 40 x 40 metros— dialoga con la colección donada por María Luisa Bemberg, que reúne trabajos de Xul Solar, Pedro Figari, Rafael Barradas, Emilio Pettoruti y Joaquín Torres García, entre otros creadores.

“La obra —explica el autor— es una alfombra grande que tiene cuatro spots similares a los que hay en el techo de la sala iluminando las pinturas de la colección Bemberg. Estos spots están destruídos; al parecer, cayeron desde los rieles de iluminación y allí donde cayeron, originaron manchas sobre el tejido”. Dicho esto, para Macchi, es el público quien debe seguir escribiendo la interpretación de lo que se ve.

Lo que prima en esta instalación es la paradoja, los juegos perceptivos, las ficciones. “Es como si estos spots, al caer, hubieran despertado una textura o un motivo que estaba dormido en el interior de esta alfombra”, ensaya Macchi aludiendo a las formas romboides de la superficie. El resultado es el extrañamiento y la dislocación de la mirada de quien observa.

La confección de esta obra, industrial pero única, estuvo a cargo de la firma El Espartano, que retuvo en parte su producción habitual para tejerla, y contó con el apoyo de la Asociación Amigos del Bellas Artes. La empresa persiguió con empeño un efecto buscado por Macchi al diseñar la pieza. “Era muy importante lograr que estas manchas formaran parte orgánica de la alfombra; por eso la tejimos con ellas, en lugar de trabajar con una alfombra preexistente e ir quitándole gradualmente el color. Esa es la paradoja de la instalación: pareciera que, al caer, esos focos originan o despiertan la textura, pero esta textura es parte orgánica de la alfombra”, argumenta.

Obras en diálogo

Sobre “La noche de los museos”, Duprat enfatiza el diálogo que entabla con la colección del Bellas Artes. “Estamos acostumbrados a ver arte de nuestros días en un museo de arte moderno, donde el visitante va predispuesto a esa experiencia. Pero este museo, por su rasgo histórico, inscribe las obras en una tradición, las transforma y trae al presente problemáticas que quizá datan de hace medio siglo”, sostiene. De ahí la eficacia de la instalación.

Lograr que exista el arte contemporáneo en los museos de Bellas Artes tiene muchas ventajas. Así lo entiende Duprat y las enumera: “Genera un espacio de exhibición de propuestas actuales que nos interpelan más complejamente que el arte de otras épocas; supone una oportunidad para que los artistas se expresen en un marco profesional importante, como nuestro principal museo de artes visuales”. A la vez, para el director, “convoca a un público distinto al habitual, que se acerca por cierto interés por los temas contemporáneos y, de paso, se conecta con otras piezas de la colección; y mantiene al museo como un organismo vivo, hijo de su época”.

La puesta de Macchi —adelanta el titular del Bellas Artes— es la primera de un programa que promete invitar a figuras de la escena contemporánea tanto del país como del exterior a realizar proyectos específicos.

“Las tres muestras me salieron bien”, se jacta el artista, para quien las instituciones porteñas elegidas son “entrañables”. “En otros lugares del mundo —explica— perdía la respuesta de la gente, y sentía que algunas cosas que hacía no compartían el código con el público que las estaba mirando. En Buenos Aires, puedo palpar y percibir la reacción del espectador”.

Agenda de exhibiciones

-“Perspectiva”. Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires -MALBA- (Av. Figueroa Alcorta 3415). Hasta el 23 de mayo. Jueves a lunes, de 12 a 20, y miércoles, de 12 a 21.

-“Refracción”. Sala de Exposiciones, Universidad Torcuato Di Tella (Av. Figueroa Alcorta 7350). Hasta el 3 de junio. Lunes a viernes, de 15 a 19.

-“La noche de los museos”. Museo Nacional de Bellas Artes. Sala 27 (Av. Del Libertador 1473). Hasta el 31 de julio. Martes a viernes, de 12.30 a 20.30, y sábado y domingo, de 9.30 a 20.30.