"La literatura argentina está atravesada por la relación con la violencia política"

29 de septiembre de 2012

Guillermo Saccomanno dialogó con el público durante el Pre MICA Buenos Aires.

El destacado escritor y guionista de historietas Guillermo Saccomanno ofreció una charla abierta durante la segunda jornada de actividades del Pre MICA (Mercado de Industrias Culturales Argentinas) de la Provincia de Buenos Aires, que, organizado por la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación y el Instituto Cultural bonaerense, se desarrolla en La Plata del 27 al 29 de septiembre.

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El diálogo, que estuvo moderado por el periodista y escritor Gabriel Lerman y fue una de las propuestas vinculadas al sector editorial de las industrias culturales, partió del tópico “Narrativa, entre la realidad, la política y la ficción”, y trazó un recorrido por algunas de las novelas del invitado, en las que, lateralmente, hay una referencia a lo político, lo social y lo urbano, a una forma de ver las relaciones familiares y el barrio, con una afinada mirada crítica. “Hablar de escritura implica hablar de una relación con la industria cultural y la política cultural, en términos de cadena de valor de la industria, pero también en referencia a una poética del lenguaje”, introdujo Lerman.

Nacido en Buenos Aires en 1948, Saccomanno es autor de una extensa producción literaria, dentro de la que se destacan el libro de cuentos Animales domésticos, las novelas La lengua del malón, El pibe, El buen dolor, 77, El oficinista y la reciente Cámara Gesell.

“Me crié en Mataderos, en un barrio de calles de tierra, en el que todavía estaban los guapos, la patota de la esquina y se sentía el olor de la curtiembre. En aquel momento, Mataderos no era la Capital, era suburbio. Había, además, solidaridad, algo que viene del anarquismo, del socialismo, y que van a nutrir al peronismo”, evocó Saccomanno sobre sus primeros años. “Tuve la suerte, y la desgracia, de tener un padre gremialista, dueño de una biblioteca proletaria, constituida por colecciones de libros rusos, de escritores argentinos, como los del grupo de Boedo, y esto constituía una situación extraña. Éramos pobres, comíamos paté de foie con pan y café con leche, pero se leía El Capital en la versión de Juan B. Justo. Esto me convirtió en un lector salvaje e indiscriminado. Y fue crucial el día que me encontré El juguete rabioso, ese día descubrí la literatura”, rememoró el novelista consultado acerca de su infancia y su formación. En referencia a la movida literaria de aquellos años, añadió: “Para un pibe que recién conoce la calle, era un momento muy potente. Unos años después nació el Centro Editor, gracias al que se conseguían en los quioscos, por dos mangos, los clásicos de la literatura universal. A pesar de la “Noche de los bastones largos”, Onganía no logró desmantelar este agite cultural que había en el país”.

Continuando con el relato de su carrera profesional, que incluyó casi treinta años en el rubro publicitario, Saccomano sostuvo: “Creo que en pocos lugares se aprende tanto sobre la relación entre lo cultural, la manipulación ideológica y el dinero como en una agencia de publicidad”. “Haber trabajado en publicidad y luego en historieta lo hace a uno perder el miedo a la página en blanco”, reveló.

Sobre La lengua del malón, una de sus primeras novelas, el autor explicó: “Intento plantear la ligazón entre el bombardeo del 55 y el genocidio de la Conquista del Desierto”. Y luego sentenció: “Desde El matadero hasta acá, pasando por Puig, la literatura argentina está atravesada por la relación con la violencia política”. “Hay dos grandes literaturas que me marcaron: la rusa y la norteamericana, ambas afines a la nuestra por sus enormes extensiones territoriales, que incluyen distintos acentos, idiosincrasias y maneras de interpretar el mundo. Pero, además, por ser literaturas que problematizan la identidad nacional. Todos estos elementos los conjugué cuando componía esta novela”, analizó.

“Escribir tiene algo de desagradable y traidor, porque una palabra remite a lugares donde no pensaba que iba a volver. Cuando escribí 77, por ejemplo, me interesaba indagar acerca de los orígenes de la violencia, entender las contradicciones de este tiempo y, para eso, hay que retroceder en la historia. Por eso, en ese libro, abordo el 55, la resistencia peronista, la toma del frigorífico de Lisandro de la Torre y la Conquista del Desierto”.

Sobre su último libro, Cámara Gesell, una novela polifónica acerca de la vida en el balneario bonaerense, donde reside hace más de dos décadas, y en la que trabajó los últimos seis años, Saccomanno contó: “Un libro que me ayudó mucho en el proceso de esta novela, y que además me parece uno de los textos capitales de los últimos años, es Borges, de Bioy Casares. Todos los días, Borges iba a comer a casa de Bioy, y cuando se iba, este anotaba todo lo que habían hablado y discutido. Pocos escritores hubo en la Argentina con el oído de Bioy”. A esta reflexión, el escritor agregó sobre el final del encuentro: “Si la filosofía te enseña a pensar, la poesía te enseña a escuchar. En la actualidad, la palabra tiene un valor desacreditado en la narrativa. No existe una búsqueda dentro del lenguaje por parte de los narradores, que sí realizan los poetas”.