La escritora argentina más gallega

06 de mayo de 2016 Letras

Este año Santiago de Compostela es la ciudad invitada a la Feria del Libro. Al respecto, entrevistamos a María Rosa Lojo.

Es una de las escritoras argentinas más internacionales. Su pluma es delicada, sensible y contundente. Sus padres, españoles, se conocieron en nuestro país, escapando del franquismo. Dice que Rosalía de Castro y Álvaro Cunqueiro –dos de los nombres más representativos de las letras gallegas– la influyeron en sus textos; y hasta en su trabajo de investigadora del CONICET, siente que está presente la cultura galaica.

–¿Cómo es su relación con Galicia? ¿De dónde es oriunda su familia?

Mis padres eran ambos españoles; mi papá, gallego: Antonio Lojo Ventoso. Nació en una aldea de las montañas, en la zona de Barbanza, llamada Comoxo, del Municipio de Boiro. Allí estaba la casa familiar (ahora en manos de otra rama) y también fincas (los minifundios característicos de Galicia). Papá decidió venir a la Argentina en la posguerra. Había luchado a favor de la República, no quería vivir bajo el franquismo. Dejó atrás varios hermanos y hermanas, a su madre (por ella me llamo Rosa) y se llevó consigo —y nos legó— su amor a la tierra, al punto de transmitírmelo para el resto de mi vida. En Buenos Aires encontró a mamá, madrileña, que había emigrado también en la posguerra. Lamentablemente, los dos enfermaron y murieron antes de poder volver a España.

–¿Cómo se refleja Galicia en su obra? ¿Hay referentes gallegos de las letras que la hayan influenciado?

Los referentes literarios gallegos que más influyeron en mis textos son sobre todo dos: Rosalía de Castro y Álvaro Cunqueiro. Creo que casi no hay un libro mío donde no esté presente Galicia, como núcleo de sentido, como configuración poética, como legado histórico y cultural. Hay tres novelas en particular: Canción perdida en Buenos Aires al Oeste (1987), Árbol de familia (2010), Todos éramos hijos (2014) que son, de distintas maneras, reescrituras de la historia familiar y donde la figura paterna tiene un gran peso. En La pasión de los nómades (1994), a través del Merlín de Álvaro Cunqueiro y de su sobrina Rosaura —un personaje inventado por mí—, y de Lucio V. Mansilla, la historia y la mitología gallegas se cruzan con las argentinas, y con sus olvidadas raíces aborígenes. En Las libres del Sur (2004) aparece la imaginaria Carmen Brey, una joven traductora gallega de Ferrol, en contrapunto con Victoria Ocampo. Y Finisterre (2005) —traducida como A fin da terra, y publicada por Galaxia—  representa un pico narrativo y simbólico de la presencia gallega en mi obra de ficción, a través de Rosalind, la cautiva, que encuentra su otro finisterre en la pampa argentina, y del mundo cultural del Rexurdimento (Resurgimiento), que reencontrará al volver a Galicia.  

Galicia ocupa también mis estudios como investigadora del CONICET. Cito especialmente el fruto de una investigación que dirigí: Los “gallegos” en el imaginario argentino. Literatura, sainete, prensa (2008), cuyos coautores son Marina Guidotti y Ruy Farías. Y por supuesto, también impregna mi poesía y mi narrativa breve. Justamente en esta Feria presento El libro de las Siniguales y del único Sinigual, álbum ilustrado, cuyas imágenes pertenecen a mi hija, Leonor Beuter. Es un bestiario fantástico que nos remite otra vez a Finisterre/Fisterra, con no pocos ecos de la imaginación celta.

No sería exagerada, en suma, si dijese que soy la escritora (o, sin distinción de géneros, escritor) de la Argentina contemporánea, donde la marca gallega es más honda y también más perceptible, en extensión y en intensidad.

–¿Mantiene tradiciones gallegas en su día a día?

Más que tradiciones puntuales, creo que se trata de una impregnación, algo que pertenece al orden profundo de la identidad. Pero sí, sigo con algunas costumbres que mi marido, no gallego, también adoptó: la forma de preparar paella y mariscos —él los cocina espléndidamente y lo aprendió de mi papá—, la preparación de la queimada en el cambio de solsticio y el aguardiente de oruxo.

–¿Qué le generó la designación de Santiago de Compostela como ciudad invitada a esta edición de la Feria del Libro de Buenos Aires?

Es simplemente un sueño realizado, que se une como una “cadena de la felicidad” a otras realizaciones, por caso: el lanzamiento de la editorial Mar Maior y el de la cátedra Galicia-América, alojada en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM).

 

Texto: Fátima Soliz

Fotos: cortesía de María Rosa Lojo

 

EL SEÑOR SANTIAGO (fragmento de su obra cedido por la autora)

         Por todos los caminos —te han dicho— se llega a Santiago. Pero las brujas siempre llegan antes, montadas en antiguas escobas de toxo y cubiertas con el sombrero redondo de las campesinas. El Apóstol las espera encaramado en el Pórtico de la Gloria y en la Quintana Dos Mortos, y sentado en el altar mayor y acostado en la urna de su sepultura, y ofrecido como una estatuita de piedra molida en las mesas de recuerdos turísticos, y pintado en las marquesinas de los restaurantes.                    

        El señor Santiago admira a las brujas que vuelan a voluntad, y cuando bajan en la Rúa do Franco se quitan el sombrero y cuelgan la escoba en el Museo de San Domingos de Bonaval.

        El señor Santiago lleva muchos años de muerto trabajando en tareas comunitarias. Y aunque es un santo y desayuna a la derecha de Jesucristo, y tiene su nicho en el Paraíso, que es un lugar seguro, pequeño y bello, suspira apoyado en su báculo mirando los tacones lejanos de las brujas que toman luz de luna, y el refulgir de rojas cabelleras.

(De Bosque de ojos. Buenos Aires: Sudamericana, 2011).

 

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