Huella argentina: ser con el otro

26 de febrero de 2015

Los artistas se reunieron con el público para construir instrumentos musicales, realizar talleres y conciertos, entre otras actividades.

Durante la segunda jornada de “Huella argentina” en el Pozo de los Vientos –zona de la ciudad de La Rioja donde transcurre este encuentro hasta el jueves 26 de febrero–, los cerros contuvieron la tormenta que todo el día amenazó con estallar.

Siempre con la música y el encuentro como excusas, los artistas participantes de la propuesta, organizada por el Ministerio de Cultura de la Nación, se dispersaron y reagruparon por cada rincón del predio El Parque de Avellaneda, ubicado en la ruta Av. San Francisco km 13.

Los dueños de este centro cultural y gastronómico, los hermanos Georgina y Pablo El Hage, desde hace tres temporadas trabajan fusionando estas dos “artes”. “Mi hermano es el chef y yo me encargo de la producción cultural. Ambas tareas tienen que ver con cierta sensibilidad especial y nosotros las hacemos confluir”, comenta Georgina.

“Más allá de la gran convocatoria y del número de personas que asiste a las actividades, vemos a gente querida compartiendo un momento intenso con sus hijos”, agrega al evaluar la experiencia de Huella argentina.

Una de las actividades referidas fue el taller “Hacelo Sonar” –que se desarrolla durante los tres días del encuentro–, nacido en 2008 con la idea de que quienes no tienen acceso a la música puedan crear sus propios instrumentos. “Buscamos que sean lo más simple posible a nivel materiales y con la mejor sonoridad que se consiga. Los protagonistas son siempre los participantes. La idea es que, a través del trabajo en equipo, se den valores como la solidaridad”, contó Germán Vega, integrante del grupo.

En “Huella argentina”, los talleristas enseñaron a construir instrumentos a grupos de 70 personas. El miércoles se fabricó un “globonete”, cruce entre globo y clarinete, mientras que el martes se crearon tambores legüeros utilizando baldes de tres litros de pintura vacíos, bolsas de alimento para perros a modo de parches, y con las tapas de los baldes reutilizadas como aros, tapitas de gaseosas e hilos se fabricó un sistema para tensar.

La dinámica del día a día, sumada a las actividades programadas, generó diferentes situaciones simultáneas. La clase de danza, coordinada por Silvia Zerbini, se desarrollaba en el salón y con la participación de una mayoría de jóvenes que revoleaban pañuelos y bailaron todos los ritmos propuestos.

En paralelo, Nahuel Pennisi, con su voz sentida y profunda, ensayaba parte de la actuación de la noche, cuando también desfilaron por el escenario el grupo La Pakota, Jorge Fandermole, el dúo Será Arrebol, Ramiro González, Aleix Tobías y Omar Moreno Palacios, presentaciones que el público pudo disfrutar gratis.

Violeta de Gainza, en tanto, moderó una charla sobre pedagogía musical que contó con las participaciones especiales de Diego Schissi y de Carlos Aguirre.

“Sentí que recibí todo el amor y el cariño de la gente”, se emocionó Balvina Ramos al recordar su concierto del martes, cuando la salteña cantó vidalas y coplas, acompañada por la guitarra del marplatense Mauro Scandali.

“Ver a los jóvenes trabajando a pulmón me da fuerzas para seguir luchando para llegar a estos rinconcitos que no muchos conocen ni saben que existe”, agregó la coplera. “Huella argentina es como decir ‘sigamos el rastro de nuestros abuelos, los ancestros, para revivir todo lo que está perdido’”, expresó Ramos sobre el sentido del encuentro.

En La Rioja, el paisaje silvestre y la convivencia continúan invitando a los asistentes a descubrir y ampliar sus conocimientos. Los argumentos para la construcción colectiva se potencian en cada mateada, zapada, taller, prueba de sonido o concierto.