Forster: "Son los pueblos los que pondrán una nueva fecha a la independencia"

09 de julio de 2015

La última mesa del Foro, que se celebra en Tucumán, contó con Horacio González, Jorge Alemán, Enrique Dussel y Roberto Caballero.

“La vuelta de la política: los procesos políticos latinoamericanos y europeos en un mundo dominado por la lógica financiera y el neoliberalismo” fue el tema debatido en la última mesa del Foro Nacional y Latinoamericano por una Nueva Independencia, organizado por el Ministerio de Cultura de la Nación en Tucumán, que tuvo como expositores al secretario de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional, Ricardo Forster; el director de la Biblioteca Nacional, Horacio González; el historiador Enrique Dussel, y el escritor y psicoanalista Jorge Alemán

Antes de inciar el debate, Forster leyó un documento firmado por todos los participantes del Foro y afirmó: “Expresamos nuestro rechazo contra cualquier intento golpista que atente contra el gobierno liderado por el presidente Rafael Correa Delgado. Y manifestamos que esa avanzada de la restauración conservadora, que hoy atenta contra la revolución ciudadana en Ecuador, es parte de una conspiración continental que pretende detener los procesos emancipadores y de transformación democrática”. El público presente en el Teatro San Martín, que tuvo acceso libre y gratuito durante todas las jornadas, aplaudió vivamente la intervención.

El periodista Roberto Caballero, que ofició de moderador, introdujo el tema de debate con una reflexión: “El nombre de este Foro nos hace pensar en la idea del grito: el grito de la independencia. Y este grito está presente en la pelea que tiene la Argentina contra los fondos buitres; en el referéndum en el que los griegos le dijeron ‘No’ a la Troika; en las elecciones españolas, donde surgieron alternativas políticas que dicen ‘Sí, se puede’ contra la resignación; en la Cuba que, luego de medio siglo de dignísima pelea, rompe con el bloqueo de los Estados Unidos. Y esto tiene que ver, precisamente, con el retorno de la política. Pero no una política cualquiera; esta es una política que se ha reconciliado con el deseo de las mayorías”.

Al tomar la palabra, Dussel propuso analizar este regreso de la política “en el plano más teórico o filosófico”. “La representación del poder –dijo– debe concebirse de otra manera a como lo hacemos hoy. El poder positivamente definido, como creación, como responsabilidad, como servicio y como obediencia. Esa es la concepción que tienen los pueblos originarios. Obediencia significa escuchar al otro, atender las necesidades del pueblo. Necesitamos una nueva generación de políticos que conciban el poder como un servicio”.

Sin embargo, el académico mendocino aclaró: “Debemos tomar conciencia de que el pueblo es la sede del poder”. “El Estado no es soberano. El Estado solo tiene el ejercicio delegado del poder del pueblo. El pueblo argentino dio el ejemplo en 2001, cuando dijo ‘Que se vayan todos’. Que el poder del pueblo vuelva al pueblo. Eso es una nueva política”, aseguró.

“Voy a tratar de plantear problemas”, anunció, por su parte, Alemán, quien comenzó su exposición con una distinción entre la política y lo político. “La política –definió– es todo eso que surge de los dispositivos del poder del capital. En cambio, llamo político a lo inapropiable de la singularidad del sujeto. ¿Qué es lo inapropiable? Aquello que el discurso del capital no puede capturar”.

El escritor también marcó diferencias entre el capitalismo y la hegemonía. “Uno dice ‘la hegemonía neoliberal’ o ‘la hegemonía del capital’. Es un modo de hablar. Sin embargo, creo que el capitalismo no es una hegemonía, el capitalismo es un poder. La construcción de una lógica articulada y hegemónica, el modo en que una voluntad popular emerge, siempre tiene como punto de partida lo heterogéneo, lo diferente, lo que no es susceptible de ser homogeneizado”, explicó.

Por último, Alemán citó su definición de los procesos populares y revolucionarios, a los que llamó “actos instituyentes”. “Un acto instituyente exige la presencia de ciertas condiciones históricas –planteó– pero es a la vez una ruptura con respecto a ellas”. Para el psicoanalista, lo nuevo entra en la historia a través del acto instituyente, y este es siempre llevado a cabo por un colectivo de singularidades, que el ensayista llama ‘soledad común’.

“Ninguna institución puede adueñarse de un acto instituyente, porque sería un contrasentido, ya que es siempre un colectivo anónimo. Pero tampoco ninguna institución, si quiere seguir estando en un proyecto emancipatorio y transformador, puede borrar la memoria, la huella, la impronta, de aquel acto instituyente”, argumentó.

A su turno, González manifestó su satisfacción por “estar nuevamente en un teatro, como estuvimos en el Cervantes, viendo este espectáculo inusual del uso de la palabra ante un público inquieto, reflexivo y examinador de todo lo que se dice”.

“En el teatro aparece la fuerte necesidad de hacernos más explícitos”, comentó el director de la Biblioteca Nacional. “Tenemos esa teatralidad –dijo– porque vivimos siempre en los bordes. Y la idea de lo político y lo teatral van absolutamente juntas en los momentos específicos en que lo político trabaja sobre lo incierto, sobre lo ambiguo, y tiene la enorme potencialidad de aquello que se dice sin que sean necesarias las palabras”.

“Lo imperceptible –agregó González– es finalmente lo que termina creando comunidades operantes en la historia. En ese sentido, creo que lo que vivimos en estos últimos años en la Argentina tuvo estos componentes, porque existió un sentimiento implícito fortísimo”.

El sociólogo y ensayista aseguró, sin embargo, que “nuestra herencia está por constituirse, la tenemos en el futuro”.

Finalmente, Forster agradeció a los participantes de la mesa y manifestó: “Tenemos la certeza de estar viviendo un momento único, desafiante, de reparación, de reconstrucción. Un momento en el que podemos sentir que las palabras, que los conceptos, que las ideas vuelven a tener contenido, vida, alma, carne, que hay un cuerpo de las palabras. Estamos en un lugar en el que las palabras vuelven a asumir un destino”.

El subsecretario se tomó unos minutos para aclarar algunas versiones periodísticas. “Se han dicho muchas estupideces en los últimos días –sostuvo–. Que veníamos a imponer una fecha para una nueva independencia en la Argentina. Pero son los pueblos, la invención creadora de las masas, los que pondrán un nuevo nombre y una nueva fecha para aquella independencia en la que, efectivamente, el país sea libre, justo, soberano, igualitario y democrático”.

“Solo somos posibles como nación –afirmó Forster– porque hubo un 9 de Julio de 1816. Nadie puede borrar lo que las entrañas y la memoria más profunda llevan adentro. Pero solo a los reaccionarios se les puede ocurrir que la historia es una página escrita de una vez y para siempre, intocable, con próceres de mármol”.

“Nosotros vamos a actuar sobre la historia, vamos a construir una y otra vez palabras que reinterpreten nuestro camino por la historia. Eso es político, eso tiene que ver con la emancipación”, concluyó el secretario.