Favio: Crónica de un director

22 de abril de 2016

El director Alejandro Venturini habla del documental que exhibió en el BAFICI, en el Centro Cultural Homero Manzi, de Nueva Pompeya.

“El cine es como el amor. Si te atrapa, no hay manera de escapar. Uno se empecina, hasta volverse muchas veces desgraciado. Por eso creo que el cineasta es una víctima del arte que eligió”, explicó alguna vez Leonardo Favio, entre la confesión y la filosofía descarnada que regía su vida y que formateó sus películas. Creador de una poética de los márgenes —que abarca, pero no se agota en el retrato de criaturas marginales—, sin querer, Favio se convirtió en el referente ineludible de la generación de cineastas surgida a mediados de los 90. En Favio: Crónica de un director, Alejandro Venturini se propuso repasar —y celebrar— las estaciones de esa obra.

El documental se exhibió en una de las nuevas sedes que el BAFICI inauguró en barrios de emergencia y el director estuvo allí. “Para el cine independiente, este Festival es el más importante del país, junto con el de Mar del Plata. Tiene una fuerza muy grande y lleva muchos espectadores. Me da satisfacción que las dos funciones de Crónica sean gratis y que, además, una de ellas tenga lugar en un espacio como es Nueva Pompeya”.

A poco de egresar de la Universidad del Cine (FUC), Alejandro decidió desarrollar un sitio web de directores argentinos. Entonces, le envió un correo electrónico a Leonardo Favio. “De puro kamikaze”, revela el director. “Por esos días, Favio estaba con el estreno de Aniceto. Así que, recién a los dos meses, me respondió su secretaria. Quedamos en que iba a recibirme un mes más tarde, en la oficina de la calle Pasteur, que era donde él vivía. ¡No lo podía creer!”.


–¿Por qué Favio fue el primer director que elegiste para entrevistar?

–Es una historia familiar. Mi viejo no es un tipo cinéfilo y tampoco es una persona muy demostrativa de sus sentimientos. Es sensible, pero no demostrativo. Una vez, cuando era chico, me contó que había ido a ver Juan Moreira, en la semana de su estreno, antes de que estallara el boom. Y me confesó que había llorado. Esa anécdota me quedó grabada. Cuando crecí, durante mi adolescencia, me puse a ver sus películas. Empecé con El dependiente, Crónica de un niño solo y ahí seguí el recorrido y nunca más frené. Incluso me motivó para estudiar la carrera de cine. Tenía la vocación: a los cinco años, supe que iba por ese lado. Las películas de Favio volvieron a encender ese fuego a la edad en la que estás en duda y no sabés qué querés estudiar. Fue el empuje que necesitaba.

El documental de Venturini trama la voz en off de Leonardo Favio, con testimonios de familiares (el de su hermano, Jorge Zuhair Jury; el de su hijo, Nico), amigos y vecinos de su pueblo natal, imágenes de Mendoza y fragmentos de sus películas. “El proyecto de la web se mochó, pero me quedó la entrevista. Cuando empezaba a pensar en utilizarla para hacer un documental sobre las películas de Favio, él fallece”, cuenta Alejandro. “Así que esperamos un tiempo prudencial y en 2014 nos pusimos en marcha. Empezamos por hablar con la familia e iniciamos una investigación. Viajamos a Luján de Cuyo, donde él se crió. Estuvimos en Las Catitas, donde nació, y, desde allí, iniciamos un tour de entrevistas a toda la gente que lo había conocido o estuvo con él. Fue un trabajo a pulmón, completamente independiente”.

–Favio: Crónica de un director se estrenó en el Festival de Mar del Plata, ahora está en el BAFICI y el mes próximo en la Casa Nacional del Bicentenario. ¿Cuál será el paso siguiente?

–Lo definimos sobre la marcha. Estamos tratando de llevarla a todos los rincones del país. Hicimos la película para que se vea, nada más. Nos invitaron al Festival Latinoamericano de Cine de Rosario, donde vamos a estar en septiembre. Y tenemos la idea de estrenarla en salas de Buenos Aires y en espacios alternativos de las provincias, en noviembre.


Alejandro, vuelve sobre aquel encuentro con Favio: “Había tenido tiempo para preparar una guía de preguntas técnicas sobre sus películas. Cuando por fin nos reunimos, la guía no me sirvió de nada. Estaba muy nervioso y me fui para cualquier lado. Entonces, Favio me empezó a hablar de la pasión. Y me fue llevando hacia un lugar que yo tenía dentro de mí, pero que había perdido. Entendí que cuando entrás en la academia, a veces te vas olvidando de la pasión y del amor que tenés por el cine. Gracias a esa entrevista, tuve la suerte de poder recuperarlo”.


Texto: María Iribarren

Equipo audiovisual: Belén Tagliabue y Martín Federman