“Fábrica de lo sensible”: una pasarela que rompió moldes

04 de septiembre de 2015

El espectáculo es una forma de mostrar la indumentaria y los objetos creados por referentes nacionales del diseño que se formaron en el MICA

El Mercado de Industrias Culturales Argentinas (MICA) 2015, que comenzó el jueves 3 en el Centro Cultural Kirchner, de la Ciudad de Buenos Aires, cerró su primera jornada con un clásico de su programación, la Pasarela Nacional, el espacio que visibiliza el trabajo de diseñadores anónimos y emergentes de todo el país, en una puesta que combinó música, baile y despliegue escénico.

Lejos de los desfiles de alta costura, el espectáculo –que se realizó en La Ballena Azul y pudo verse en vivo vía streaming desde www.cultura.gob.ar– es una manera alternativa de mostrar la indumentaria y los objetos creados por referentes nacionales del diseño que se formaron en el MICA.

Pero, bajo el título “Fábrica de los sensible”, el desfile performático de anoche redobló la apuesta: se trató de un show visual que rompió los moldes del género cuando el cantautor Gabo Ferro, sobre el escenario, se ocupó de conducir e introducir al espectador en cada cuadro dispuesto, que, en conjunto, tejieron las etapas de la historia cultural argentina.

El espectáculo, dirigido por Silvio Lang, fue una idea y realización general de Paola Pavanello y German Lang, coordinadores del sector diseño del MICA.

Las clásicas modelos de pasarela fueron reemplazadas por performers que relataron, con su destreza corporal, el derrotero de un país que pasó de los años de bonanza de principios de siglo XX a la oscuridad de los setenta, la pantomima de los noventa y la esperanza del tiempo actual.

Pavanello explicó el gesto de hacer este desfile –al que definió de “espectáculo intersectorial”– con artistas interdisciplinarios: “Quisimos convocar a actores, bailarines, cantantes y músicos que portaran las creaciones, entre prendas y objetos, de más de 53 diseñadores de todo el país, para relatar la historia argentina relacionada con la producción cultural, y contar, desde la mirada de un gestor, cuánto apoyo, falta de ayuda o libertad tuvo en los distintos períodos”.

“La idea –añadió Pavanello– es que los diseñadores puedan vender sus piezas y mostrar que, con ellas, el cuerpo puede moverse. Si no, los trabajos parecen objetos de lujo inalcanzables y no objetos cotidianos”.

La música jugó un papel preponderante en esta “Fábrica de lo sensible”. Licuadoras, relojes, lustradoras, serruchos y aspiradoras dieron marco sonoro a la narración visual.

Carmen Baliero fue la responsable de la dirección musical y de la música en vivo, y también se ocupó de marcar los momentos en los que los actores/performers tocaron instrumentos no tradicionales.

Llegando al final del recorrido, Ferro se lució a capella con una potente interpretación de “Ella ya me olvidó”, de Leonardo Favio.

No fue la única sorpresa musical: el público se asombró cuando un centenar de copleras se asomó por los costados de La Ballena Azul tocando sus cajas bagualeras y entonando cantos ancestrales.

Comunión entre desfile y acción performática, “Fábrica de lo sensible” ofreció un escenario atípico donde la indumentaria de autor y los objetos de diseño se exhibieron desde múltiples ángulos.