Encuentro de tejido solidario en el Museo Nacional de la Historia del Traje

22 de junio de 2016 Diseño

Cincuenta mujeres se reunieron para tejer gorros y cuellos de lana que serán donados a la Fundación Si

Norma entra apurada al museo. Viene desde Ituzaingó cargada de lanas y agujas de tejer. Tomó un tren y dos colectivos para llegar, pero desborda estusiasmo. El Tercer Encuentro de Tejido Solidario está comenzando en el Museo Nacional de la Historia del Traje, y ella no se lo quiere perder.

En el patio la reciben 49 mujeres y niñas de entre 10 y 72 años. Con agujas de crochet o tricot, todas tejen gorros y cuellos de lana para donar a la “Fundación Si”, una organización sin fines de lucro que recorre las calles para abrigar y alimentar a personas que viven a la intemperie.

Norma encuentra asiento en uno de los rincones del patio, saca un ovillo marrón y otro  color rosa. Una vez listas las agujas, empieza a tejer un gorro combinado. Sus manos se mueven a la velocidad de la experiencia: “Tejo desde los 7. Mi mamá me enseñó dos puntos básicos y así arranqué”, cuenta sobre su hobbie desde hace 43 años.

Según la investigadora textil Delia Etcheverry, la técnica del tejido siempre se transmitió de madres a hijas y, en casi todas las culturas, estuvo ligada a los ciclos de la vida. Así, la creación, el tejido de la trama, y “cortar el hilo” se semejaban al nacimiento, al transcurrir de la vida y a la llegada de la muerte. Desentendidas de esas creencias, en el Museo todas las mujeres tejen alegres y concentradas.

En otro de los rincones del patio Miriam les enseña a tejer a crochet a su hija y a su ahijada de 13 y 15 años. “Cadena, trencita. Cadena, trencita”, les dice y las chicas  se ríen mientras intentan tejer un gorro y un cuellito. Al lado, Ana, Beatriz y Lilian están con las agujas de tricot. Las tres amigas decidieron cambiar sus planes de fin de semana para ir a tejer al Encuentro Solidario. “Porque nos hace bien tejer y nos gusta ayudar a otros”, explica Ana.

Las voces de las tejedoras van a llenando el patio del Museo. La mayoría no se conoce entre sí, pero igual charlan y comparten datos, puntos y reflexiones. Se escucha  que tejer es una terapia, un momento íntimo o una forma de relajar. “A mi me encanta esto, che. Me hace bien”, dice alguna tejedora más informal. Las que están al lado asienten. Diversos estudios comprobaron que tejer es beneficioso para la salud física y mental porque ayuda a disminuir la frecuencia cardíaca y la tensión muscular, estimula el cerebro y aumenta la autoestima. Ellas lo saben de primera mano.

Beatriz y Blanca tienen 53 y 59 años, tejen desde chicas y llegaron al Museo del Traje  para celebrar el Día Mundial del Tejer en Público que enmarca el encuentro.  “A nosotras nos gusta tejer y somos solidarias. Donde nos necesiten estamos”, afirma Beatriz, que junto a su colega y amiga participa de encuentros solidarios de tejido o teje en su casa para donar a hospitales, fundaciones y centros para madres solteras.

Todas las mujeres están allí porque aman tejer, pero también por solidaridad. Para Miriam “la solidaridad es una excusa para tejer”, para las tres amigas “está bueno poder donar lo que sabemos hacer” y para Norma “es importante dar algo de lo que tenemos”. Cada una lo expresa a su manera.

La tarde del sábado va promediando. Agostina, la hija de Miriam, está terminando su primer gorro tejido. Beatriz sigue con sus labores. Norma está concentrada, ultimando detalles. Tiene que irse rápido porque el viaje de vuelta es largo y la familia la espera. Deja el gorro terminado en una canasta y dice: “es una forma de ayudar para que las cosas vayan cambiando de a poquito. Mientras tanto sigamos tejiendo”.