El tintero con el que se firmó la independencia visita Tucumán por el Bicentenario

07 de julio de 2016

El sábado va a estar en la Casa Histórica para conmemorar los doscientos años

Todo empieza el viernes 8 en el Museo Histórico Nacional. Durante todo el día y hasta las 12 de la noche, el tintero con el que se firmó el acta de la independencia –y el protagonista de esta historia– va a estar ahí, exhibido para quien quiera verlo de cerca. El sábado a la madrugada va a ser cuidadosamente embalado y preparado para partir hacia Aeroparque, con custodia. A la mañana, el tintero va a aterrizar en Tucumán y ser trasladado hasta la Casa Histórica de la Independencia, un lugar donde ya estuvo ese famoso 9 de julio de 1816. Su visita va a ser corta: esa misma tarde va a volver a salir de Tucumán hacia Buenos Aires, y a la noche ya va a estar de vuelta en el Museo Histórico Nacional, el lugar al que pertenece desde diciembre de 1932, cuando fue donado por Elena Brodeur de Sánchez de Bustamante, descendiente de Teodoro Sánchez de Bustamante, diputado del Congreso de Tucumán.

Mientras tanto, como en un juego de simetría, una réplica exacta del tintero, creada por el orfebre Adrián Pallarols, va a salir de Buenos Aires hacia la Casa de Tucumán, para incorporarse a la colección y la exposición permanente.

Historia de un tintero célebre

Primero, los diputados Juan José Paso y José María Serrano, elegidos como secretarios del Congreso de Tucumán, firmaron el acta de la independencia. Después, fue leída en voz alta y firmada por los demás representantes de las Provincias Unidas del Río de la Plata. En ese momento, el 9 de julio de 1816, el tintero de plata entró a la historia. No se conoce por qué fue el tintero elegido para la firma, pero sí que perteneció a Teodoro Sánchez de Bustamante, diputado por Jujuy. “Los diputados viajaban con sus libros, sus plumas, sus tinteros e incluso sus muebles. Permanecieron un año discutiendo, leyendo y escribiendo”, dice la historiadora Noemí Goldman.

De los hechos puntuales de esos días de julio sólo se sabe lo que quedó registrado en El Redactor del Congreso Nacional, el documento por el que se comunicaban las novedades de las sesiones y del que ahora hay algunos ejemplares completos en la biblioteca del Museo Casa Histórica de la Independencia. Gracias a ese documento sabemos, por ejemplo, que el 9 de julio la sesión tuvo público. Los congresales decidieron colocar una barra para que los vecinos de Tucumán pudieran mirar. "No sólo ocuparon la sala contigua a donde se firmó la declaración, sino que también estaban reunidos fuera de la casa", dice la historiadora.

El el centro de todo esa expectativa –era sabido que esa sesión iba a ser especial, que era muy probable que finalmente se firmara el acta– estuvo el tintero, con su bandeja de lisa con borde floreado, sus dos depósitos para tinta, otro para arenilla, un porta pluma y una campanilla, con sus 31 centímetros de alto y 20 de ancho, esperando a ser usado. A doscientos años de su momento de fama, hoy vuelve a estar en el centro de la escena.