El Palacio Errázuriz recuperó una sala emblemática

30 de mayo de 2016 Museos

Reabrió el salón de baile del Museo Nacional de Arte Decorativo, gran exponente del estilo Rococó

Por Laura Spinelli

“Sus oros apagados, sus blancos marfileños y sus cortinas de brocados tienen como única misión resaltar la belleza de la mujer”. Así solía describir el dueño de la casa al Salón de Baile del Palacio Erráruriz, que reabrió al público luego de su puesta en valor.

El Salón Regencia o Salón de Baile es parte de una secuencia de reformas que este año incluyó la renovación de su jardín estilo Versailles. En la restauración se buscó conservar el estilo original, según registros y documentos de la época.

Esta sala tiene una boiserie perimetral —moteada de oros y luces que se multiplican en los grandes paños de espejos— que la convierte en un gran exponente del estilo rococó.

El Palacio Errázuriz —hoy sede del Museo Nacional de Arte Decorativo— está en la Avenida del Libertador y fue la residencia de la familia Errázuriz Alvear, entre 1918 y 1936. Se puede visitar, de martes a domingo, de 14 a 19.

Durante esa época, la alta sociedad porteña replicaba estilo de vida, las costumbres y los pasatiempos de Europa. Por eso, Matías Errázuriz y su esposa, Josefina de Alvear, le encargaron, en 1911, el proyecto de la casa al arquitecto francés René Sergent (1865 -1927).

Todos los materiales, salvo la mampostería gruesa, fueron traídos de Europa. Los revestimientos de madera, espejos, mármoles, carpinterías, fallebas y molduras llegaron preparados para su colocación en la obra. Sólo para  algunas tareas específicas, como los estucos, viajaron artesanos europeos.

La decoración interior del Regencia estuvo a cargo de André Carlhian, conocido decorador francés, que se inspiró en el Salón de Música del Hotel de Soubise, hoy sede del Palacio de los Archivos en París.

Durante los 18 años que la familia Errázuriz Alvear permaneció en la residencia, el Salón se usó esporádicamente para recepciones, recitales y bailes de caridad. En 1929, la clavecinista polaca Wanda Landowska ejecutó varias obras allí y cinco años más tarde, el espacio fue antesala privilegiada para asistir a los actos del Congreso Eucarístico Internacional.

La obra de restauración se financió con fondos obtenidos por la Ley de Mecenazgo de la Ciudad de Buenos Aires y por intermedio de la Asociación de Amigos del Museo. Para la puesta en valor no sólo se tomó en cuenta el aspecto estético de los espacios, sino también la recuperación de los saberes y técnicas de la época. Las intervenciones se ajustaron a los registros y documentación originales y se contrastaron con la arquitectura del momento.

La recuperación de este espacio es un gran aporte al patrimonio cultural de los argentinos.

 

Foto: Mauro Rico