El obelisco se llenó de colores

18 de octubre de 2014

Cientos de mujeres, hombres, niños y ancianos se encontraron en el centro porteño para rendir homenaje a la Virgen de Copacabana.

La tarde nublada del sábado 18 de octubre se llenó de color, de música y de baile. Cientos de mujeres, hombres, niños y ancianos se encontraron en el centro porteño para rendir homenaje a la Virgen de Copacabana, que era originalmente la Virgen India. Muchos de los asistentes, miembros de la comunidad boliviana, esperan durante todo el año esta celebración en Argentina. Y no es para menos: es la presentación más importante de las agrupaciones de baile folklórico boliviano, es el momento que tienen para lucirse. Y para toda la comunidad boliviana en general es el momento donde celebran a la patrona de Bolivia.

Caminando por Diagonal Norte hacia la Plaza de Mayo se podía seguir a las agrupaciones de baile y verlas de cerca. Trajes de muchos colores y con brillos tenía la mayoría. Algunos usaban máscaras y en otros trajes predominaba la tela de aguayo. Los que bailaban caporale eran los más movedizos, mientras que los que hacían danzas autóctonas tenían un ritmo algo más lento. Tras el vallado, de ambos lados de la calle, los asistentes estaban acomodados en las tribunas y muchos también se quedaban parados. A lo largo de todo el recorrido se sentía el olorcito a comida típica que salía de los puestos. Lo más común era el anticucho, pero también había chicharrón, pollo frito, salchipapa y papas en todas sus variedades. La opción del menú argentino tampoco faltaba: algunos puestos ofrecían hamburguesas y choripán.

A pocos metros de la Catedral estaba el palco oficial donde bailaban, al ritmo del desfile, el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, y la ministra de Cultura de la Nación,Teresa Parodi. García Linera se animó y bajó a tocar el redoblante con la Banda de Domingo Murillo “Ahora suban el precio muchachos de la Murillo”, dijo divertido el locutor. Cuando el vicepresidente volvió al palco la reina de los Tobas, que bailaba animadamente en el escenario, le pidió a la ministra Parodi que le saque, con un celular que le alcanzó, una foto con él. Y luego a la inversa: García Linera fue el que sacó la foto a la reina con Teresa Parodi.

Las agrupaciones participantes ensayaron todo el año para desfilar en esta fiesta. Empezaron el primer domingo de agosto, en celebraciones más chicas, pero sin dudas ésta es la más importante del país. Yésica baila caporale en la agrupación “Salón Quilmes” desde hace diez años. “Somos 55” –cuenta. Todas mujeres. Tiene puesto un traje rosa con brillos y escote. Hacerlo le costó cerca de tres mil pesos, lo pagó ella, trabaja como feriante en la zona Sur de la provincia de Buenos Aires. Bailar caporale es lo que más le gusta. Johana nació en Bolivia pero vive en Buenos Aires desde muy chiquita, ahora tiene 23. También baila con Yésica en Salón Quilmes, el grupo se llama “Warmi” que significa mujer en quechua. Johana viajó muchas veces a Bolivia, igual que su amiga, pero ahora tiene familia y no va desde hace un tiempo. Cuando caminan sus botas suenan como el golpe de una pandereta, tres esferas de metal cocidas alrededor de sus piernas son las que hacen el ruido “son cascabeles y simulan a las cadenas que arrastraban los esclavos” explican y siguen caminando.

Alcira vino desde Mataderos con toda su familia, son seis. Tiene 40 años y desde hace 30 vive en Argentina, siempre fue a la fiesta, hoy se le hizo tarde y llegó pasado el mediodía. Temían que se largue la lluvia así que se fueron preparados con paraguas. También llevaron el mate que lo toman con azúcar. Alcira nunca integró ninguna agrupación de folklore, porque hay que ensayar todos los fines de semana- dice. Pero desde que se hace la fiesta en Buenos Aires, nunca faltó –asegura sonriente.