El mundo cortazariano, en el Salón del Libro de París

23 de marzo de 2014

Roger Grenier, Noé Jitrik, Mario Goloboff, Rosalba Campra y Julia Saltzmann rescataron a Cortázar desde el editor, crítico y lector.

En la anteúltima jornada del Salón del Libro de París 2014, el domingo 23 de marzo, Roger Grenier, Noé Jitrik, Mario Goloboff, Rosalba Campra y Julia Saltzmann se reunieron en el pabellón argentino para rescatar al escritor Julio Cortázar desde el punto de vista del editor, el crítico y el lector, con la moderación de Pascal Jourdana.

La editora argentina Julia Saltzman explicó la relación del autor con sus editores: “Sus proyectos no era puramente intelectuales; le interesaba el libro en sí, como objeto, y era extremadamente meticuloso. Hay una carta, por ejemplo, a una correctora sobre las comas donde él le dice que no estaba dispuesto a que le cambiarán su manera de respirar”.

El biógrafo Mario Goloboff, por su parte, marcó el punto de inicio del compromiso político del escritor: “Cuando llegó la revolución cubana, como él cuenta, se le abrió una puerta. Lo que él había buscado siempre, como buen surrealista, fue la plasmación de ese mito político-poético en la historia”.

En lo literario, el relato “El Perseguidor” fue, para Goloboff, una bisagra en su obra. “El mismo Cortázar apuntó que con ese cuento empezó a mirar al prójimo, que antes escribía una literatura fantástica desgajada de la sociedad. Es más, sin ‘El Perseguidor”, dijo, no hubiera escrito Rayuela”.

El crítico Noé Jitrik, en cambio, descree de considerarlo parte de la literatura fantástica. “Me cuesta hacer un homenaje a quien aún veo caminar por la calle, llegando a comer a casa y preguntando si la comida tiene ajo porque eso le produce cefalea. Allí, entendí un cuento de Cortázar, “Cefalea”. ¿Dónde está allí la literatura fantástica?”, señaló.

“A nivel político, hay condiciones históricas que explican decisiones individuales –opinó Jitrik– Hay quienes las toman y quienes no. Cortazar las tomó. Simpatizó con la revolución cubana, y la nicaragüense. El virus político es irreprimible cuando se instala en una persona”.

“Cuando Cortazar se politiza, empieza entonces el esplendor y el reconocimiento en vida que sigue teniendo después de muerto”, consideró.

Por su parte, Rosalba Campra, recordó al autor desde el punto de vista de los lectores: “Después de leer Cortárzar, el mundo cambia. Por ejemplo, empezamos a ver cosas que no sabíamos como que el mundo estaba compuesto por cronopios y famas”.

Para la escritora y profesora universitaria, a partir de la obra del escritor argentino “el universo se puede volver cortazariano”. “No son muchos los autores que han dado con su apellido origen a un adjetivo. Cortázar consigue el máximo triunfo que es el de volverse anónimo. Como el Martín Fierro, como el tango, nos sirve para comentar la vida”, concluyó.

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