Democracias populares en América Latina, una visión desde dos orillas

23 de marzo de 2014

Debate en el Salón del Libro de París, con Ricardo Forster, Jorge Alemán, Ernesto Laclau, Jorge Coscia y Marc Saint-Uper.

En la segunda jornada del Salón del Libro de París 2014, Ricardo Forster, Jorge Alemán, Ernesto Laclau, Jorge Coscia y Marc Saint-Upery protagonizaron el sábado 22 de maro un acalorado debate en el panel “Democracias populares en América Latina”, con la moderación de Rodolfo Hamawi.

“Nos pareció fundamental conversar en un Salón del libro, que es necesariamente un lugar de intercambio de ideas y perspectivas, sobre un tema que muchas veces es pensado con un sesgo que se repite desde uno y otro lado de océano”, explicó Hamawi.

El escritor y consejero cultural argentino en España, Jorge Alemán, arrancó el debate distinguiendo las concepciones sobre la democracia: “Tanto la derecha conservadora como la derecha progresista la considera como un procedimiento formal. Esta idea, que se imagina a sí misma como la cura al totalitarismo, repudia los proyectos de las democracias populares latinoamericanas”. Para el intelectual, la corriente crítica a este concepto no desarrolla “un odio furibundo pero se mantiene indiferente” al proceso. “Mi pregunta –dijo – es, ¿por qué ese odio furibundo y tanta indiferencia?”.

La respuesta está relacionada con la imposibilidad de vislumbrar “hasta qué punto un proyecto emancipatorio puede sostenerse democráticamente”. El escritor sostuvo que son precisamente los procesos de la región el “freno de mano” al avance del capitalismo salvaje y los definió como una “contraexperiencia histórica a la racionalidad neoliberal”.

En la misma línea, Jorge Coscia sostuvo que, desde el punto de vista europeo, “venimos del país del buen salvaje, la barbarie”. Para el funcionario nacional, es necesario desprenderse de esta noción: “Muchas veces europeizar el pensamiento, la dependencia cultural, ha sido mucho más efectivo que cualquier otra forma de ejercicio del poder”.

“Si usamos la historia como herramienta, vemos que en los años 90 la aplicación del modelo de la libertad económica llevó al colapso de las sociedades sudamericanas. Argentina llegó a tener el 50% de pobreza”, relató.

“Entonces aparecieron en la región proyectos políticos que abrevaron del fenómeno de los años 70. Estos nuevos gobernantes ‘populistas’, que se parecen muchísimo a sus pueblos, mejoraron las variables económicas sociales al ponerle límites a aquellas fuerzas que generaron la crisis”, dijo.

“No vivimos una edad media sino un periodo luminoso, pero amenazado. Hay dos posibilidades: que el capitalismo controle o que sean las sociedades las que controlen y pongan límites al capitalismo. Eso es lo que hoy está sucediendo en Latinoamérica.”, finalizó.

Como contrapunto, el francés Saint-Upery presentó una visión crítica sobre los procesos de la región, especialmente en Venezuela y Ecuador. Para el autor, “no se puede negar que varios de estos procesos populares expresan una hartazgo con las políticas neoliberales de los años 80 y 90, pero ahora están pasando por dificultades que no se explican sólo por conspiraciones internas”

Para el autor de El sueño de Bolívar, “claramente hubo un aumento del gasto social”, pero no son “cambios revolucionarios sino políticas de transferencias condicionales”, señaló.

Por su parte, el filósofo argentino Ricardo Forster respondió la crítica al pedir analizar los “cambios de significación en el imaginario del lugar de América Latina en los últimos 40 o 50 años”. “En los años 60, ser latinoamericano era casi como ser portador de una medalla y de un proyecto de transformación del mundo. Ya en los 80, América Latina pasó a convertirse en el vertedero de la historia, en el continente del ‘narcos’ y ‘sudacas’, pero no por responsabilidad del poder real, del capitalismo, sino por su propias incapacidades”.

Para Forster, es real que Venezuela tiene muchos problemas, “pero tiene algo que no tenía hace 15 años atrás, que es un pueblo visible, con voz e identidad, que siente que está construyendo, con todas las dificultades del mundo, un lugar en la historia”, explicó.

“Es un error hablar de ‘gasto social’ -ese es un discurso del neoliberalismo- es preferible hablar de la invención de otra manera de pensar lo social para ir transformando lo social”, contestó.

Laclau, hizo una distinción entre las miradas de los dos continentes: “Las democracias latinoamericanas han conseguido un equilibrio entre hegemonía y autonomía a diferencia de Europa”. “Allí, la autonomía y la manifestación de nuevas demandas sociales se da como consecuencia de la crisis, que es el caso de los indignados”, opinó.

“Hoy, los agentes de un cambio social progresivo son múltiples. En América Latina es donde este proceso ha sido más exitoso. La hora de latinoamericanizar a Europa ha llegado y la hora de seguir adelante con los procesos latinoamericanos también”, concluyó.

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