Casa de Tucumán: así fue su puesta a punto para celebrar el Bicentenario

11 de julio de 2016

Patricia Fernández Murga, directora del museo, cuenta cómo fue la renovación y cómo se adapta la Casa a las nuevas tecnologías

Hace dos siglos se convirtió en uno de los escenarios más importantes de la historia Argentina: bajo su techo se firmó la declaración de la independencia el 9 de julio de 1816 y, desde entonces, es uno de los símbolos de la Patria. Después de dos meses de intenso trabajo, el Bicentenario de la Independencia fue recibido en una Casa Histórica de Tucumán renovada, con un nuevo montaje expositivo que cambió el rostro de la casa más visitada de la provincia –se estima que cada año la visitan entre 160 y 200 mil personas–. Patricia Fernández Murga, Directora del Museo Casa Histórica de la Independencia desde 1999, dice: "En estos meses se realizaron obras en el edificio, se renovaron los sistemas de seguridad y se implementó un nuevo montaje expositivo. Las obras edilicias comprenden la renovación integral de las instalaciones eléctricas y del sistema de iluminación en las salas de exposición. Ha sido una obra muy importante y que ha resuelto algunos de los problemas de la Casa. Respecto de la renovación del montaje expositivo, ha sido un trabajo muy intenso y participativo. El guión histórico fue realizado por la Dra. Noemí Goldman y el equipo de investigadores de la Casa Histórica ha desarrollado algunos temas, en especial los referidos a temáticas locales, de guerra y religiosidad. Quizás el aspecto más importante de la reapertura de la Casa esté en la presentación de la nueva muestra permanente que se podrá visitar. El nuevo diseño museográfico diseñado por el reconocido diseñador Tam Muro va más allá del mero relato cronológico, y pone el acento en la evocación y la emoción. Desde el inicio del recorrido por el museo, las puertas originales de la sala de la Jura dan la bienvenida a los visitantes. A través del recorrido, el visitante puede acceder a relatos escritos y contextuales de la época, exposición de piezas que conforman nuestro patrimonio, juegos didácticos y dispositivos tecnológicos interactivos, que buscan acercar más a la idea del enorme tamaño de la gesta principal de nuestro país. Todo esto desde una perspectiva más ligada a la interpretación de episodios importantes que a una secuencia cronológica".

¿Qué patrimonio conserva el Museo de la casa de 1816?

De la casa de 1816 se conserva la Sala de la Jura y una de las puertas de la sala previa.

Está a cargo de la dirección del Museo desde 1999. ¿Qué escenas se repiten invariablemente a lo largo de los años?

“¡La pinté tantas veces!” se escucha y se repite sin cesar. Cada argentino que arriba suspira esta frase frente a la fachada. Esa emoción se repite cada día. Por eso digo que la Casa de Tucumán es la Patria; es una evocación de la Patria.

Y por el contrario, ¿qué ha cambiado?

Lo que ha cambiado se relaciona con cuestiones vinculadas con la tecnología, en un extremo, y la sociedad diferente que nos han dejado los últimos diecisiete años. Estoy a cargo de la dirección del museo desde 1999, pero trabajo allí desde 1987, y en estos casi treinta años ha cambiado profundamente el ejercicio profesional de los historiadores y de los museólogos. Los cambios sociales, culturales y económicos han repercutido de manera inevitable en las demandas que recibimos y en las respuestas que debemos dar.

¿Cómo se insertan las nuevas tecnologías en un espacio cultural?

Vivimos en un período profundamente atravesado por la tecnología y su consumo masivo; es el lenguaje de los jóvenes, y de los no tanto. Las nuevas tecnologías se insertan como un complemento necesario y profundamente enriquecedor. Permiten al público investigar, y si lo desean, jugar. Y nos permite diseñar muestras donde la información no adquiera una presencia física que compita con el patrimonio.

¿De qué manera se trabaja hoy para atraer nuevos públicos?

Dadas las limitaciones espaciales de la Casa, nuestro principal recurso ha sido estimular la realización de actividades culturales y académicas organizadas por otras instituciones. Aperturas o cierres de actividades académicas, presentaciones de libros, recitales poéticos, son todas actividades que atraen a nichos de público que son recibidos con visitas guiadas especiales.

¿Hay alguna anécdota que recuerde especialmente de sus años al frente de la Casa?

En una ocasión nos visitaron niños, docentes y padres de una escuela situada en el Chaco santiagueño. Les hicimos una visita guiada especial y estaban muy entusiasmados. Pero de pronto uno de los niños, que había salido al patio, comenzó a llamar al resto del grupo. Ninguno de ellos podía comprender lo que veía ahí: el pasto verde, la tierra negra, las plantas con flores. Todos elementos extraños a su hábitat natural. Ninguna muestra podía competir con esa emoción. Fue una experiencia muy impactante para mí, tanto, que desde ese día relativizó el concepto de “experiencia”.

¿Cuál es su espacio u objeto preferido?

Es una pintura titulada “San José y el Niño”. La he conocido oscura y arrugada, colgada desde siempre en la primera sala. Poco después de hacerme cargo del museo hemos podido hacerla restaurar por una profesional; la primera obra restaurada en mi gestión. El resultado es maravilloso, me emociona profundamente por la obra en sí y por lo que su restauración significó para el Museo.