Así fue el momento en el que Alberto Manguel encontró el manuscrito de La biblioteca de Babel, de Borges

15 de septiembre de 2016 Letras

El documento ahora se encuentra, a préstamo, en la Biblioteca Nacional y forma parte de la muestra "Borges, el mismo, otro"

“Casi me desmayo”, dice Alberto Manguel, director de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, sobre el momento en el que encontró en São Paulo el manuscrito de uno de los cuentos más famosos de Jorge Luis Borges. Se trata de uno de los borradores de “La biblioteca de Babel”, con correcciones, tachaduras y anotaciones del gran escritor argentino, el cual ya se puede visitar y disfrutar en la muestra “Borges el mismo, otro”, que se lleva a cabo hasta diciembre en la Biblioteca Nacional y en el Museo del Libro y de la Lengua, como conmemoración del 30.° aniversario de la muerte del autor. Con este hallazgo extraordinario, la exposición reúne casi la totalidad de los manuscritos que forman parte de su libro Ficciones (1944).

"Es conmovedor porque el borrador se plasma en un soporte tan humilde que costó unos pocos centavos", cuenta Manguel, que todavía no sale del asombro. Y es que el manuscrito de este cuento está redactado sobre nueve hojas de un cuaderno de contabilidad, pero que marcó el proyecto de uno de los textos más celebrados en la literatura argentina y universal.

¿Cómo llegó a encontrar el manuscrito de "La biblioteca de Babel"?

Estaba dando una conferencia en São Paulo con [el historiador estadounidense] Robert Darnton, que está visitando América del Sur. Al final del encuentro, se nos acerca un señor con una pila de libros para firmar y nos invita a almorzar en su casa. Por supuesto, no aceptamos la invitación de desconocidos, pero empieza a explicarle a Darnton las cosas que tiene del siglo XVIII, piezas de colección, etc., que quería mostrarnos. Entonces, aceptamos la invitación y vamos a su casa al día siguiente. Era verdaderamente una cueva de tesoros, y no protegidos: había cajas y cajones con papeles, fotos, libros. Nos mostró la carta que había redactado la Reina Isabel en la época de Shakespeare cuando la habían coronado –escrita sin la “R” de Regina porque no estaba acostumbrada a firmar de esa manera–; otra carta que le escribió el padre de Mozart a él, cuando este le cuenta que se va a casar con Constanza; pruebas de imprenta corregidas por Proust. En fin, yo estaba obnubilado. Entre esos documentos, nos muestra el manuscrito de “La biblioteca de Babel”, de Borges. Y no solo un manuscrito, porque Borges hacía varios borradores y el último de ellos era el que se enviaba, para ser pasado a máquina, a la revista Sur e imprimirlo. Era un borrador intermedio, porque había muchas tachaduras, correcciones, opciones de palabras. Entonces, es casi un mapa de cómo Borges pensó el cuento, que es uno de los más importantes de la literatura universal y el símbolo que la Argentina ha dado al mundo.

En la Biblioteca Nacional, tenemos el manuscrito de un pre-texto de “La biblioteca de Babel” que se llamó “La biblioteca total” que Borges escribió y también publicó en Sur. Tenemos el ejemplar corregido por él, que lo lleva a escribir “La biblioteca de Babel”; pero este manuscrito es extraordinario. En mi opinión, es uno de los manuscritos literarios de mayor valor en el mundo.

En ese momento, cuando vio el manuscrito, ¿cuál fue su reacción?

Con un hilo de voz le digo a este hombre: “¿No me lo prestaría para exponerlo en la Biblioteca Nacional?”. Me contestó que sí, que por supuesto. Y, entonces, me volví con el manuscrito bajo el brazo. Me lo dio simplemente en un sobre y así lo traje, pero con todas las precauciones que se deben tomar. Por suerte el viaje no era muy largo. Así también traje el manuscrito de “Pierre Menard, autor del Quijote” desde Nueva York.

¿Y de quién se trata ese hombre? ¿Se sabe cómo el manuscrito llegó a sus manos?

Del brasileño Pedro Aranha Corrêa do Lago. Es un coleccionista desde que era adolescente. Su padre era embajador en Bélgica y por eso tiene una cultura europea. Empezó a encontrar muchas cosas que, hace cincuenta años, todavía se podían hallar a precios razonables (no existía internet). Luego, este hombre hizo un buena fortuna y comenzó a comprar cosas de más valor.

Un librero norteamericano que conozco muy bien, John Wronoski, tiene un buen número de manuscritos de Borges. Fue el quien me prestó el manuscrito de “Pierre Menard, autor del Quijote” que traje a Buenos Aires desde Nueva York y que está en nuestra exposición “Borges el mismo, otro”, y quien le vendió a Pedro Aranha Corrêa do Lago el manuscrito “La biblioteca de Babel”. Realmente fue una suerte. La historia de la literatura es la historia de estos encuentros fortuitos.

¿El manuscrito ya se incorporó a la muestra “Borges el mismo, otro” de la Biblioteca?

Absolutamente. Los bibliotecarios Laura Rosato y Germán Álvarez, grandes especialistas de Borges, lo estudiaron, analizaron y preservaron. Es decir, lo pusieron en papel antiácido como se debe con un manuscrito de este tipo. Ya está colocado en la vitrina para que lo vean todos quienes vengan a la exposición que tenemos en la Biblioteca Nacional: de nueve de la mañana a siete de la tarde, gratis. Hasta principios de diciembre pueden disfrutarlo.

¿Hay deseo de comprar el manuscrito? ¿Habrá negociación con Pedro Aranha Corrêa do Lago?

Creo que él no lo vendería. De todas maneras, él lo habrá comprado por medio millón de dólares. Si usted le ofrece un millón, quizá. Yo no los tengo. (Se ríe).

¿Cuál es la importancia de tenerlo y exhibirlo? ¿Cómo impacta en la muestra de la Biblioteca y en la cultura argentina?

Borges no solo es la figura más importante de la literatura argentina, sino también de la literatura del siglo XX –y no excluyo a Kafka, Proust y Joyce–, porque Borges define la literatura de otra manera, ha construido ciertas ideas y símbolos que ahora son los que usamos para pensar la lectura, el libro y la biblioteca. Tener un manuscrito de Borges es importante y hay un placer fetichista en tener una nota o una firma de él; pero el manuscrito de “La biblioteca de Babel” u otros de distinto tipo, con las correcciones de Borges, son importantes desde un punto de vista filológico, filosófico y literario. Es decir, estudiando este manuscrito, podemos ver la escritura de Borges; cómo lo construyó; la manera en que pensó el texto; el modo en que consideraba el acto de escribir, como un acto tecnológico, buscando las palabras que tiene las suficientes sílabas para marca el ritmo de una frase y no solo la idea detrás de la construcción. Todo este análisis lo permite este manuscrito. Los bibliotecarios están analizándolo para ver lo que hay detrás de las tachaduras, para ver qué fue lo que Borges escribió y después decidió no escribir. Es un proceso que revela la biografía de un texto. Es algo que en la época electrónica se está perdiendo porque todo texto que escribimos es el último y no quedan trazos de los distintos ensayos que llevan al texto que se publica.

Hablando de la era digital, ¿“La biblioteca de Babel” predijo la existencia de internet?

Creo que sí, de forma negativa. Por que la biblioteca de Babel tiene todos los textos posibles, de manera que contiene casi infinitos textos que son ilegibles, inútiles, falsos. Eso es lo que ocurre cuando se acumula un sin fin de documentos. Internet tiene alguna información útil, pero mucha superficial y equivocada.