Palacio Nacional de las Artes (ex Palais de Glace)

RompeCortázar. Relatos para armar

Curada por Juan Sasturain, la muestra puede visitarse, gratis, del 26/8 al 21/9 en el Palais de Glace.

RompeCortázar. Relatos para armar

A 100 años del nacimiento de Julio Cortázar y a 50 años de la publicación de su novela “Rayuela”, el Palais de Glace y el Ministerio de Cultura de la Nación rinden homenaje a uno de los escritores más trascendentes del siglo XX.

Como parte del Año Cortázar 2014: Cien años con Julio, en la ciudad de Buenos Aires se celebrará un homenaje al escritor y a su obra.

Del 26 de agosto al 21 de septiembre el Ministerio de Cultura de la Nación desarrollará simultáneamente en la Biblioteca Nacional, el Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo del Libro y de la Lengua, la TV Pública, la Casa del Bicentenario y el Palais de Glace variadas actividades.

En el Palais de Glace se expondrán ocho historietas basadas en distintos cuentos de Julio Cortázar: “La noche boca arriba” (guión y dibujos de Salvador Sanz), “Carta a una señorita en París" (guión de Diego Agrimbau, dibujos de Lucas Varela), “Reunión” (guión y dibujos de Enrique Breccia), “La señorita Cora” (guión de Lautaro Ortiz, dibujos de El Tomi), “La autopista al Sur” (guión de Pablo De Santis, dibujos de Ignacio Minaverry), “La noche boca arriba” (guión de Carlos Sampayo, dibujos de Carlos Nine), “Omnibus” (guión de Esteban Podetti, dibujos de Diego Parés) y “Axolotl” (guión de Jorge Zentner, dibujos de Pablo Túnica).

También se expondrán trabajos de Juan Fresán y de Rep, se proyectará el documental "Cortázar", de Tristán Bauer, y habrá dos salas de lecturas: una para lectores adultos con libros de Cortázar donde además se podrá ver una pieza audiovisual con textos del escritor narrados por él mismo, música de Charlie Parker e ilustraciones de José Muñoz; otra consagrada a los niños con diversos libros y la posibilidad de navegar un sitio interactivo sobre Cortázar creado por Rep.

Palabras de Juan Sasturain, curador de la muestra:

RompeCortázar o lo desusado

Un rompecabezas –tal como lo conocemos desde pibes– es literal y conceptualmente un desafío/amenaza intelectual (le apunta a la cabeza) de reconstrucción: hay que (volver a) armar una totalidad preconcebida y completa que ha sido fragmentada intencionalmente para dificultar su reconocimiento como totalidad. La solución consiste en restaurar (reencontrar: confirmar) el orden anterior, enmascarado en la dispersión. Es encontrar el camino a Casa. Confirmar que sabemos reconocer cómo son las cosas.

Un rompecortázar –tal como lo proponemos acá, siguiendo a Julio– es literal y conceptualmente un desafío/propuesta creativa (le apunta a la imaginación) de reinvención: hay que armar de otra manera una totalidad preconcebida y completa que ha sido desarmada intencionalmente para poder buscar una nueva organización del sentido, una armonía/estructura diferente. La solución no existe de antemano, no hay nada que restaurar sino mucho por encontrar (todo podría/debería ser distinto), un nuevo orden hasta ahora enmascarado por la Costumbre. La propuesta es mudarse. Confirmar que sabemos que todo podría ser Otra Cosa.

Cortázar no rompía (la literatura, el mundo, la vida personal) por romper. Rompía como rompen los pibes: para saber cómo funciona lo que se usa. Desarmaba y armaba de nuevo a su manera, desusada. O, mejor, desarmaba y dejaba ahí, para que armara el que llegaba sin saber qué iba a buscar, ese lector/compañero/cómplice/competidor activo y manoteador que le sacaba las piezas de la mano, le ganaba de mano mientras Julio le hacía pie para que se asomara al Otro Lado.

Cuando la literatura no pisa sino hace pie, el lector crece, se sobra/se empina (sobre el libro empinada/la punta de su pie) y se entera de que puede espiar lo que no sabía, permitirse lo indebido hacia afuera y adentro de su esternón. Puede que entonces del reloj se le revele apenas el ventrílocuo de su tonto corazón, que el Tiempo no sea ni camino andado ni rueda rodada sino el polvo que levantan, el pan rallado que producen al frotarse para hacer las milanesas que comeremos ayer. Puede entonces que el Espacio se olvide su traje bien cortado de tres piezas y su sastre desastrado haga moñitos en el centímetro de hule, le mida a Midas la superficie del plato de dorada comida intangible: pi por radio al cuadrado de esa página en que los últimos (lectores) sean los primeros (personajes) en enterarse de que (el narrador) no está donde solía. Algo así.

Así, precisamente: en este rompecortázar, una banda de lectores activos que además escriben y/o dibujan proponen desusados armados a partir de las piezas sueltas –relatos desatados– que el Julio les dejó para que jugaran. Una autopista saturada que se vacía y una casa vacía que se llena hasta lo intolerable, hospitales de pesadilla y pesadillas de hospital, una pecera especular y reversible, un hombre sentado al pie de un árbol que lee y escribe apoyado en el tronco haciendo Historia sin saberlo aún, un viaje en colectivo con distintivo compulsivo, una serie de cartas que cuentan lo incontable, lo que ni en París se podrá creer.

Tal vez por todo eso, estos relatos revistados/no ilustrados son de los que se leen no para dormir sino para despertarse. Cuando jugaba y se jugaba al escribir, a Cortázar no le interesaba romper las formas sino en tanto fuera un modo de corroer las sustancias: la masa blanda, la baba, el no contradictorio diario ladrillo impenetrable. Todo lo mejor de su literatura consiste en una colección de ejemplos no ejemplares, un diseminado manual de instrucciones transgresoras/recetas anómalas/actitudes alertas contra la rutina, la costumbre, la mecanización de los sentidos, del lenguaje, de los sentimientos.

Invitación jodona a lo desusado, de este Rompecortázar sólo cabe esperar lo único que vale la pena: lo inesperado.

Juan Sasturain. Agosto 2014.

La exposición puede visitarse, de martes a viernes de 12 a 20, y sábados, domingos y feriados de 10 a 20.

Visitas guiadas: sábados a las 17 y a las 18.